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Rutas de misterio

Crónica de la ruta por la Almería Misteriosa (19/10/18)

De nuevo sin plazas, 52 personas recorrimos una parte de la ciudad de Almería intentando verla con otra mirada. En esta ocasión Sara no hizo acto de presencia, pero fue un paseo bastante ameno. Os dejo algunas de las fotos. Si deseas más información: 950801112 (EMOCIOM).

 

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Misterios de Almería

Historia de aparecidos

Cuando se habla de apariciones, de sombras en la noche, de espectros en las carreteras, lo lógico en pensar en una figura. A lo sumo dos o tres. Como la que se muestra en Fiñana, en el camino de la estación, algunas noches de luna llena. Justamente en la “higuerilla loca” mucho se han topado con un hombre oculto bajo su levita de color oscuro, que hacía señas para que los caminantes se acercasen a la mesa que estaba a su lado, en la que había un candelabro con las velas encendidas, una pluma y un libro. Dicen que quien se acercaba a curiosear, moría a los pocos días ya que lo que el extraño individuo estaba escribiendo, no era otra cosa que el testamento del que por allí pasaba.

O como el espectro que se sigue apareciendo en los baños romanos de Velefique. Ya lo contaba siglos atrás el escritor Balafiquí, y aún hoy más de uno se ha llevado un buen susto cuando paseaba tranquilamente por esa zona. Los musulmanes creían que los “yinns” (duendes) aparecían en los molinos y en los baños. Según el testimonio que el propio Balafiquí inmortalizó en un documento, él estaba tomando un baño cuando se apagó la luz. Fue entonces cuando notó la presencia de alguien que poco a poco se le acercaba. Para ahuyentarlo, invocó al espíritu del célebre califa Al-Mamún, consiguiendo así que la luz de la velas se encendiese de nuevo.

Como ven, un solo personaje en cada una de las apariciones que les relato, por eso no deja sorprenderme la leyenda que tiene que ver con nada más y nada menos que los veinte fantasmas de otras tantas mujeres que dicen haber visto en el pueblo de Ohanes.

Como ya sabemos, poco tiempo después de la conquista de Almería por parte de Alfonso VII, nuestra provincia volvió a quedar en manos de la dinastía Nazarita. Algunos cristianos tuvieron que ocultarse en pueblos en forma de mozárabes o de renegados, como es el caso de las veinte familias de Ohanes que protagonizan la siguiente historia.

Un sucesor de Nassar, mujeriego y avaricioso a más no poder, quiso aumentar su harem particular con las jóvenes más bellas de esas tierras. Curiosamente, cada una de esas familias tenía una hija, a cual más preciosa, por lo que emisarios de Nassar acordaron con los padres de las chiquillas una compraventa. Ellas no estaban de acuerdo, primero por sus creencias cristianas y después por el recelo ante el futuro que les esperaba. Es por eso que se negaron. Cuando Nassar se enteró, mandó ejecutar a las veinte doncellas de la forma más cruel posible: Fueron empaladas con total salvajismo. Cuando caminaban hacia su martirio, la más pequeña se giró ante el rey y le lanzó una maldición. «La mayor riqueza de la cristiana es la virtud, y la mejor corona la del martirio. No acabarás con nosotras». La amenaza ha debido permanecer tantos siglos después cuando algunos vecinos afirman haberse encontrado en plena noche, cuando subían por la carretera que lleva al pueblo, con una procesión de veinte figuras ensotanadas que, cabizbajas, caminan lentamente.

 

En este caso no es uno, sino dos los humanoides que aparecen en una de las rotondas entrada al pueblo de Benahadux. La historia se cuenta desde hace muchos años, pero es muy difícil conseguir un testimonio directo. «Dicen que mucha gente los ha visto, sobre todo en las noches de verano», fue la máxima confesión que pude arrancar a uno de los vecinos en mi primera incursión en busca de la realidad de un fenómeno que cada vez es más conocido. A pesar de mi insistencia, seguía pinchando en hueso. Pero cuando estaba a punto de rendirme ante la posibilidad de que aquella historia fuese una leyenda, el destino hizo que, por otro motivo, conociese a Conchi y a Juan. Ellos, en julio o agosto de 1989, tuvieron la mala suerte de toparse con estas dos figuras que parecían salidas de una pesadilla. Siendo aproximadamente las dos de la madrugada, volvían a su casa de la capital, cuando divisaron a lo lejos algo extraño: «Eran dos personas muy altas, vestidas con unas sábanas blancas. Al principio pensé que eran unos chavales disfrazados que estaban haciendo el tonto para asustar a los coches», empezó relatando Juan. Él, inquieto, despertó a su mujer, que estaba recostada en el asiento del copiloto. «¡Conchi, Conchi! Mira qué tíos más raros se ven allí». Cuando pasaron cerca de ellos, comprobaron que aquello no podía ser de este mundo, principalmente por una característica: Se elevaron en el aire a varios metros de altura. Así lo recuerda Concepción: «No lo solemos contar porque la gente se ríe, pero te puedo asegurar que íbamos en perfectas condiciones. Mi marido no bebe ni estaba cansado. ¡Es que lo vimos los dos!». Podían tener dos metros o más de alto, y permanecían suspendidos, en vertical, a otros tres o cuatro metros sobre el suelo. «Lo que más nos extrañó fue que se contorneaban, como si estuvieran contorneándose. La cara era rara. Se le distinguía pero tenía aspecto de saco. Algo antinatural. Y las manos acababan en pico. Eso sí, iban totalmente cubiertos de blanco». La impresión que esos dos humanoides causaron en Conchi y Juan dura hasta el día de hoy. Por eso nunca se han atrevido a hacerlo público.

