Leyendas de Almería Tag Archive

Rutas de misterio

Crónica de la ruta por la Almería Misteriosa (19/10/18)

De nuevo sin plazas, 52 personas recorrimos una parte de la ciudad de Almería intentando verla con otra mirada. En esta ocasión Sara no hizo acto de presencia, pero fue un paseo bastante ameno. Os dejo algunas de las fotos. Si deseas más información: 950801112 (EMOCIOM).

 

Read more

Misterios de Almería

El mal llamado “Sol de Portocarrero”

Alguna vez he hecho rutas por las calles de Almería narrando a los asistentes las historias ocultas que se esconden en ellas, y todos me han mirado extrañados cuando les he dicho que el sol que aparece como emblema imponente en el muro absidal es el “Sol de Villalán”. La historia más o menos sería así: En 1969, el alcalde de Almería, Francisco Gómez, en su afán por promover el turismo almeriense (“Costa del Sol”), crea el galardón “Sol de Portocarrero” y se lo entrega al director de la compañía aérea Iberia en agradecimiento por inaugurar el avión “Ciudad de Almería”. Serían varias las personalidades agraciadas posteriormente con este honor, como Juan Antonio Samaranch. Esto se cortó en 1970[1]. Efectivamente, el obispo Portocarrero tenía un sol dentro de su escudo, pero muy distinto al de Villalán (que nada tiene que ver con la heráldica). Además, el de Portocarrero tiene solo 16 rayos (frente a los 36 del de Villalán), y estos están unidos a la línea de la cara (si nos fijamos en el de la catedral, veremos que un círculo los separa). ¿Entonces por qué Villalán puso este sol en la catedral? Algunos afirman que es llamativo ver un símbolo pagano en un lugar cristiano, pero nada tiene que ver con eso. Simplemente pretendía mostrar el renacer del Cristianismo representado con un sol mirando a oriente, cuyos rayos serían los que nos iluminasen en el nuevo camino de la fe. En la Biblia existen numerosas citas que aluden al sol como símbolo de Jesús. Misterio resuelto gracias a la multitud de historiadores como el Padre Tapia, Juan Oña, Juan López Martín o recientemente Emilio Esteban Hanza.

[1] “El Sol de la catedral es de Villalán”, Emilio Esteban Hanza (16/01/2014, Diario de Almería).

 

Read more

Misterios de Almería

La iluminada de Cuevas del Almanzora

En el pueblo la tachaban de loca o de histérica, pero muchos la seguían. Decenas de personas acudían a ella en busca de remedios a sus problemas, intentando agarrarse a una cura divina para sus males, aunque las autoridades del momento la persiguieran. Pero ocurrió algo que se mantuvo en la retina de muchos durante bastantes décadas, mitificando a esta mujer que vivía en una de esas cuevas que da nombre a la población. Un hecho que abrió las ediciones de los periódicos más importantes de Almería: “Una iluminada en Cuevas” (La Crónica Meridional, trece de febrero de 1910). “Una iluminada” (El popular, doce de febrero de 1910”). ¿Qué fue lo que ocurrió? Les copio textualmente la noticia: “Ha sido detenida por las autoridades una iluminada que ha trastornado al vecindario con el pretexto de que se le aparece la Virgen, acudiendo al sitio de la aparición más de 3000 personas, en su mayoría mujeres. El alcalde propuso fuese reconocida por los médicos, logrando calmar con esa resolución la excitación del vecindario”.

Embaucadora o agraciada, lo que está claro es que sus vecinos la apoyaban, como demuestran las continuas manifestaciones de las gentes del lugar en la puerta del Ayuntamiento. “¡A lo que hemos llegado en el siglo XX!”, decía uno de los periodistas de La Crónica Meridional. Si yo le contara lo que ocurre en el XXI…

Read more

Sin categoría

Ruta por las casas encantadas de Almería capital

En todas las ciudades hay casas que, principalmente por su aspecto (deterioradas, abandonadas, deshabitadas…), son punto de partida a leyendas y rumores relacionados con fantasmas, apariciones espíritus. Muchas veces estas historias son fruto de la invención y de la desinformación, en parte debido a la transformación de unos hechos concretos a medida que se van contando de unos a otros; pero también es cierto que algunos de esos lugares encierran tras sus paredes terribles secretos. Quiero darles una vuelta por algunos de estos edificios que se esconden en la capital, disimulados a veces por el ritmo frenético de la vida que llevamos.

No se me ocurre mejor lugar para empezar este singular recorrido, que la calle “Los Duendes”. Allí, haciendo esquina con la calle Hospital, encontramos un caserón de los que, por desgracia, cada vez van quedando menos en Almería. No sabemos si es por su situación (muy cerca de la Catedral) o por la soledad que se respira en esas callejuelas cuando cae la noche, pero es cierto que el edificio parece transmitirnos una sensación extraña. Entre el vecindario, y también por Internet[1], corren rumores referentes a que todo aquel que alquila la mansión, termina abandonándola debido a los fenómenos paranormales que ocurren dentro de ella. Desde movimiento de objetos hasta los habituales “raps”, pasando por puertas y cajones que se abren y cierran a su antojo, como si tuviesen vida propia. Tal fue la magnitud de estos sucesos, que hay quien afirma que la propia Iglesia envió a un exorcista para hacer un ritual de purificación en la vivienda. La verdad es que en los archivos eclesiásticos que he podido consultar no hay ni rastro de ello, lo que nos invita a pensar que los hechos han sido inventados o manipulados, aunque el paso del tiempo haya contribuido a su difusión. Como no quería quedarme con la duda, recurrí a Eduardo del Pino, la persona que más sabe sobre las calles de Almería, quien acabó por confirmar mis sospechas. La casa tiene poco o nada de encantada. «La vivienda estuvo habitada por familias de la burguesía local como Talaveras, Rodas y Spencer. La gente la llama “la casa de los Duendes”, y muchos piensan que es porque allí sucedieron cosas extrañas, pero no es así. Es porque la parte lateral daba a la calle de ese nombre. No hay nada de misterio en ella».

