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Misterios de Almería, Rutas de misterio

El medio de comunicación “Nuevo Diario” realiza un reportaje sobre mis rutas por la Almería Misteriosa

https://nuevodiario.es/noticia/4679/sociedad/esa-almeria-misteriosa-con-la-que-el-escritor-alberto-cerezuela-nos-hace-ver-mas-alla-de-lo-real.html

Participar en esta ruta por las calles viejas de Almería te adentra en esos edificios donde se practicaba espiritismo, te invita a conocer los espectros que de cuando en cuando se muestran al visitante, conocer los masones que habitaron la ciudad,saber de asesinos y de las brujas y sus aquelarres, mientras aparece con cada charla esas leyendas que gracias a proyectos como este, se perpetúan…

 

 

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Rutas de misterio

Dos rutas del misterio

¡Buenas a todos! Con los preparativos de la gala de los V Premios Círculo Rojo he tenido un poco abandonado el blog. ¡Mil perdones! Os dejo dos fotos de las dos últimas rutas del misterio por Almería. Son del 11 de enero y del 15 de febrero.

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Eventos, Libros, Rutas de misterio

Fin de semana intenso e interesante

Siempre he dicho, a riesgo de ser cansino, que es un privilegio trabajar en lo que a uno le apasiona. Por eso disfruto tanto de lo que hago, aunque haya que estar fines de semana sin parar a descansar.

El pasado viernes tuve una ruta del misterio privada con la buena gente de Cruz Roja Almería. Además, se sumaron buenos amigos del misterio. Al día siguiente, por la mañana, puse mi granito de arena en un proyecto audiovisual maravilloso, haciendo mis pinitos como actor junto a un pequeño Sherlock Holmes almeriense. ¡Me lo pasé genial!

Casi sin parar, estuve acompañando a la actriz Susana Córdoba en la presentación de su poemario “En la memoria de mi piel” en la Librería Picasso de Almería. Ella estuvo en mi tierra porque fue invitada al Festival Internacional de Cine de Almería, y allí pudimos disfrutar, por la noche, de una gala espectacular. Por cierto, me reencontré con el actor Carlos Santos, el presentador de la primera gala de premios de Editorial Círculo Rojo allá por 2015.

Sarna con gusto no pica, dice el refrán. ¡Feliz semana!

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Rutas de misterio

Crónica de la ruta por la Almería Misteriosa (19/10/18)

De nuevo sin plazas, 52 personas recorrimos una parte de la ciudad de Almería intentando verla con otra mirada. En esta ocasión Sara no hizo acto de presencia, pero fue un paseo bastante ameno. Os dejo algunas de las fotos. Si deseas más información: 950801112 (EMOCIOM).

 

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Crónica de la ruta por la Almería Misteriosa de septiembre

El pasado 14 de septiembre tuvo lugar una nueva ruta por la Almería Misteriosa. Como viene siendo habitual, no quedaban plazas disponibles y nos juntamos más de 50 personas recorriendo las calles de nuestra ciudad. Esta vez tuvimos la suerte de que la leyenda de Sara se cumpliese, y esta enigmática mujer hizo acto de presencia en una de las paradas del recorrido. Entre los asistentes estuvieron la escritora almeriense Jéssica García junto a su familia, y el periodista Tito Sánchez Núñez, quienes pudieron disfrutar de un mágico recorrido donde pudieron ver la ciudad con otros ojos, los del misterio. La próxima ruta será el 19 de octubre. Más información en el teléfono 950801112.

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Rutas de misterio

Retomo las rutas por la Almería Misteriosa

Anoche volví a las rutas del misterio. No era la fecha más propicia, pues daba comienzo la Feria de Almería y las calles estaban abarrotadas, pero el resultado final no pudo ser mejor. Un grupo de casi 40 personas, todos muy amables e interesados en conocer la ciudad con otro punto de vista, me acompañaron durante más de dos horas por callejuelas poco transitadas. ¡Sois geniales! Las próximas rutas serán el 14 de septiembre y el 19 de octubre. Más información aquí: 950801112.