 

No quiero cerrar este apartado dedicado a las apariciones sin mencionar, aunque sea de pasada, una de las más populares de la provincia: la mujer de la puerta azul. Tiene lugar en Sierra Cabrera, en el alto Cúcar (un tajo enorme desde donde se puede contemplar el mar). Allí hay una cueva que, gracias a su composición de granito, da un aspecto semejante al de una puerta azul. Cuentan que en época de batallas entre moros y cristianos, un rey de estos últimos fue acumulando grandes tesoros y joyas que dejó en herencia a su única hija. Esto despertó la envidia de las jóvenes lugareñas, que recurrieron a una hechicera que había adquirido mágicos conocimientos en Estambul y Atenas para que dejase a la cristiana rica encerrada para siempre entre esas rocas. Solo sale una vez al año, cual encantada, concretamente la mañana de San Juan, llevando el dedo sobre la boca ya que, si alguien se la encuentra y le habla, la cueva y los tesoros son para él.

Un rumor nos transmite que un apuesto mozo de Mojácar se la encontró y decidió hablarle, pero el miedo le paralizó. A su lado estaba la maligna hechicera que velaba para que nadie se acercase a la joven para liberarla de su encantamiento. El muchacho quedó petrificado para siempre y es uno de los peñones que también se puede admirar desde ese mágico lugar.

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Ruta por las casas encantadas de Almería capital

En todas las ciudades hay casas que, principalmente por su aspecto (deterioradas, abandonadas, deshabitadas…), son punto de partida a leyendas y rumores relacionados con fantasmas, apariciones espíritus. Muchas veces estas historias son fruto de la invención y de la desinformación, en parte debido a la transformación de unos hechos concretos a medida que se van contando de unos a otros; pero también es cierto que algunos de esos lugares encierran tras sus paredes terribles secretos. Quiero darles una vuelta por algunos de estos edificios que se esconden en la capital, disimulados a veces por el ritmo frenético de la vida que llevamos.

No se me ocurre mejor lugar para empezar este singular recorrido, que la calle “Los Duendes”. Allí, haciendo esquina con la calle Hospital, encontramos un caserón de los que, por desgracia, cada vez van quedando menos en Almería. No sabemos si es por su situación (muy cerca de la Catedral) o por la soledad que se respira en esas callejuelas cuando cae la noche, pero es cierto que el edificio parece transmitirnos una sensación extraña. Entre el vecindario, y también por Internet[1], corren rumores referentes a que todo aquel que alquila la mansión, termina abandonándola debido a los fenómenos paranormales que ocurren dentro de ella. Desde movimiento de objetos hasta los habituales “raps”, pasando por puertas y cajones que se abren y cierran a su antojo, como si tuviesen vida propia. Tal fue la magnitud de estos sucesos, que hay quien afirma que la propia Iglesia envió a un exorcista para hacer un ritual de purificación en la vivienda. La verdad es que en los archivos eclesiásticos que he podido consultar no hay ni rastro de ello, lo que nos invita a pensar que los hechos han sido inventados o manipulados, aunque el paso del tiempo haya contribuido a su difusión. Como no quería quedarme con la duda, recurrí a Eduardo del Pino, la persona que más sabe sobre las calles de Almería, quien acabó por confirmar mis sospechas. La casa tiene poco o nada de encantada. «La vivienda estuvo habitada por familias de la burguesía local como Talaveras, Rodas y Spencer. La gente la llama “la casa de los Duendes”, y muchos piensan que es porque allí sucedieron cosas extrañas, pero no es así. Es porque la parte lateral daba a la calle de ese nombre. No hay nada de misterio en ella».

Al propio Eduardo del Pino le debemos también la siguiente historia. Él fue el primero en hablar de uno de tantos caserones olvidados que habitan el centro de Almería. Aún hoy, si nos situamos frente a él en la plaza Marín, podemos intuir el esplendor que atesoró tiempo atrás a pesar de que con su reciente restauración ha perdido parte de su magia. Como dice el historiador almeriense, no hay indicios que nos revelen por qué se bautizó a esta mansión construida en 1850 con el inquietante sobrenombre de “la casa de los fantasmas”. Siempre ha pertenecido a una familia que les sonará si leyeron mi anterior obra, La Almería Extraña, concretamente el capítulo dedicado a la casa de las dos torres de Benahadux. Les hablo de los Godoy y de los Ametis. En la posguerra sus propietarios fueron Alberto Ametis García y Dolores Godoy Massa, que vivían allí con sus hijos María Dolores, Alberto y Mari Carmen.

La explicación a esta singular denominación seguramente la encontremos en las múltiples leyendas e historias de duendes y espíritus que envuelven esa parte de Almería. La cercanía a la Plaza Vieja y al Cerro de San Cristóbal induce a ello. A finales del s. XIX, esas calles eran testigo de amores prohibidos y de encuentros sexuales clandestinos (no hay que olvidar que había una importante zona de prostitución cerca de ahí), por lo que ni mucho menos hay que descartar que este tipo de rumores fueran propagados con la intención de alejar a los curiosos y así permitir que los conocidos escarceos sentimentales quedasen para siempre en el anonimato.