Al propio Eduardo del Pino le debemos también la siguiente historia. Él fue el primero en hablar de uno de tantos caserones olvidados que habitan el centro de Almería. Aún hoy, si nos situamos frente a él en la plaza Marín, podemos intuir el esplendor que atesoró tiempo atrás a pesar de que con su reciente restauración ha perdido parte de su magia. Como dice el historiador almeriense, no hay indicios que nos revelen por qué se bautizó a esta mansión construida en 1850 con el inquietante sobrenombre de “la casa de los fantasmas”. Siempre ha pertenecido a una familia que les sonará si leyeron mi anterior obra, La Almería Extraña, concretamente el capítulo dedicado a la casa de las dos torres de Benahadux. Les hablo de los Godoy y de los Ametis. En la posguerra sus propietarios fueron Alberto Ametis García y Dolores Godoy Massa, que vivían allí con sus hijos María Dolores, Alberto y Mari Carmen.

La explicación a esta singular denominación seguramente la encontremos en las múltiples leyendas e historias de duendes y espíritus que envuelven esa parte de Almería. La cercanía a la Plaza Vieja y al Cerro de San Cristóbal induce a ello. A finales del s. XIX, esas calles eran testigo de amores prohibidos y de encuentros sexuales clandestinos (no hay que olvidar que había una importante zona de prostitución cerca de ahí), por lo que ni mucho menos hay que descartar que este tipo de rumores fueran propagados con la intención de alejar a los curiosos y así permitir que los conocidos escarceos sentimentales quedasen para siempre en el anonimato.

Hacemos ahora una breve parada en la plaza Julio Alfredo Egea para detenernos frente al Instituto de Estudios Almerienses. Este edificio historicista del s. XIX, hoy rehabilitado, está ubicado sobre un solar en el que la arqueóloga Rosa Morales Sánchez documentó fragmentos de utensilios cerámicos de época romana, una red de suministro de agua y baños públicos del S. XIII así como restos de construcciones privadas de los s. XIV y XV, y objetos pertenecientes a la familia de Diego Alarcón Moya, últimos propietarios (actualmente se conserva la fachada). Del IEA también se cuentan historietas relacionadas con la aparición de un extraño personaje vestido de negro que tuvo en vilo a algunas limpiadoras durante un tiempo. Cierto es que los actuales trabajadores han escuchado ese rumor, incluso hay quien no se atreve a quedarse solo en el edificio, pero todo parece formar parte de la rumorología. Aunque a José Simón, empleado de allí, le ocurrió algo inusual: «Un día, estando allí solo, escuché claramente la voz de alguien que me hablaba. No recuerdo lo que dijo, pero no me lo imaginé. Recorrí todas las habitaciones, subí a la planta de arriba… pero no vi a nadie. Fue muy raro. Y creo que las limpiadoras han tenido experiencias parecidas».

Cerca de La Alcazaba, en el cruce de las calles Reina y Almanzor, existe un llamativo caserón sobre el que se ciernen algunas leyendas. La negativa del dueño actual a querer hablar impide que podamos arrojar luz sobre los hechos, aunque todo apunta a que de nuevo nos encontramos ante rumores sin fundamento. La verdad es que esa zona tiene magia. El ambiente de la Almedina, con la calle estrecha y la tetería de al lado parecen transportarte a otra época. Los primeros datos sobre la vivienda me llegan a través de Antonio Herrera, conocedor de la capital como si fuera la palma de su mano. «La casa se ve que era de un arquitecto de Alhama de Murcia que decían que estaba loco. Cuando decidieron venderla y los encargados de hacerlo entraron, encontraron una serie de pinturas con símbolos relacionados con la brujería y el satanismo. Pero no fue eso lo que más les llamó la atención. Había un buitre disecado que desprendía una energía negativa». El relato continúa con la presencia de una médium, que les confirmaría que las vibraciones del lugar no eran buenas, y les daría una serie de instrucciones para “purificar” el lugar. Estas tenían que ver con un ritual en el que se utilizaba un cactus y una botella de agua bendecida. Todo muy raro, ¿verdad? Como la historia me parecía increíble, me puse en contacto con Emilio Capilla, dueño de un estudio de arquitectura situado en uno de los lofts del caserón. Él me confirmó que había escuchado los rumores y que incluso algunos vecinos habían experimentado situaciones que se alejaban de lo normal. «A nosotros nunca nos ha pasado nada. Bueno… de vez en cuando salta la alarma. Como si detectase una presencia aquí cuando no hay nadie en el estudio. Una vez llegó a venir la policía». Emilio me instó a que contactase con José Cárdenas, encargado de las obras de rehabilitación, porque recordaba que algo les había pasado a los obreros. Y eso fue lo que hice: «No sé quién te ha comentado eso, pero a nosotros no nos ocurrió nada raro. Es verdad que algunos obreros hablaban de la historia de una persona que se suicidó ahorcándose, pero no sé si lo contaban para meter un poco de miedo o porque era cierta». De nuevo, y a riesgo de abusar de su confianza, volví a recurrir al maestro Eduardo del Pino para ver si sabía algo. «Precisamente he vivido al lado durante varios años y he escuchado los rumores, pero creo que lo único paranormal es que las obras de rehabilitación se demoraron en exceso. Por cierto, allí vivió el ilustre médico almeriense Miguel Tolosa».

El Paseo de Almería, con algunos de los edificios más bonitos y esplendorosos de la ciudad, tampoco escapa de las historias que tienen que ver con fantasmas. Además, sus dos vértices siempre han estado relacionados con lo extraño. Me refiero a la casa de Doña Paquita y al edificio de las Mariposas.[2] Y es curioso que algunos de los números que tenemos marcados en rojo en esta ruta del misterio tengan que ver con bancos. Por ejemplo, la antigua sede de Cajamar (esquina con Navarro Rodrigo) o el edificio central de Unicaja. En ambos lugares, tanto vigilantes de seguridad como parte del personal de limpieza aseguran que allí ocurren fenómenos extraños.