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Misterios de Almería

El “engañamuertes” de Roquetas de Mar

Hace unos cuantos años, concretamente en noviembre de 2011, publiqué la historia del “engañamuertes” de Roquetas de Mar. Era una de las que conformaban mi tercer libro, “La Almería extraña”. Ayer, La Voz de Almería, tuvo a bien recordar esta historia a través de uno de sus cronistas. Aprovecho para recordarla brevemente adviritiendo a los que leyerais ayer el periódico almeriense, que puede haber algún parecido razonable incluso en la estructuración del relato:

Nacido en Roquetas de Mar en octubre de 1867, Luis Francisco Jiménez Montoya será recordado por muchas generaciones gracias a su singular vida. Cuando nuestro personaje tenía diecinueve años, salió a comer ciruelas con sus amigos en un huerto. Tal fue el atracón que se dio, que falleció de pronto. El médico de la zona certificó el hecho y se procedió a su entierro. Era habitual que el cura fuese a la casa del difunto para acompañar el féretro hasta la iglesia y el cementerio. Cuentan que cuando la comitiva se aproximaba a la Santa Cruz, el joven despertó y empezó a golpear la tapa del ataúd, levantándose ante la mirada horrorizada de sus seres queridos. El prodigio recorrió España de boca en boca. Pero no fue la única vez que Luis Francisco consiguió engañar a la muerte. Unos años después, mientras dormía la siesta en un alma- cén de su propiedad, un tabique se derrumbó, cayéndole encima una de las paredes, pero por puro milagro volvió a salir ileso. Curiosamente, su auténtico fallecimiento (el diecinueve de febrero de 1940) coincidió con la primera misa dada en Roquetas de Mar a la virgen del Rosario tras su desaparición en la Guerra Civil.

Sus hijos y nietos son conocidos en la zona con el apodo de “engañamuertes”, mote que no llevarían si en aquellos años nuestros paisanos hubieran conocido la catalepsia.

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Misterios de Almería

La leyenda del perro del obispo Villalán

No me cansaré de repetir que Fray Diego Fernández de Villalán, uno de los obispos que ha tenido nuestra ciudad, es uno de los personajes más fascinantes de la historia de Almería. Suyo es el sol que es tomado como emblema de Almería, aunque la mayoría de gente se lo atribuya a Portocarrero, otro obispo. Y él fue el promotor para que la catedral actual se reconstruyese y hoy podamos admirarla. Fue durante esas obras cuando Villalán se convirtió en protagonista de la primera de las leyendas que quiero contarles. Estando él con los albañiles en una de las estancias de la catedral, de la nada apareció un perro que ladraba insistentemente como si tuviera miedo de algo. El can salió de la catedral como si el mismo diablo lo persiguiese y Villalán, junto con sus hombres, corrieron tras él para interesarse por lo que ocurría. Una vez fuera, el techo de la estancia donde habían estado segundos antes se derrumbó. Gracias al perro, que desapareció de la misma forma que apareció, Villalán se salvó de morir aplastado entre los escombros. Como muestra de agradecimiento, el obispo quiso inmortalizar al animal mandando construir una estatua que permanece fiel a los pies del sepulcro de Villalán, perfectamente visitable si van a la catedral. El motivo real seguramente fuese el amor del obispo por los animales, especialmente los perros, y que en su escudo haya representados cuatro de ellos.

… Su fiel perro sepultado

no lejos de él asimismo

fue en la Catedral, a un ángulo

del jardín claustral contiguo.

Pero el artista, que el túmulo

cinceló, romper no quiso

tal lealtad; y al pie del lecho

de mármol en que dormido

reposa el prelado egregio

de sus pompas revestido,

velando su pétreo sueño

también está el gozquecillo[1].

[1] Poesía del artículo “El Guardián del Obispo de Piedra”, de Florentino Castro Guisasola aparecido en el diario “La Independencia” del 7 de abril de 1932.

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Misterios de Almería

La mansión encantada de Pescadería

Aseguran los expertos que para que una casa se considere como encantada, deben predominar uno o varios de estos factores: Por un lado su ubicación, analizando el origen del lugar y su situación geográfica. ¿Sobre qué está construida? ¿Qué hay debajo? ¿Es un lugar telúrico o de poder? ¿Hay mineralización el suelo o aguas subterráneas?; por otro, la teoría de la impregnación: ¿qué personas habitaron allí? ¿ocurrió algún suceso trágico? ¿Tiene historias luctuosas que hayan podido marcar al lugar?; y para finalizar, la situación psicológica (o parapsicológica) de la persona que allí ha vivido fenómenos extraños. Condicionantes externos, situación personal, estado anímico o facultades inusuales.