Hacemos ahora una breve parada en la plaza Julio Alfredo Egea para detenernos frente al Instituto de Estudios Almerienses. Este edificio historicista del s. XIX, hoy rehabilitado, está ubicado sobre un solar en el que la arqueóloga Rosa Morales Sánchez documentó fragmentos de utensilios cerámicos de época romana, una red de suministro de agua y baños públicos del S. XIII así como restos de construcciones privadas de los s. XIV y XV, y objetos pertenecientes a la familia de Diego Alarcón Moya, últimos propietarios (actualmente se conserva la fachada). Del IEA también se cuentan historietas relacionadas con la aparición de un extraño personaje vestido de negro que tuvo en vilo a algunas limpiadoras durante un tiempo. Cierto es que los actuales trabajadores han escuchado ese rumor, incluso hay quien no se atreve a quedarse solo en el edificio, pero todo parece formar parte de la rumorología. Aunque a José Simón, empleado de allí, le ocurrió algo inusual: «Un día, estando allí solo, escuché claramente la voz de alguien que me hablaba. No recuerdo lo que dijo, pero no me lo imaginé. Recorrí todas las habitaciones, subí a la planta de arriba… pero no vi a nadie. Fue muy raro. Y creo que las limpiadoras han tenido experiencias parecidas».

Cerca de La Alcazaba, en el cruce de las calles Reina y Almanzor, existe un llamativo caserón sobre el que se ciernen algunas leyendas. La negativa del dueño actual a querer hablar impide que podamos arrojar luz sobre los hechos, aunque todo apunta a que de nuevo nos encontramos ante rumores sin fundamento. La verdad es que esa zona tiene magia. El ambiente de la Almedina, con la calle estrecha y la tetería de al lado parecen transportarte a otra época. Los primeros datos sobre la vivienda me llegan a través de Antonio Herrera, conocedor de la capital como si fuera la palma de su mano. «La casa se ve que era de un arquitecto de Alhama de Murcia que decían que estaba loco. Cuando decidieron venderla y los encargados de hacerlo entraron, encontraron una serie de pinturas con símbolos relacionados con la brujería y el satanismo. Pero no fue eso lo que más les llamó la atención. Había un buitre disecado que desprendía una energía negativa». El relato continúa con la presencia de una médium, que les confirmaría que las vibraciones del lugar no eran buenas, y les daría una serie de instrucciones para “purificar” el lugar. Estas tenían que ver con un ritual en el que se utilizaba un cactus y una botella de agua bendecida. Todo muy raro, ¿verdad? Como la historia me parecía increíble, me puse en contacto con Emilio Capilla, dueño de un estudio de arquitectura situado en uno de los lofts del caserón. Él me confirmó que había escuchado los rumores y que incluso algunos vecinos habían experimentado situaciones que se alejaban de lo normal. «A nosotros nunca nos ha pasado nada. Bueno… de vez en cuando salta la alarma. Como si detectase una presencia aquí cuando no hay nadie en el estudio. Una vez llegó a venir la policía». Emilio me instó a que contactase con José Cárdenas, encargado de las obras de rehabilitación, porque recordaba que algo les había pasado a los obreros. Y eso fue lo que hice: «No sé quién te ha comentado eso, pero a nosotros no nos ocurrió nada raro. Es verdad que algunos obreros hablaban de la historia de una persona que se suicidó ahorcándose, pero no sé si lo contaban para meter un poco de miedo o porque era cierta». De nuevo, y a riesgo de abusar de su confianza, volví a recurrir al maestro Eduardo del Pino para ver si sabía algo. «Precisamente he vivido al lado durante varios años y he escuchado los rumores, pero creo que lo único paranormal es que las obras de rehabilitación se demoraron en exceso. Por cierto, allí vivió el ilustre médico almeriense Miguel Tolosa».

El Paseo de Almería, con algunos de los edificios más bonitos y esplendorosos de la ciudad, tampoco escapa de las historias que tienen que ver con fantasmas. Además, sus dos vértices siempre han estado relacionados con lo extraño. Me refiero a la casa de Doña Paquita y al edificio de las Mariposas.[2] Y es curioso que algunos de los números que tenemos marcados en rojo en esta ruta del misterio tengan que ver con bancos. Por ejemplo, la antigua sede de Cajamar (esquina con Navarro Rodrigo) o el edificio central de Unicaja. En ambos lugares, tanto vigilantes de seguridad como parte del personal de limpieza aseguran que allí ocurren fenómenos extraños.