Desplacémonos ahora hasta la calle Hermanos Pinzón, epicentro de una tragedia ocurrida el 15 de septiembre de 1970 cuando se derrumbó el edificio Azorín. No quiero ni imaginar la situación tan dramática que se pudo vivir ese día. Quince personas murieron aplastadas por los escombros y otras seis resultaron heridas. La prensa de todo el país se hizo eco de las espeluznantes imágenes del rescate de los cadáveres. Sobre las 14 horas, un fuerte estruendo sobrecogió a los vecinos del barrio. El edificio de diez plantas que se estaba construyendo se desplomó. Fueron los propios viandantes que pasaban por allí quienes intentaron rescatar a los más de treinta albañiles y carpinteros que trabajaban en ese gigante que iba a albergar 72 viviendas. Durante más de 48 horas la ciudad estuvo en vilo. Todos querían cooperar, incluso diversos militares del campamento Álvarez de Sotoyamor (Viator) se desplazaron allí. Sevillana llegó a montar unos focos de gran potencia y una galería para poder acceder a los sótanos del edificio. Miles de personas se concentraban en las inmediaciones, corroborando una vez más el carácter solidario de la capital. El entierro, como no podía ser de otro modo, fue multitudinario (más de quince mil personas), y se decretaron varios días de luto. La Justicia condenó al director de la fábrica de cementos que había proporcionado el material, al comprobar que estaba adulterado; y al arquitecto Fernando Cassinello, por imprudencia temeraria al ser el director de las obras. No se puede frivolizar con estos temas, y menos con una tragedia de por medio, pero no sería justo obviar en este capítulos los testimonios que apuntan a que en determinados pisos de ese edificio se ha manifestado lo imposible. Vecinos que han abandonado sus domicilios repentinamente y sin mediar palabra con sus caseros; ruidos y golpes provenientes de pisos que aparentemente debían estar vacíos, demasiados fallos en el sistema eléctrico, y personas que aseguran haber visto en una de las escaleras a varios personajes vestidos de negro durante algunas madrugadas.

La última estación de este viaje nos lleva hasta la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en el cortijo Marín de Burgos se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable. Quizá el más importante sea el de una mujer que trabajó allí como sirvienta durante muchos años

 

[1] En la versión que corre por la red existen bastantes errores históricos, algunos muy graves, con lo que no merece la pena hace referencia a ella en este libro.
[2] En uno de los bajos del edificio, durante 76 años estuvo la zapatería “Calzados El Misterio”, cuyo nombre se relacionaba con fenómenos extraños. Nada que ver con eso. Al parecer, Jacinto Asensio Muñoz, su fundador, bautizó al local de esa forma en honor a la fiesta teatral representada cada año en la Basílica de Santa María de Elche. Durante su estancia en la localidad alicantina, Jacinto quedaría encandilado con el espectáculo y quiso brindarle su particular homenaje.

Read more

Misterios de Almería

Los esqueletos gigantes de Tonosa – Enigmas de Almería

En esta ocasión, además de exponer una historia, voy a recurrir a vosotros para ver si podemos conseguir algún dato más. Es una historia oscura y, cuanto menos, surrealista. Ocurrió en una pequeña pedanía de la provincia de Almería y no hay más datos que estos que voy a reproducir tal cual a continuación (reportaje en La Verdad de Murcia). Si tenéis algún dato más, me interesaría conocerlo: alberto@albertocerezuela.com

El texto es de Antonio Botías:

Gigantes que superaban los dos metros de altura, con descomunales dientes de hasta cuatro centímetros y enormes cabezas alargadas. Así era la quincena de esqueletos descubiertos, por casualidad y mientras se araba un campo, en Tonosa, una aldea situada a pocos kilómetros de Puerto Lumbreras. Hace medio siglo justo, la noticia del hallazgo de los restos de formidables seres humanos atrajo la atención sobre este olvidado caserío. Pero, de forma inexplicable, apenas unos días después, cuando los medios acudieron al lugar, los restos fueron enterrados a toda prisa. El enigma de los gigantes de Tonosa se mantiene intacto cincuenta años más tarde.

La primera noticia fue publicada en el diario ‘La Verdad’ en su edición del día 22 de septiembre de 1966. La información estaba datada en Puerto Lumbreras y era, según destacaba el periódico, un «servicio especial de nuestro corresponsal». Se trataba de Juan Romea Sánchez. El titular, que ocupaba más de media página, advertía de la aparición de «esqueletos humanos de más de dos metros» en la localidad almeriense de Tonosa. Al parecer, los huesos habían aparecido mientras un agricultor araba un campo.

«Al entrar un tractor en un terreno blando y arcilloso que jamás había sido arado -señalaba el rotativo-, se descubrieron losas de 25 centímetros cuadrados, debajo de las cuales fueron encontrados hasta quince esqueletos que han quedado a casi ras de tierra».

El corresponsal de Puerto Lumbreras añadía que el tamaño de aquellos huesos encontrados era bastante más largo y de mayor diámetro que los del hombre contemporáneo. Además, «los cráneos son mucho mayores y alargados. Con toda seguridad, su estatura sería superior a los dos metros».

El estado de conservación de los restos debía ser aceptable, al menos si tenemos en cuenta que conservaban aún los dientes, como destacaba el diario. Y, desde luego, sus dimensiones llamaron la atención del improvisado informador. «Algunas piezas dentales miden casi cuatro centímetros». Tras el descubrimiento, algunos recordaron que hacía algún tiempo otros labradores desenterraron un esqueleto de características similares.

Lo que no explicó ‘La Verdad’ es que los dueños del terreno habían dado parte a la Guardia Civil de Vélez Rubio, desde donde se trasladó un juez para inspeccionar el macabro hallazgo. La antigüedad de los esqueletos era evidente, por lo que la comitiva se retiró sin dar más explicaciones. Y, sobre todo, no ordenaron hacer nada con aquellos huesos.

Envían a dos periodistas

La noticia causó una gran expectación en Murcia, como lo prueba el envío inmediato de un redactor, Manuel Carles, y el gran fotógrafo Tomás, para cubrir a pie de campo la información. Carles describió Tonosa como un núcleo de población formado por «quince casas mal contadas. Muy rurales y con una ermita muy rústica, a la que va los domingos, desde uno de los Vélez [Vélez Rubio o Vélez Blanco], un cura a decir misa». La aldea era tan «insignificante» que apenas nadie salió a recibirlos y «solo unas gallinas cloqueadoras rompen silencios».

El redactor descubrió que las osamentas habían aparecido en unos terrenos propiedad de Los Ambrosios, vecinos de otro pueblo próximo. El lugar era «grande y plano, de tierra blanda y color ceniza, que está muy suelta porque hace muy poco que fue arada».

A su alrededor se alzaban unos almendros, aquel día un tanto húmedos por la lluvia. Pero lo curioso es que por todo el campo se repartían «hasta catorce montoncitos de piedras planas, colocadas de canto, unas apoyadas contra otras».