Yo no sabría decirles cuáles de ellos están presentes en una casa de la avenida Aguilar Martell (antigua calle de Pescadores,). Ni siquiera puedo afirmar fehacientemente que alguna de ellas se cumpla, pero sí que la siguiente historia está en boga por el barrio. Antecedentes no he encontrado. Tan solo que la epidemia de cólera acaecida en septiembre de 1885 fue especialmente dura en las casas cercanas al puerto. Según las crónicas de la época, la enfermedad arrasó con casi todos los miembros de varias familias, quedándose los demás en las propias viviendas que nunca fueron desinfectadas ni higienizadas. Una de ellas es la que nos atañe. La situación no mejoró durante las primeras décadas del siglo XX puesto que esa avenida era tachada por la prensa como «la calle más miserable y sucia de Almería»[1].

En los años 20 vivió allí un conocido enfermero del Hospital Provincial, Juan Fernández Requena, y con él se acentuó la leyenda negra. Según refleja el historiador Eduardo del Pino, un día apareció un gato negro dentro de la casa. Los inquilinos lo echaban a la calle pero por la noche lo volvían a encontrar en el interior. También se produjeron movimientos de objetos, achacados en principio a las travesuras del animal como cuando unas sábanas tendidas aparecieron en otra habitación con huellas de las patas del gato. El enfermero y su esposa no tuvieron más remedio que abandonar el lugar en busca de una vida menos tormentosa, y la vivienda que hoy se encuentra cerca del Parque quedó abandonada durante varios años. Los niños no se atrevían a entrar en ella, limitándose a recordar las historias de miedo que se contaban mientras la observaban desde la acera de enfrente. Los más valientes osaron tirar piedras a través de las ventanas, y dicen que estas eran devueltas inmediatamente con una fuerza descomunal.

Hoy no existe el lugar. Fue derribado para levantar lo que actualmente es el colegio Inés Relaño, del que también corren rumores (negados por quienes dan clase a diario allí) de puertas y ventanas que se abren solas o clases que aparecen desordenadas completamente cuando el día anterior quedaron totalmente preparadas para la jornada escolar. Seguramente sean los ecos de la leyenda que aún colea entre los vecinos, pero los más mayores no olvidan las sensaciones tan extrañas que les provocaba aquella antigua mansión de dos plantas que tanto misterio parecía esconder tras su fachada.

[1] “Diario de Almería” (20 de noviembre de 1927, página 1).

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Misterios de Almería

Historia de aparecidos

Cuando se habla de apariciones, de sombras en la noche, de espectros en las carreteras, lo lógico en pensar en una figura. A lo sumo dos o tres. Como la que se muestra en Fiñana, en el camino de la estación, algunas noches de luna llena. Justamente en la “higuerilla loca” mucho se han topado con un hombre oculto bajo su levita de color oscuro, que hacía señas para que los caminantes se acercasen a la mesa que estaba a su lado, en la que había un candelabro con las velas encendidas, una pluma y un libro. Dicen que quien se acercaba a curiosear, moría a los pocos días ya que lo que el extraño individuo estaba escribiendo, no era otra cosa que el testamento del que por allí pasaba.

O como el espectro que se sigue apareciendo en los baños romanos de Velefique. Ya lo contaba siglos atrás el escritor Balafiquí, y aún hoy más de uno se ha llevado un buen susto cuando paseaba tranquilamente por esa zona. Los musulmanes creían que los “yinns” (duendes) aparecían en los molinos y en los baños. Según el testimonio que el propio Balafiquí inmortalizó en un documento, él estaba tomando un baño cuando se apagó la luz. Fue entonces cuando notó la presencia de alguien que poco a poco se le acercaba. Para ahuyentarlo, invocó al espíritu del célebre califa Al-Mamún, consiguiendo así que la luz de la velas se encendiese de nuevo.

Como ven, un solo personaje en cada una de las apariciones que les relato, por eso no deja sorprenderme la leyenda que tiene que ver con nada más y nada menos que los veinte fantasmas de otras tantas mujeres que dicen haber visto en el pueblo de Ohanes.

Como ya sabemos, poco tiempo después de la conquista de Almería por parte de Alfonso VII, nuestra provincia volvió a quedar en manos de la dinastía Nazarita. Algunos cristianos tuvieron que ocultarse en pueblos en forma de mozárabes o de renegados, como es el caso de las veinte familias de Ohanes que protagonizan la siguiente historia.