Desplacémonos ahora hasta la calle Hermanos Pinzón, epicentro de una tragedia ocurrida el 15 de septiembre de 1970 cuando se derrumbó el edificio Azorín. No quiero ni imaginar la situación tan dramática que se pudo vivir ese día. Quince personas murieron aplastadas por los escombros y otras seis resultaron heridas. La prensa de todo el país se hizo eco de las espeluznantes imágenes del rescate de los cadáveres. Sobre las 14 horas, un fuerte estruendo sobrecogió a los vecinos del barrio. El edificio de diez plantas que se estaba construyendo se desplomó. Fueron los propios viandantes que pasaban por allí quienes intentaron rescatar a los más de treinta albañiles y carpinteros que trabajaban en ese gigante que iba a albergar 72 viviendas. Durante más de 48 horas la ciudad estuvo en vilo. Todos querían cooperar, incluso diversos militares del campamento Álvarez de Sotoyamor (Viator) se desplazaron allí. Sevillana llegó a montar unos focos de gran potencia y una galería para poder acceder a los sótanos del edificio. Miles de personas se concentraban en las inmediaciones, corroborando una vez más el carácter solidario de la capital. El entierro, como no podía ser de otro modo, fue multitudinario (más de quince mil personas), y se decretaron varios días de luto. La Justicia condenó al director de la fábrica de cementos que había proporcionado el material, al comprobar que estaba adulterado; y al arquitecto Fernando Cassinello, por imprudencia temeraria al ser el director de las obras. No se puede frivolizar con estos temas, y menos con una tragedia de por medio, pero no sería justo obviar en este capítulos los testimonios que apuntan a que en determinados pisos de ese edificio se ha manifestado lo imposible. Vecinos que han abandonado sus domicilios repentinamente y sin mediar palabra con sus caseros; ruidos y golpes provenientes de pisos que aparentemente debían estar vacíos, demasiados fallos en el sistema eléctrico, y personas que aseguran haber visto en una de las escaleras a varios personajes vestidos de negro durante algunas madrugadas.

La última estación de este viaje nos lleva hasta la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en el cortijo Marín de Burgos se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable. Quizá el más importante sea el de una mujer que trabajó allí como sirvienta durante muchos años

 

[1] En la versión que corre por la red existen bastantes errores históricos, algunos muy graves, con lo que no merece la pena hace referencia a ella en este libro.
[2] En uno de los bajos del edificio, durante 76 años estuvo la zapatería “Calzados El Misterio”, cuyo nombre se relacionaba con fenómenos extraños. Nada que ver con eso. Al parecer, Jacinto Asensio Muñoz, su fundador, bautizó al local de esa forma en honor a la fiesta teatral representada cada año en la Basílica de Santa María de Elche. Durante su estancia en la localidad alicantina, Jacinto quedaría encandilado con el espectáculo y quiso brindarle su particular homenaje.

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Eventos, Libros

I Jornadas sobre anomalías y misterios de Almería (marzo de 2018)

Durante el pasado mes de marzo, desde Editorial Círculo Rojo, a la par que Tempus Fugit, pudimos organizar un congreso del misterio en Almería con un cartel de lujo donde destacaba el último Premio Planeta, Javier Sierra. El Teatro Apolo se llenó para acompañarnos durante dos días en los que la recaudación fue para la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia. Quiero compartir con vosotros mi ponencia, grabada y editada por “Divulgadores del Misterio”. Además, aprovechamos este marco para presentar la colección de libros “El Círculo del Misterio”, dirigida brillantemente por el escritor Óscar Fábrega.

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Misterios de Almería

La rocambolesca historia del Principado de Sealand – Leyendas de Almería

Una serie de sucesos que mezclan a Adolf Hitler, un país inventado, hackers informáticos y, por supuesto, un almeriense. Es la historia del Principado de Sealand, un “país” de poco más de 500 metros cuadrados que se sitúa en una plataforma metalúrgica que recuerda a Blade Runner o a la serie española La fuga.

Todo comienza en los albores de la II Guerra Mundial, con un incipiente interés del Tercer Reich en el puerto de Londres. Para evitar un ataque, el arquitecto Guy Anson Maunsell propone construir plataformas marinas a lo largo del litoral costero inglés para que actuasen como fortalezas defensivas. Eran monstruos metálicos formados por una base de dos columnas de acero y hormigón, una estructura de siete pisos habitables por hasta 100 personas, y una cubierta de medio kilómetro cuadrado. La verdad es que la idea del arquitecto fue buena en principio, ya que desde estas plataformas se derribaron hasta veintidós aviones, se detuvo un ataque submarino e hicieron estallar veinticinco bombas aéreas. Pero al terminar la guerra aquellas estructuras fueron desalojadas y abandonadas… y una serie de personajes las usaron con diversos fines, en plan okupa, sobre todo para fundar radios clandestinas. Es así como el 2 de septiembre de 1967, un tal Roy Bates se instala en una de ellas, la conocida como Roughs Tower (a 10 kilómetros de la costa de Suffolk y 13 de la costa de Essex), autodeclarándola como un Estado soberano. Con un bote de pintura, escribió SEALAND en letras gigantescas. Roy era el Príncipe de aquella plataforma, y su mujer la Princesa. Creó una bandera con su escudo en el que se leía el lema: E mare libertas (desde el mar, libres). Lógicamente, con esta proclamación empiezan los problemas. Primero por el incidente que protagonizó Michael, el hijo de los Bates, que fue juzgado por disparar a un buque de la armada inglesa que se acercaba a Sealand para reparar una boya. Y después, por el escándalo de los pasaportes. Esto comienza cuando detienen en Miami a un tal Reisnik (dueño del barco donde asesinaron al diseñador Gianni Versace, también ciudadano del Principado) y éste reclama inmunidad diplomática sacando un pasaporte de Sealand. No era lo único que se emitía “oficialmente” allí. También tenían sus propios sellos y monedas, y hasta un equipo nacional de fútbol. Michael Bates manda una carta a Christian Olsen, entrenador del Vestbjerg Vintage Idraetsforening (club de la segunda división de Dinamarca), para pedirle que su equipo fuese la selección nacional de Sealand. Para ello nacionalizó a su entrenador y a los jugadores, debutando en un partido amistoso en 2003 contra un combinado de la República Checa, y uno oficial contra las Islas de Aland que, por cierto, acabó 2-2. Otra historia rocambolesca acaecida allí tiene lugar cuando Roy Bates autoriza a su hijo Michael para que ponga a la venta la plataforma, y la página de descargas digitales The Pirate Bay está a punto de comprarla para hacer del país un paraíso de intercambio de archivos. Finalmente las negociaciones no llegaron a buen puerto.