El redactor y su fotógrafo, a quienes acompañaba el corresponsal de Puerto Lumbreras, aguardaron la llegada del tal Ambrosio, «que andaba comiendo». Pero, entretanto, pidieron una azada a un lugareño y cavaron entre aquellas piedras.

Pronto encontraron lo que buscaban: «algunos huesos humanos: un trozo de fémur, otro de bóveda craneana, otro de sacro». El corresponsal Romea halló unas muelas, que guardó en su bolsillo y de las que se conservan fotografías. En una de ellas, descomunal, cabía una habichuela entera.

De la misma visita se conserva el testimonio de una lugareña, María Martínez López, quien aportó interesantes detalles sobre el paradero de los huesos. «Los volvieron a enterrar. Están a más de setenta centímetros de profundidad. Lo que ahonda el tractor». La misma María aclaró que era la primera vez que se araban aquellos campos con tractor. Hasta entonces solo se empleaban mulas, cuyos arados no penetraban tanto en el terreno. ¿Por qué los habían vuelto a enterrar? María también explicó ese extremo: «No sabían que hacer con ellos».

Más restos en una cueva

La joven relató que los esqueletos descubiertos eran muy grandes y que «encima de la cabeza tenían una de esas piedras y dos más, una a cada lado de la calavera». Similar opinión aportó el tal Ambrosio, quien añadió que apenas dos años antes, «en una cueva próxima se hallaron otros [restos] muy parecidos. Con las piedras planas en la cabeza». También recordaba el reportaje que en el paraje conocido Cueva de Ambrosio se habían hallado más esqueletos. Ese espacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998 por su espléndido arte rupestre. No muy lejos de allí existe la llamada Sierra del Gigante.

Sin embargo, medio siglo más tarde aún perdura el misterio de aquellos esqueletos que sorprendieron, aunque fuera por unas horas, a los parroquianos. ¿Qué fue de ellos? ¿Realmente existieron o fue un [improbable] montaje? ¿Se conserva el atestado de la Guardia Civil? Tantos interrogantes que, al menos hasta ahora, continúan siendo un enigma para los lectores murcianos.

 

Read more

Misterios de Almería

La tía Cachocha y otros curanderos de Mojácar

Tal y como vamos a comprobar a continuación, Mojácar es un lugar muy propenso a este tipo de prácticas. Los más ancianos del lugar aún recuerdan a Andrés “el de la ictericia”, un hombre con poderes para curar dicha enfermedad, que vivía a caballo entre Garrucha y Mojácar. Esta enfermedad que consiste en trastornos hepáticos que aumentan la bilis en la sangre provocando conjuntivitis y amarillento en la piel, era curada por Andrés simplemente con mirar fijamente al paciente mientras emitía desagradables sonidos y vomitaba saliva, extrayendo así la mortal enfermedad de sus “clientes”.

La tía “Cachocha” era especialista en curar el mal de amores. Todo el mundo acudía a ella cuando veían que sus enamorados se distanciaban. Ella no usaba secretos conjuros ni invocaba a espíritus, tan solo proporcionaba a los locos de amor unos polvos mágicos a los que denominaba “pichirichis”. Fíjense si este remedio era efectivo que hoy en día, más de cincuenta años después de su muerte, hay personas que acuden a Mojácar en busca de alguien que aún conserve una pizca de esos “pichirichis”. «Vendo polvos para querer, para aborrecer, para entontecer…» le confesó al genial periodista andaluz Tico Medina. «Y he recibido visitas tan importantes que ni se lo creería».

El 18 de julio de 1926, “Diario de Almería” abría la edición con un llamativo titular en portada: Lo que debe evitarse. El cuerpo de la noticia no tenía desperdicio. En esta pedanía que se encuentra a 5 km de Mojácar, muy cerca del famoso hotel “El Algarrobico”, un “curandero” estaba en boca de gran parte de la provincia debido a sus supuestas curaciones milagrosas. Dicha noticia habla de interminables caravanas de caballerías, de distintos pueblos, que cada día llegan a la humilde casa de este personaje en busca de un prodigio. Todo tipo de enfermos, ciegos de nacimiento, tuberculosos y mutilados desfilan por el lugar, ante la narración atónita de los periodistas de la época. Dicen que no cobra nada, pero algunos testigos apuntan a que una de sus hijas está permanentemente en la puerta de la achatada casa de adobes negros para recoger aquellos donativos que libremente dan los enfermos. Incluso un hombre ha abierto un negocio de transportes para llevar a la gente desde Mojácar hasta Agua En medio, tres veces al día.

El iluminado o santón, como así lo bautizó la prensa, usaba una verborrea más que convincente para lograr ese efecto placebo en los que acudían a él. «No he recuperado la vista, pero me siento mucho mejor», dijo un ciego tras el encuentro con este personaje, de larga barba blanca y alucinantes ojos, a quien muchos también temían en la zona, y que determinados días era capaz de congregar en sus inmediaciones a más de cuatro mil enfermos. ¡Incluso hacía visitas a domicilio cuando algún hombre pudiente de la capital requería de sus servicios!, como así atestigua otra información del mencionado periódico el 24 de junio de ese mismo año.

Realmente se llamaba Frasquito y los vecinos le apodaban “el Santón de la Sierra”. Algunos decían que era la reencarnación de un profeta del Antiguo Testamento, rumor que alimentaba su peculiar aspecto físico (tremendamente alto y espigado). Siempre cubría su cabeza con un pañuelo negro, y tenía un hablar cavernoso. Era normal que aquellas gentes, sugestionables y con arraigadas creencias, cayeran sugestionadas ante la presencia del “tío Frasquito”. Al igual que la tía “Cachocha”, tampoco usaba pócimas mágicas ni remedios caseros. Su método era la palabra, y siempre se despedía con una solemne frase: Sé bueno, busca en todo la paz de Dios, cree en él, ama a tus semejantes y haz siempre obras buenas. El historiador Carlos Almendros aporta la solución al enigma: Ambiente misterioso del lugar, gentes sencillas, primitivas e imaginativas, y psicología hábilmente manejada por una persona de cualidades extraordinarias[1].

[1] “Mojácar, rincón de embrujo”, Carlos Almendros.