Un sucesor de Nassar, mujeriego y avaricioso a más no poder, quiso aumentar su harem particular con las jóvenes más bellas de esas tierras. Curiosamente, cada una de esas familias tenía una hija, a cual más preciosa, por lo que emisarios de Nassar acordaron con los padres de las chiquillas una compraventa. Ellas no estaban de acuerdo, primero por sus creencias cristianas y después por el recelo ante el futuro que les esperaba. Es por eso que se negaron. Cuando Nassar se enteró, mandó ejecutar a las veinte doncellas de la forma más cruel posible: Fueron empaladas con total salvajismo. Cuando caminaban hacia su martirio, la más pequeña se giró ante el rey y le lanzó una maldición. «La mayor riqueza de la cristiana es la virtud, y la mejor corona la del martirio. No acabarás con nosotras». La amenaza ha debido permanecer tantos siglos después cuando algunos vecinos afirman haberse encontrado en plena noche, cuando subían por la carretera que lleva al pueblo, con una procesión de veinte figuras ensotanadas que, cabizbajas, caminan lentamente.

 

En este caso no es uno, sino dos los humanoides que aparecen en una de las rotondas entrada al pueblo de Benahadux. La historia se cuenta desde hace muchos años, pero es muy difícil conseguir un testimonio directo. «Dicen que mucha gente los ha visto, sobre todo en las noches de verano», fue la máxima confesión que pude arrancar a uno de los vecinos en mi primera incursión en busca de la realidad de un fenómeno que cada vez es más conocido. A pesar de mi insistencia, seguía pinchando en hueso. Pero cuando estaba a punto de rendirme ante la posibilidad de que aquella historia fuese una leyenda, el destino hizo que, por otro motivo, conociese a Conchi y a Juan. Ellos, en julio o agosto de 1989, tuvieron la mala suerte de toparse con estas dos figuras que parecían salidas de una pesadilla. Siendo aproximadamente las dos de la madrugada, volvían a su casa de la capital, cuando divisaron a lo lejos algo extraño: «Eran dos personas muy altas, vestidas con unas sábanas blancas. Al principio pensé que eran unos chavales disfrazados que estaban haciendo el tonto para asustar a los coches», empezó relatando Juan. Él, inquieto, despertó a su mujer, que estaba recostada en el asiento del copiloto. «¡Conchi, Conchi! Mira qué tíos más raros se ven allí». Cuando pasaron cerca de ellos, comprobaron que aquello no podía ser de este mundo, principalmente por una característica: Se elevaron en el aire a varios metros de altura. Así lo recuerda Concepción: «No lo solemos contar porque la gente se ríe, pero te puedo asegurar que íbamos en perfectas condiciones. Mi marido no bebe ni estaba cansado. ¡Es que lo vimos los dos!». Podían tener dos metros o más de alto, y permanecían suspendidos, en vertical, a otros tres o cuatro metros sobre el suelo. «Lo que más nos extrañó fue que se contorneaban, como si estuvieran contorneándose. La cara era rara. Se le distinguía pero tenía aspecto de saco. Algo antinatural. Y las manos acababan en pico. Eso sí, iban totalmente cubiertos de blanco». La impresión que esos dos humanoides causaron en Conchi y Juan dura hasta el día de hoy. Por eso nunca se han atrevido a hacerlo público.

 

No quiero cerrar este apartado dedicado a las apariciones sin mencionar, aunque sea de pasada, una de las más populares de la provincia: la mujer de la puerta azul. Tiene lugar en Sierra Cabrera, en el alto Cúcar (un tajo enorme desde donde se puede contemplar el mar). Allí hay una cueva que, gracias a su composición de granito, da un aspecto semejante al de una puerta azul. Cuentan que en época de batallas entre moros y cristianos, un rey de estos últimos fue acumulando grandes tesoros y joyas que dejó en herencia a su única hija. Esto despertó la envidia de las jóvenes lugareñas, que recurrieron a una hechicera que había adquirido mágicos conocimientos en Estambul y Atenas para que dejase a la cristiana rica encerrada para siempre entre esas rocas. Solo sale una vez al año, cual encantada, concretamente la mañana de San Juan, llevando el dedo sobre la boca ya que, si alguien se la encuentra y le habla, la cueva y los tesoros son para él.

Un rumor nos transmite que un apuesto mozo de Mojácar se la encontró y decidió hablarle, pero el miedo le paralizó. A su lado estaba la maligna hechicera que velaba para que nadie se acercase a la joven para liberarla de su encantamiento. El muchacho quedó petrificado para siempre y es uno de los peñones que también se puede admirar desde ese mágico lugar.

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