Sealand, incluso, tuvo su propia Guerra Civil. En 1978, aprovechando un viaje de Bates, su primer ministro Alexander G. Achenbach tomó por la fuerza la torre tras secuestrar a Michael Bates con ayuda de unos ciudadanos alemanes y holandeses. El Príncipe asaltó la fortaleza con un helicóptero y rescató a su hijo, manteniendo cautivos a los rebeldes a menos que los gobiernos de sus naciones de origen pagasen 7500 marcos alemanes. Este país tuvo que mandar a un diplomático para limar asperezas y lograr la liberación de los rehenes.

La relación con Almería viene de la mano de Francisco Trujillo, un ex guardia civil almeriense que fue detenido el 12 de abril del año 200 por tener una red de venta de pasaportes diplomáticos de Sealand. Desde la sede de su “embajada” en Madrid, instalada en las oficinas de un bingo en la calle Serrano, nuestro paisano figuraba como regente del país. Las alertas saltaron cuando un hombre intentó irse de una gasolinera sin pagar y, al ser detenido, mostró un pasaporte expedido bajo los nombres de “Principality of Sealand” y “Sovereign Military Orden of St. John of Jerusalem”. Exigía inmunidad política. La policía tiró de la manta a raíz de esto y acabó deteniendo a una treintena de españoles, capitaneados por Trujillo, que además de pasaportes (costaban entre 9 y 55 mil euros) vendían pisos, títulos universitarios, carnets de socio de un selecto club (cuota mensual de seis mil euros) y plazas de garaje en un supuesto parking situado en la plataforma militar. Surrealista es poco adjetivo para calificar todo esto. Por cierto, el almeriense ostentaba el título de “Excelentísimo Regente del Principado de Sealand” y en su proyecto de gobierno pensaba construir un complejo deportivo, varios centros médicos, una catedral y ocho helipuertos, así como lujosos bloques de pisos para gente VIP. Ocupó su lugar en el trono de Sealand apoyándose en el “derecho del mar”. Fue detenido, y con él en prisión las cosas se han calmado, aunque también ha ayudado el fallecimiento del Príncipe Roy en octubre de 2012 a los 91 años de edad. Hoy, el país sigue en venta, así que si alguien se anima a invertir, les dejo la dirección donde deben acudir: Sealand 1001, Sealand Post Bag, IP11 9SZ, UK.

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Misterios de Almería

Los misterios de los cortijos de la carrera del Mamí

La búsqueda de lo paranormal nos lleva ahora hasta las afueras de la capital, concretamente a la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en algunos cortijos de allí se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable, como por ejemplo el llamado ‘Marín de Burgos’. La verdad es que el sitio nos transmite esa sensación. Aún hoy se puede ver sobre su puerta la fecha en la que se levantó la ermita, el 1900, aunque la casa date del 1864 (año en el que Dolores Careaga del Valle empezó a residirla); todavía quedan restos de su muralla y, si paseamos a su alrededor, quedamos hipnotizados pensando en todas las historias que ocurrirían allí (restos de una fuente, un par de avenidas que antaño estarían ajardinadas…). Casi nada queda de la gran mansión de principios del siglo pasado. Antes de la Guerra Civil vivieron allí Ricardo de Burgos Careaga y su mujer, Almudena Martel y Medina. Juntos dotaron al lugar de un frondoso vergel más digno de tierras escocesas que del paisaje almeriense. Tras el desastre de la guerra, una hija de los dueños, Luisa de Burgos Martel, se instaló allí con su marido, el médico José Martín Espinosa (conocido entre sus vecinos como ‘el caballo’, por la contundencia con la que curaba a sus pacientes), hasta 1988 (año en el que este último falleció). Luisa dejó en herencia la vivienda a sus dos hijos: José y Emilio Marín de Burgos.

Seguramente se deba a la majestuosidad del caserón, pero lo cierto es que desde hace muchos años se han escuchado rumores sobre fenómenos extraños allí. También es posible que en todo ello haya influido la ermita de San Miguel, situada a pocos metros dentro de la misma finca. A primera vista, no difiere mucho de las típicas capillas-mausoleos que construían las familias ricas de la capital. Pero guarda un importante secreto, una cripta a la que se accede por una trampilla situada al inicio del crucero. El aspecto es tétrico: nichos vacíos, lápidas rotas… Y es que allí reposaron, entre otros, Ricardo de Burgos Real, María Jesús del Valle (viuda del marqués de Torre Alta, Miguel Careaga, fallecida en 1875), o el niño José María Acosta Gallardo, que murió a los ocho años de edad a consecuencia de la epidemia de 1918. Hoy, una verja de color blanco impide su acceso, pero personas como Loli recuerda haber curioseado con sus amigos, de pequeña, y tener que salir corriendo al encontrar huesos humanos esparcidos por el suelo. Con todo esto no es de extrañar que los chiquillos de “la Vega” fantasearan con espectros y sombras que acechaban en la noche. El panorama no invita a otra cosa, y los más ancianos avivan la llama rememorando historias que tienen que ver con raptos de chicas guapas, llevadas por la Santa Inquisición para hacerlas desaparecer. Estas leyendas tienen su base en el siglo XIX, en un intento de desprestigiar el Antiguo Régimen, pero no hay documentos que revelen procesos inquisitoriales en esas tierras.