Read more

Eventos, Libros

I Jornadas sobre anomalías y misterios de Almería (marzo de 2018)

Durante el pasado mes de marzo, desde Editorial Círculo Rojo, a la par que Tempus Fugit, pudimos organizar un congreso del misterio en Almería con un cartel de lujo donde destacaba el último Premio Planeta, Javier Sierra. El Teatro Apolo se llenó para acompañarnos durante dos días en los que la recaudación fue para la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia. Quiero compartir con vosotros mi ponencia, grabada y editada por “Divulgadores del Misterio”. Además, aprovechamos este marco para presentar la colección de libros “El Círculo del Misterio”, dirigida brillantemente por el escritor Óscar Fábrega.

Read more

Misterios de Almería

La rocambolesca historia del Principado de Sealand – Leyendas de Almería

Una serie de sucesos que mezclan a Adolf Hitler, un país inventado, hackers informáticos y, por supuesto, un almeriense. Es la historia del Principado de Sealand, un “país” de poco más de 500 metros cuadrados que se sitúa en una plataforma metalúrgica que recuerda a Blade Runner o a la serie española La fuga.

Todo comienza en los albores de la II Guerra Mundial, con un incipiente interés del Tercer Reich en el puerto de Londres. Para evitar un ataque, el arquitecto Guy Anson Maunsell propone construir plataformas marinas a lo largo del litoral costero inglés para que actuasen como fortalezas defensivas. Eran monstruos metálicos formados por una base de dos columnas de acero y hormigón, una estructura de siete pisos habitables por hasta 100 personas, y una cubierta de medio kilómetro cuadrado. La verdad es que la idea del arquitecto fue buena en principio, ya que desde estas plataformas se derribaron hasta veintidós aviones, se detuvo un ataque submarino e hicieron estallar veinticinco bombas aéreas. Pero al terminar la guerra aquellas estructuras fueron desalojadas y abandonadas… y una serie de personajes las usaron con diversos fines, en plan okupa, sobre todo para fundar radios clandestinas. Es así como el 2 de septiembre de 1967, un tal Roy Bates se instala en una de ellas, la conocida como Roughs Tower (a 10 kilómetros de la costa de Suffolk y 13 de la costa de Essex), autodeclarándola como un Estado soberano. Con un bote de pintura, escribió SEALAND en letras gigantescas. Roy era el Príncipe de aquella plataforma, y su mujer la Princesa. Creó una bandera con su escudo en el que se leía el lema: E mare libertas (desde el mar, libres). Lógicamente, con esta proclamación empiezan los problemas. Primero por el incidente que protagonizó Michael, el hijo de los Bates, que fue juzgado por disparar a un buque de la armada inglesa que se acercaba a Sealand para reparar una boya. Y después, por el escándalo de los pasaportes. Esto comienza cuando detienen en Miami a un tal Reisnik (dueño del barco donde asesinaron al diseñador Gianni Versace, también ciudadano del Principado) y éste reclama inmunidad diplomática sacando un pasaporte de Sealand. No era lo único que se emitía “oficialmente” allí. También tenían sus propios sellos y monedas, y hasta un equipo nacional de fútbol. Michael Bates manda una carta a Christian Olsen, entrenador del Vestbjerg Vintage Idraetsforening (club de la segunda división de Dinamarca), para pedirle que su equipo fuese la selección nacional de Sealand. Para ello nacionalizó a su entrenador y a los jugadores, debutando en un partido amistoso en 2003 contra un combinado de la República Checa, y uno oficial contra las Islas de Aland que, por cierto, acabó 2-2. Otra historia rocambolesca acaecida allí tiene lugar cuando Roy Bates autoriza a su hijo Michael para que ponga a la venta la plataforma, y la página de descargas digitales The Pirate Bay está a punto de comprarla para hacer del país un paraíso de intercambio de archivos. Finalmente las negociaciones no llegaron a buen puerto.

Sealand, incluso, tuvo su propia Guerra Civil. En 1978, aprovechando un viaje de Bates, su primer ministro Alexander G. Achenbach tomó por la fuerza la torre tras secuestrar a Michael Bates con ayuda de unos ciudadanos alemanes y holandeses. El Príncipe asaltó la fortaleza con un helicóptero y rescató a su hijo, manteniendo cautivos a los rebeldes a menos que los gobiernos de sus naciones de origen pagasen 7500 marcos alemanes. Este país tuvo que mandar a un diplomático para limar asperezas y lograr la liberación de los rehenes.

La relación con Almería viene de la mano de Francisco Trujillo, un ex guardia civil almeriense que fue detenido el 12 de abril del año 200 por tener una red de venta de pasaportes diplomáticos de Sealand. Desde la sede de su “embajada” en Madrid, instalada en las oficinas de un bingo en la calle Serrano, nuestro paisano figuraba como regente del país. Las alertas saltaron cuando un hombre intentó irse de una gasolinera sin pagar y, al ser detenido, mostró un pasaporte expedido bajo los nombres de “Principality of Sealand” y “Sovereign Military Orden of St. John of Jerusalem”. Exigía inmunidad política. La policía tiró de la manta a raíz de esto y acabó deteniendo a una treintena de españoles, capitaneados por Trujillo, que además de pasaportes (costaban entre 9 y 55 mil euros) vendían pisos, títulos universitarios, carnets de socio de un selecto club (cuota mensual de seis mil euros) y plazas de garaje en un supuesto parking situado en la plataforma militar. Surrealista es poco adjetivo para calificar todo esto. Por cierto, el almeriense ostentaba el título de “Excelentísimo Regente del Principado de Sealand” y en su proyecto de gobierno pensaba construir un complejo deportivo, varios centros médicos, una catedral y ocho helipuertos, así como lujosos bloques de pisos para gente VIP. Ocupó su lugar en el trono de Sealand apoyándose en el “derecho del mar”. Fue detenido, y con él en prisión las cosas se han calmado, aunque también ha ayudado el fallecimiento del Príncipe Roy en octubre de 2012 a los 91 años de edad. Hoy, el país sigue en venta, así que si alguien se anima a invertir, les dejo la dirección donde deben acudir: Sealand 1001, Sealand Post Bag, IP11 9SZ, UK.

Read more

Misterios de Almería

El crimen del Cortijo del Fraile en Níjar, la historia que inspiró Bodas de Sangre – Misterios de Almería

Dentro de unos días se cumple el 90 aniversario del terrible “Crimen de Níjar” que, como sabéis, dio pie a que Federico García Lorca escribiese su famoso libro “Bodas de sangre”. Desde Editorial Guante Blanco, la línea de edición tradicional de Círculo Rojo, decidimos reeditar la obra añadiéndole textos de expertos en la materia y conocedores de la historia, acompañado de un prólogo de la cineasta Paula Ortiz, directora de la película “La Novia”. A mí me apeteció recuperar la historia, con los datos que se conocen (me he basado en todo lo recogido por Diario de Almería en los días posteriores al crimen), de lo que pudo haber ocurrido ese fatídico día. Os la dejo no sin antes desear que os animéis a comprar esta magnífica edición del libro de Lorca.

 

Francisca Cañadas nunca habría podido imaginar, cuando se levantó aquel 22 de julio de 1928, que su boda sería la más famosa de la literatura española. Y es que Carmen de Burgos, o el propio Federico García Lorca, inmortalizarían ese momento en forma de una historia que casi todo el mundo conoce.

Bodas de sangre, la obra de Federico García Lorca, respeta el desarrollo de los hechos. Suponemos que se enteró de los sucesos gracias a la prensa (era un asiduo lector de El Defensor de Granada), y porque también seguía de cerca todo lo que acontecía en Almería, una tierra en la que vivió durante tres años (1906-1909), concretamente en casa del maestro Rodríguez Espinosa. Cuando ocurrió el crimen, Lorca se encontraba viviendo en su casa de la Huerta de San Vicente.

Francisca Cañadas Morales, más conocida como Paca «la Coja», vivía en el Cortijo del Fraile ya que su padre, viudo desde hacía doce años, se encargaba de cultivar el trigo y el esparto allí, ejerciendo de medianero con el dueño del lugar. Ella era su hija favorita. Nunca le gritaba, no la obligaba a trabajar (al contrario que a su hermana Carmen), y como era tímida, solitaria, no muy agraciada, demasiado flaca para el canon de belleza de la época, y tenía el hándicap de la cojera que el propio padre le había provocado, estaba muy protegida por él (suponemos que se sentía culpable)[1]. Hasta el punto de tenerle preparada una herencia de cuatro mil pesetas, y un cortijo con sus correspondientes tierras en el Hualix.

Una de sus hermanas, Carmen, mayor que ella, sentía celos de Paca. Estaba casada desde hacía varios años con José Pérez Pino, hijo del dueño del Cortijo del Fraile, y ya habían dilapidado gran parte de la herencia que les correspondía (el Cortijo del Jabonero, unas tierras, y una cantidad de dinero). Por eso querían que las pesetas que le correspondían a Paca se quedasen para ellos, con lo que había que adelantarse para que la menor de las Cañadas no se casase con alguien de fuera. De ahí que la prometieran, a los 19 años de edad y en contra de su voluntad, con Casimiro Pérez Pino. Todo quedaría en familia.

Cuentan que Paca pasaba las noches llorando de la pena. No quería casarse con ese hombre. Los demás no la entendían ya que no se le había conocido novio o pretendiente alguno, pero ella llevaba el amor por dentro.

La ceremonia estaba prevista para el 23 de julio de 1928, en la iglesia de Fernán Pérez. Al ser una boda gitana, duraba más de una jornada, por lo que habían preparado varios kilos de dulces, sacos de garbanzos tostados, litros y litros de licor, dos corderos, bastantes arrobas de vino, y las mujeres del lugar se iban a dedicar una tarde entera a hacer buñuelos.

El 22 por la noche, Casimiro Pérez se encontró indispuesto, retirándose y dejando sola a Paca. Seguramente si esto no hubiera ocurrido, la historia sería otra ya que los prometidos se habrían casado. Pero Casimiro se ausentó, dando a Paca y a su secreto enamorado, Francisco Montes (primo de ella, que también estaba prometido), la única opción para escapar. Ella estuvo al lado de Casimiro, tapándolo con una manta y cuidándolo, hasta que se durmió. En ese mismo instante, los amantes huyeron en plena madrugada. Los encontraron al día siguiente, poco después de la hora a la que estaba prevista la boda. Ella estaba medio muerta en el camino de La Serrata (Cañada Honda), al lado del cadáver de Francisco Montes. Le habían dado varios tiros a quemarropa. Paca confesaría su historia de amor, y diría que unos encapuchados los intentaron asaltar en la huida, con los consiguientes disparos sobre Francisco[2].

El 25 de julio, Diario de Almería abría su edición con el siguiente titular: «Las veleidades de una mujer provocan el desarrollo de una sangrienta tragedia en la que cuesta la vida a un hombre». Y es que Paca nunca culpó de los hechos a los verdaderos asesinos, su hermana y su cuñado, al menos públicamente. Este reportaje contaba que «[…] el primo de la novia, Francisco Montes, que se mostraba interesado por ella, le preguntó: Prima, ¿te vas a casar? A lo que ella contestó afirmativamente. Debió hacerlo de forma como si no le interesara mucho su novio, por cuanto su primo le propuso la fuga con él y ambos la concertaron». Las primeras culpas recayeron sobre Antonia, hermana del muerto, o sobre la madre de ambos, quien según la tradición oral insistiría a Francisco para que rondase a Paca, pensando más en la herencia que en el bienestar de su hijo[3]. Esta última, que vivía en Los Pipaces, ni siquiera había querido asistir a la boda de su sobrina, aunque pasó la noche preparando dulces de harina y miel para la boda, seguramente sabedora de que nunca se iba a llevar a cabo.

La clave para identificar a los asesinos fue la posición de las mulas que los enamorados habían usado para huir. Carmen y su marido las habían dejado en las cuadras, como si siempre hubieran estado allí, con lo que era imposible que Paca, con su cojera, hubiera podido caminar tanto por sí misma. El día 26, ante la policía, Paca declara haber visto a José Pérez Pino, su cuñado, disparar a Francisco Montes, y que su propia hermana intentó asfixiarla para darle muerte. El día 27 el crimen estaba resuelto.

Un año después, José Pérez Pino fue condenado a ocho años de cárcel por asesinar, con tres disparos, a Francisco Montes. La condena de Carmen fue de quince meses por intentar acabar con la vida de su hermana, considerándose homicidio frustrado. Ambos quedaron libres en 1931, beneficiándose José de un indulto al llegar la II República, aunque moriría pocos años después a causa del tifus que pudo contraer en prisión[4]. ¿Y qué pasó con los protagonistas?