El ‘Cortijo Grande’
A tan solo unas decenas de metros del Cortijo ‘Marín de Burgos’ se situaba otra imponente vivienda conocida como ‘el Cortijo Grande del Mamí’. Hoy ya no existe pero las descripciones que podemos encontrar en algunos libros y en boca de los vecinos, nos hacen a la idea de la importancia que tuvo que tener a principios del siglo XX. De esta casa, por cierto, sí que se han contado historias que tienen que ver con fantasmas, ruidos en la noche y apariciones. La caja de Pandora la abrió una mujer que había estado trabajando media vida como sirvienta para los dueños. “Por ejemplo, yo colocaba los platos limpios en la cancela de la chimenea antes de irme cada noche, y cuando llegaba por la mañana, me los encontraba en el suelo. No estaban rotos pero alguien los había movido. Además, siempre se han escuchado ruidos raros a altas horas de la madrugada”.

Gracias a José Manuel Lermos y a Juanjo Membrives, enamorados de la historia de Almería, tuve la suerte de conocer a Antonio Céspedes y Dolores Sánchez. Han vivido allí toda la vida, y sus padres y algunos familiares han trabajado para los dueños de la casa. Por eso son conocedores de los posibles fenómenos extraños que allí se producían. “Había una habitación, conocida como ‘la del obispo’, a la que nadie quería entrar. Los señores de la casa la tenían vacía, y por las noches se escuchaban ruidos de cadenas y de arrastrar muebles, pero estaba cerrada con llave”, comenta Dolores. Antonio es aún más explícito: “Unos mozuelos decidieron pasar una noche en esa habitación, y tuvieron que salir de allí cuando notaron cómo algo les oprimía el pecho. Eran cuatro y todos vivieron esa sensación de presión. Decían que les faltaba el aire”. Su suegro nació allí, y recuerda que les contaba que, si encendían una vela dentro de la habitación, la llama se apagaba rápidamente. La pena es que el lugar ya no existe. Hoy hay invernaderos y secanos que parecen ajenos a las historias que allí debieron suceder. Historias que, por cierto, tampoco se libran de asombrosos relatos sobre tesoros escondidos y sanguinarias batallas entre moros y cristianos.

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Misterios de Almería

Misterios de Almería: La presencia del diablo

Ocurrió durante el año 1990. La prensa provincial, seguramente por primera vez, empezó a mencionar palabras como “misa negra”, “secta satánica” o “profanación de cementerios”. En las poblaciones cundió el pánico debido a los rumores sobre rituales con niños y secuestros. En septiembre aparece en un paraje de Benahadux una cabra decapitada sobre un altar rodeado de vasos de colores, trozos de vela y dos utensilios de barro, conteniendo uno de ellos una pata de cabra. Días después, en el cementerio de Carboneras, se descubren varios pollos degollados, rodeados de velas y otros elementos utilizados en las llamadas “misas negras”.

El lunes diecisiete de septiembre los vecinos del pueblo de Alhama se despiertan con una extraña noticia. En la puerta del cementerio se encontrados los restos de una presunta ceremonia satánica como pueden ser una sábana blanca, sangre de animal, vasos con velones, cruces invertidas, dos muñecos de trapo y quizá lo más sorprendente, dos cabritos decapitados. En una pared habían escrito “Heavy satánico”. También había restos de alimentos como lentejas, salchichas, fruta y carne. Eso coincidió con una inusual tormenta que azotó la población esa noche y, algo curioso, con la fiesta de despedida del párroco local.

La población estaba aterrada, siendo muchos los que no se atrevían a visitar el camposanto de Alhama, a pesar del llamamiento a la tranquilidad del alcalde cuando corren los rumores de que el propio Ayuntamiento ha recibido un mensaje anónimo que anunciaba un próximo rito satánico, esta vez con un niño y una niña pequeños. Juan Rodríguez, vecino de allí, fue uno de los primeros que se percató de algo extraño “Fue el lunes muy temprano. Iba en coche hacia Huécija por lo que tenía que pasar junto al cementerio y me paré al ver una sábana blanca y dos chotos decapitados en la puerta. Tememos que se lleven a niños del pueblo”.

Tras las primeras investigaciones, la Guardia Civil indicó que los culpables de esos tres casos podían ser los mismos individuos, y no podía faltar el comunicado oficial del Obispado condenando estos actos. Se empezó a hablar de varias mujeres de Sudamérica que habían sido contratadas por personas de Almería para hacer “trabajos” o “encargos”, asociándose a ritos con animales frecuentes en Brasil, Argentina, Perú, Cuba o Marruecos. Los alimentos y el vino encontrados podían hacer referencia a ofrendas al maligno, a cambio de que éste hiciera el mal a alguien, en el caso de Carboneras. Los sucesos de Benahadux eran más parecidos a una “fiesta negra” o “aquelarre”. Además, en Alhama, se interrogó al propietario de una tienda, quien declaró haber vendido utensilios de metal y barro a unas personas ajenas al pueblo en esos días.

Cordero degollado
Cuando parecía que los ánimos se habían apaciguado, la noche del veintidós de septiembre, en la Cañada de San Urbano, aparecen los restos de un cordero degollado y cuencos de barro muy parecidos a los hallados en los casos anteriores. Otro vez el “ritual satánico” en boca de todos. Y por si fuera poco, la Guardia Civil encuentra un extraño manuscrito mientras recorría el paraje de “La Parlata” en Benahadux en busca de indicios para la investigación. En uno de los hoyos donde los malhechores montaron los improvisados altares, se produjo el inquietante hallazgo de varias hojas de papel ensangrentadas en las que figuraban varios nombres que bien podían ser los destinatarios del acto satánico. “Felipe”, “Juan” o “José Escots” son algunas de las palabras que se podían apreciar en el manuscrito.

Exorcismo de 40 niñas
Pero sin duda alguna el caso más llamativo fue el ocurrido en Vícar el 13 de febrero de ese mismo año, cuando el sargento Rafael Montoya irrumpió en un almacén abandonado donde se estaba celebrando un exorcismo a unas 40 niñas a la vez.

Manuel Aracil, pastor de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, y su secuaces habían inducido a las niñas a experimentar convulsiones y náuseas a través de una extraña bebida que les habían dado tras dejarlas varios días sin comer, todo con el consentimiento de sus familias. Este evangelista se creía un enviado de Dios y había convencido a esas familias de que las jóvenes tenían el diablo dentro del cuerpo.

La intervención de Rafael Montoya fue imprescindible para que hoy no estemos hablando de una desgracia, a pesar de que el caso se emborronó ya que Rafael fue expulsado de la policía al extralimitarse geográficamente, y Manuel Aracil quedó libre ya que la jueza decretó libertad religiosa y consentimiento paterno para que las niñas estuvieran allí.

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Misterios de Almería

Tras las huellas de San Tesifón – Leyendas de Almería

Según las Actas de los Varones Apostólicos, San Pedro y San Pablo ordenaron a siete obispos con la misión de viajar a Hispania para evangelizarla. Uno de ellos, Tesifón, sería el encargado de fundar Virgi (Berja). Sus primeras referencias las encontramos en varios documentos del s. X, pero existe otra versión, según la tradición medieval, recogida en manuscritos del s. IX, que cambia un poco la historia, siendo el motivo de la visita de estos siete Varones Apostólicos a Hispania el traslado del cuerpo del Apóstol Santiago desde Jerusalén a Galicia, lugar donde había predicado tiempo atrás.

Milagros
Gran parte de los historiadores no dudan de la presencia aquí de San Tesifón. Así, en el memorial de la visita pastoral que realizó el arzobispo Pedro de Castro a la Alpujarra en 1591, se recoge lo siguiente: «…junto a Verja dicen que fue obispo San Tesifón de los siete discípulos que los Apóstoles imbiaron a Hespaña y que se hallará en la leyenda de Tesifón» (sic).

En la época en la que supuestamente San Tisifón fijó una breve residencia en Castala, aparecen datos de sus prodigios, como el de los pájaros. Esta historia fue recogida por Luis del Marmól en el año 1600, y por Francisco Fernández Navarrete en 1997: «En el paraje donde estuvo San Thesiphón, retirado en una cueva, los gorriones ni paran, ni pican ni pernoctan… Dicen que habiéndose quedado un día solo a guardar las mieses, por retirarse a la Oración, encerró a todos los gorriones en un aposento, dándoles después libertad con precepto de no hacer daño ni detenerse allí. Lo cierto es que si pasan por allí es muy de ligero y no paran ni comen, y si acaso pican algo, caen amortecidos».

Al parecer, es vox populi que en esa zona las cebadas que se plantan no se las comen los gorriones. Cuentan que jamás se ha visto a esta avecilla por allí, pero en las fincas cercanas sí que actúan y diezman las cosechas. De hecho, existe el testimonio de José Gándara Parrón, de 78 años, que afirma haber visto cómo en Castala los pájaros mueren con el grano de trigo en la garganta.

Huellas
Desde el día 2 de marzo de 1798, San Tesifón es el patrón oficial de Berja, aunque se sabe que su culto ya se venía celebrando desde finales del s. XVI. De Berja pasó a Adra, donde siguió envuelto en historias sobre maravillosos prodigios a la par que iba evangelizando. Uno de estos hechos tuvo lugar en la ermita de San Sebastián, en la ladera sur del Cerro de Montecristo. La ermita data del año 1680 y, durante las obras llevadas a cabo en el s. XVIII, se descubrieron una serie de restos del subsuelo que tenían que ver con una fábrica de salazones del s. I, así como varias lápidas funerarias romanas con inscripciones latinas. Esto nos hace sospechar que posiblemente ahí estaría el antiguo cementerio y quién sabe si la auténtica tumba de San Tesifón (aunque sus restos se localizan en el Sacromonte granadino). Ciñéndonos al hecho sobrenatural, la leyenda nos dice que San Tesifón dejó grabadas allí, en un bloque de alabastro, las huellas de sus pies así como la marca del báculo con el que golpeó la piedra antes de partir de Adra. Las huellas se conservan a modo de reliquia en la fachada principal de la ermita.