El ABC en 1966, y el periodista Antonio Ramos en los años 80, consiguieron algunas declaraciones de quienes vivieron los hechos en primera persona. Casimiro vivía en San José, y Paca en su cortijo del Hualix, casi encerrada de por vida con la única compañía de una sobrina, de sorprendente parecido físico con ella[5], y criticada por todo el pueblo, con lo que apenas salía a la calle.

«Yo no he vuelto a ver a Paca», decía Casimiro en 1985, «El día que pasó aquello me monté en mi mulo y me fui con los míos. Miento… la volví a ver en el juicio». En un reportaje de El País («El luto sigue en Níjar», Ángeles García), se describe a Casimiro Pérez Pino de esta forma: «Tiene 82 años. Sigue trabajando en el campo y, cuando recibe a visitantes con los que no contaba e interrumpen su silencio, dice que está malo, que tiene una úlcera en el estómago. Está sentado en una silla de mimbre bajo el porche de la vivienda. Lleva unas gafas negras para protegerse de la luz y sus dos brazos están apoyados sobre una garrota de madera. Tiene aspecto bonachón. Las arrugas que dibujan su cara son de trazo triste. A través de las oscuras gafas se ven unos ojos que miran hacia el infinito». La periodista no consiguió arrancarle más que varios noes: «No quiere comentar nada de lo que realmente ocurrió. Afirma no conocer a Federico García Lorca, ni el libro Bodas de sangre, aunque se le escapa que la versión teatral es falsa. Y acaba la conversación negándose a ver una foto actual de Paca».

Paca falleció en julio de 1987, a los 87 años de edad, a causa de una arteriosclerosis cerebral. El sacerdote que ofició su misa la despidió con estas palabras: «Era una mujer piadosa. Honrada como una niña recién nacida. Y fuerte para demostrártelo». Así lo relataba para El País el periodista almeriense Antonio Torres, quien tiene en su poder una foto de los protagonistas que guarda como oro en paño hasta que pueda publicar (le prometió a Paca que no lo haría hasta que pasaran los suficientes años desde su muerte): «El entierro de la novia del crimen de Níjar, previsto para las 19.30 horas de ayer, sirvió para que en la población planeara de nuevo la figura del novio real, Casimiro Pérez, de 87 años, que reside en un barrio de Níjar. Desde el día de la boda Casimiro no ha dirigido palabra alguna a Francisca. Pérez vive en la actualidad con Josefa Segura, con la que contrajo matrimonio tras el desengaño amoroso, en una casita baja, situada a escasos metros del mar, en la barriada pesquera y turística de San José. En el cementerio de Níjar, cualquier entierro tiene que encontrarse, a la fuerza, ante la tumba de otro testigo, muerto a cartuchazos durante el día de la boda. Se trata, sin duda, del joven Francisco Montes, que se fugó con su prima Francisca horas antes de que ésta contrajese matrimonio con Casimiro Pérez que desde ayer es el único protagonista real vivo de aquella tragedia, inmortalizada por Federico García Lorca en su obra Bodas de sangre».

Casimiro murió en 1990, con 92 años. Se había casado con Josefa Segura y había tenido hijos[6].

El «tío Frasco», padre de Paca, tuvo que irse del Cortijo del Fraile. Contrajo matrimonio con una mujer de 22 años, muchísimo más joven que él, y tuvo otros dos hijos. Cuentan los rumores que él estaba al tanto de todo y la ayudó a subir a la mula, porque lo único que quería era que fuese feliz y pudiera disfrutar de su amor Dicen que, por miedo al qué dirán, apenas tuvo contacto con su hija Paca después de los sucesos.

El sentimiento de la familia de Casimiro se resume con las palabras de la tía María, que iba a ser madrina de la boda (era sobrina del novio), en 1985: «Perdieron todos, hasta los hijos, que nadie los quería. Yo lo que digo es que eso pasa muchas veces. Entonces y ahora se ha plantao a hombres y a mujeres ya con los muebles de la casa. Pero ella tenía que haberlo hecho antes, y no esperar a unas horas, con todos los invitados en la casa».

Pero lo cierto es que quizá esta sea una de las grandes historias de amor que jamás se han contado, donde se mezclaron intereses económicos, la incultura de la época y no se atendió a los verdaderos deseos de la protagonista, Francisca Cañadas, cuyo corazón latía y suspiraba por su primo Francisco Montes, de quien estaba enamorada desde pequeña. «Dicen que ella lo quería, pero que él no le hacía caso. Bromas entre primos, nada más. Pero las mujeres somos unos pellejos y aquella noche convenció a mi tío para que se la llevara», confiesa Rafaela Montes, nieta de Francisco, que tenía seis años cuando todo sucedió.

Lo cierto es que Francisco murió por amor, y Paca estuvo muerta en vida por lo mismo. «Quiero a Paquita y me la voy a llevar», dijo él cuando se presentó el día de la boda en la puerta del Cortijo del Fraile. Ese fue su crimen. Como el que se está cometiendo en el lugar emblemático donde sucedieron los hechos, que se cae a trozos sin que nadie lo remedie. Como los pedazos de un corazón roto. El tuyo, el mío, el nuestro.

Estudios citados y consultados

Góngora, J., Amor y traición en el Cortijo del Fraile, Ed. Círculo Rojo, 2014.

Sanz, M., «El crimen de Níjar», en VV. AA., Almería, autores del crimen, Ed. Círculo Rojo, 2009.

 

Artículos y entrevistas en prensa

Arocas, D., «El crimen de Níjar», El caso, 22 de octubre de 2014, (ed. digital).

Calvache, V., «Bodas de sangre, la verdadera historia», La Revista (El Mundo), n. 117 (ed. digital).

García, Á., «El luto sigue en Níjar», El País, 21 de julio de 1985.

Margolles, A., «Flaca, dentona y coja. El crimen de Níjar (1928)», La cantera de Babi, 5 de noviembre de 2013, (ed. digital).

Rodríguez, M., «La historia real del crimen de Níjar», La Voz de Almería, 9 de junio de 2015, (ed. digital).

Román, M., «El crimen real de Níjar que inspiro las Bodas de sangre de Lorca», Libertad Digital, 18 de agosto de 2016, (ed. digital).

Torres, A., «La novia de Bodas de sangre falleció en Níjar», El País, 10 de julio de 1897.