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Misterios de Almería

Juan Mesa, el guardia civil almeriense que vio un OVNI

Pocas veces he investigado un caso tan impresionante como el de Juan Mesa, un sargento de la Guardia Civil ya jubilado, que reside en Almería.

Juan, tan amable y campechano como me habían indicado, no tuvo reparos en abrirme las puertas de su casa, en plena playa de El Zapillo, y contarme la experiencia que vivió, junto a dos compañeros, en el mes de agosto de 1978. Él se fue como voluntario al País Vasco, intentando labrarse un futuro dentro el cuerpo de la Guardia Civil. Concretamente estaban en Marquina-Jeméin, en el cuartel de Iruzubieta. Lo que podía haber sido una jornada como cualquier otra, con los nervios propios de la juventud y el temor ante cualquier acto terrorista derivado de la tensión política del momento, se convirtió en un episodio que no olvidarán jamás. “Hicimos un pacto de silencio para no contárselo a nadie mientras estuviésemos en activo”. Hoy, ya jubilado, ha tenido el valor y la honestidad de compartir su vivencia con nosotros.

Serían aproximadamente las dos de la madrugada cuando los tres guardias se percataron de que algo no iba bien. “Llevábamos un buen rato escuchando los ladridos de los perros de los vecinos. Estaban muy inquietos, como alterados por algo. Como teníamos puestos los chalecos antibalas, decidimos salir a ver qué ocurría, por si había que defender el cuartel ante cualquier ataque”. Situados en la tercera planta, y en posición de alerta, Juan y sus compañeros quedaron paralizados. Un gigantesco foco de luz los iluminó completamente. “Era una luz color calabaza intenso. Casi roja. Nos enchufó durante casi dos minutos”. Ese periodo de tiempo se hizo eterno para Juan Mesa y sus amigos, que vivieron momentos de auténtica tensión. “Monté el cetme dispuesto a disparar, pero mi compañero me gritó para que no lo hiciera. ¡Espera, Mesa! ¡Tranquilo! Y por suerte no lo hice. De lo contrario, seguramente me hubieran llevado preso”.

Lo que tenían sobre sus cabezas no era de este mundo. Al menos no un aparato que se conociese en ese momento (ni ahora). “Estaba sobre la Iglesia y sobre el cuartel. Era inmenso, podía tener unos 50 metros de diámetro. Y tenía forma redonda, como un disco”. Juan Mesa está convencido de ello porque podía ver uno de los laterales del platillo. “Casi rozaba los tejados de las casas, así que no podía ser un helicóptero o un avión. ¡No hacía ruido!”. Los guardias civiles tuvieron tiempo para ver que el aparato o lo que fuese tenía un color gris tirando a acero, y en su parte inferior se veían lo que parecían ser compuertas con tornillos. “La luz que nos irradiaba venía de un círculo que tenía en la base. Permanecía estático, sin girar”. Pasado ese tiempo de desconcierto, la luz se apagó y el aparato arrancó desde cero. Los tres guardias atravesaron corriendo el cuartel para situarse en la habitación del otro extremo y ver hacia dónde se dirigía la nave.

Dos naves
Cuando llegaron a la ventana comprobaron que no era una, sino dos. “Había otro disco más, y se habían desplazado muchísimos metros. ¡Iban a una velocidad increíble!”. Además, los dos aparatos hacían movimientos en zigzag, se intercambiaban de posición e incluso parecía como si estuvieran jugando entre ellos. “Fue algo asombroso. Nunca lo olvidaremos”. Nuestros protagonistas tardaron bastantes minutos en reaccionar. ¿Qué podían hacer? Si daban parte a sus superiores abrirían una investigación, les harían preguntas y se podían jugar su carrera. Eran jóvenes y buscaban un futuro para sus familias, así que decidieron callar. Desde mi posición entendí perfectamente la postura que Juan Mesa adoptó hace más de treinta años, pero una pregunta me vino a la mente: ¿Cuántos casos y testimonios se habrán perdido por el miedo al qué dirán o a la reacción de la gente? Nunca lo sabremos.

Juan Mesa no sintió miedo alguno, pero tiene clara una cosa: “Quienes estuvieran dentro de esa cosa nos estaban observando. Estoy seguro. Creo que llevaban bastante tiempo sobre el cuartel y solo los vimos cuando abrieron la compuerta para alumbrarnos”. Aquella experiencia cambió su forma de ser y su modo de ver la vida. Y, a buen seguro, será un buen golpe para los detractores del fenómeno ovni, aquellos que dicen, muchas veces con ánimo de ofender y desprestigiar, que este fenómeno solo se aparece ante personas de bajo nivel cultural y de poblaciones rurales. Por eso me rindo a los pies de este testigo, un guardia civil, con nombres y apellidos. Su generosidad no conoce límites.

La historia completa está recogida en el libro “Almería: Secretos y misterios”.

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Noticias, Rutas de misterio

¿Te vienes de ruta por la Almería misteriosa?

Si quieres ver la ciudad de Almería desde otro punto de vista, con otra mirada (como diría mi amigo Jesús Muñoz), acompáñame en una de las rutas por la Almería misteriosa que tenemos preparadas para este verano. Dos únicas fechas: 17 de agosto y 14 de septiembre. ¿Te lo vas a perder? Llama al 950801112 y apúntate.

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