[1] Hay una versión menos novelesca en la que la cojera se explica por la polio, enfermedad que pasó Francisca cuando tenía tres años de edad, pero Consuelo, otra hermana de Paca, confesó a un medio de comunicación que, siendo un bebé en la cuna, su padre le dio un «crujido» en el culo y le sacó el hueso de la cadera.
[2] Francisco Montes fue enterrado en el cementerio de Níjar y, durante muchísimos años, nunca le faltaron flores a los pies de su tumba. En el lugar donde cayó muerto había un montículo de piedras con una cruz hasta hace pocos años.
[3] Las crónicas de la época hablaban de Francisco Montes como un muchacho noble, extremadamente guapo, sin personalidad y muy atado a su madre.
[4] Dicen que nada más salir de la cárcel, Carmen fue a pedirle perdón a Paca y esta la perdonó con la única condición de no volver a verla más. Joaquín Pérez Cañada, hijo de los autores del crimen, hizo unas esclarecedoras declaraciones a la prensa de la época: «Yo tenía unos ocho años y estaba allí, en el cortijo, pero no sé nada. Mi padre era un hombre muy recto, de los de antes… Hizo lo que hizo y se lo llevaron a la cárcel de Cartagena. Después de unos años volvieron al Fraile y estuvieron viviendo y trabajando allí. La Coja ha vivido en ese cortijo de enfrente hasta que se murió, pero yo no me he cruzado nunca con ella. Ni mi madre tampoco. Nunca volvieron a hablarse».
[5] La sobrina, de nombre Paca, tenía los característicos dientes «de conejo» como su tía. Y tuvo una hija, a la que también llamó Francisca, que heredó su aspecto físico.
[6] Josefa, en 1985, declaró en la mencionada entrevista a El País que se había encontrado a Paca una vez, yendo con su hija en una mula. Al parecer, Paca le pediría ayuda para cargar un bulto y Josefa accedió, aunque le miraba la niña con envidia. También confiesa que Casimiro jamás ha querido hablar de lo ocurrido, ni siquiera con ella, aunque comprarían el romance popular que poco tiempo después se difundió, para ver lo que la gente contaba de aquello.

Read more

Misterios de Almería

Las ánimas benditas de Adra – Leyendas de Almería

En la Rambla de las Cruces de Adra hay un rincón especial. Sea la hora que sea, esté lloviendo o haga viento, seguramente encuentres una fila de personas esperando junto a un pequeño santuario. Quieren rendir culto a las ánimas benditas mediante oraciones y ofrendas. Estas últimas van desde las típicas flores o garrafas de aceite para mantener viva la llama “de las mariposas”, hasta velos de novia, botellas de champán o incluso cruces de ataúdes.

Las personas piden cosas y las ánimas las conceden. A cambio, se debe cumplir lo prometido. Como si fuera un sobrenatural acuerdo entre un vivo que tiene un problema y un alma difunta que está en el purgatorio y necesita llegar al Cielo por medio de la luz que le puedan proporcionar.

Tradición
Este culto proviene de la Edad Moderna, tras la Reconquista cristiana, y se acentúa a partir de los dictámenes de Felipe I y Felipe II. En Adra, el historiador José Albarracín establece que a finales del siglo XIX había una hermandad en la población que se dedicaba a pedir dinero, puerta a puerta, para las ánimas benditas. Iban totalmente vestidos de negro y algunos vecinos les tenían miedo, sobre todo porque si alguien rehusaba dar la limosna requerida, eran agraviados con amenazas e invocaciones al más allá. En la actualidad existen tres ermitas: la de La Alquería, edificada por los dueños de la fábrica de azúcar que había allí, de finales del s. XIX; la que regenta Manuel Fernández, un conocido vecino, y la de la Rambla de las Cruces, cuya historia también tiene que ver con lo extraño.

Las ánimas
Una abderitana, Ana Espinosa, encuentra las ruinas de lo que parece ser una ermita mientras caminaba sollozando durante la Guerra Civil española. Ante el hallazgo imploró al cielo y pidió que si su hermano y su padre volvían de la contienda sanos y salvos, levantaría allí una ermita. Así empezó todo.

Las peticiones que se realizan pueden ser de cualquier tipo. Las más curiosas tienen que ver con el despertar de las personas, pues dicen que en Adra no hace falta reloj. Basta con rezar a las ánimas antes de acostarse, y ellas te despertarán a la hora deseada. Así nunca olvidarás una cita importante. Manuel Fernández, ‘el de las ánimas’, siente un profundo fervor hacia el fenómeno. “De pequeño recuerdo cómo mi madre, que era sorda, escuchaba el sonido de los golpes en la puerta de nuestra casa, como si alguien la llamase. Cuando abría, no había nadie, pero se encontraba las mariposas apagadas. Era un aviso de que tenía que encenderlas. Las ánimas no pueden quedarse sin luz”.

En otra ocasión, un vecino de la familia de Manuel vio en su casa a una mujer, vestida de negro, sentada en una butaca; mujer que se desvaneció en la nada cuando este vecino intentó mediar palabra con ella. Y es que si la persona no cumple su cometido, las ánimas benditas pueden emprender represalias. La más conocida, a la vez que temida, es la del llamado “Santo Entierro”. Esta comitiva de mujeres está comandada por una anciana. Van vestidas de negro y llevan largos velones. Si te las encuentras, no las puedes mirar a la cara. Debes arrodillarte y rezar.

Testimonios
En una ocasión, un joven del pueblo injurió sobre la ermita y las propias ánimas. Desde ese día, en su casa notaba bajadas de temperatura, “como un frío extraño que iba y venía”. Los fenómenos se agravaron hasta el punto de que las ventanas se abrían y cerraban solas, con excesiva virulencia. A instancia de un amigo, el joven fue a pedir perdón a la ermita, y los sucesos extraños cesaron.

Como vemos, muchas de estas historias rozan lo imposible. Usted no tiene por qué creerlas, es posible que algunas no sean ciertas, pero no podemos obviar que forman parte de la vida y la sociedad de Adra. Debemos rendirnos ante un fenómeno que no entiende de países ni religiones. Es frecuente ver a musulmanes llevando ofrendas, y también a ortodoxos. Si siente curiosidad, acérquese a la Rambla de las Cruces y descubra lo mágico de un lugar que traspasa fronteras.

 

Si tenéis más curiosidad sobre el tema, hicimos un reportaje para Cuarto Milenio que podéis ver en este enlace:

https://www.mitele.es/programas-tv/cuarto-milenio/57b0cbadc915dac0728b46b6/player

Read more