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Misterios de Almería

La curiosa historia de Bernardo, el “animero” de Laujar – Leyendas de Almería

La figura del animero, caracterizada normalmente por un varón de baja clase social, fue especialmente popular en algunos pueblos almerienses durante el siglo XVIII. Estos personajes estaban en contacto con las ánimas de aquellos que no descansaban en paz por tener un cometido pendiente en el mundo terrenal, cual moderno Caronte, e incluso había quien tenía un trato directo con la muerte, que le avisaba días antes sobre la persona o personas que iban a morir en la población, causando el pánico, como es lógico, de cualquier vecino al que se acercara.

Bernardo
Este caso, exhumado por el antropólogo Juan Blázquez Miguel, merece la pena ser recogido en cualquier estudio de este tipo, sobre todo por su condicionante supersticioso y lucrativo ante la normal ingenuidad de esa época. La historia no tiene desperdicio alguno.

En 1739, uno de los “señoricos” de Laujar, Cristóbal Ramírez, contrata a un labrador llamado Bernardo Bentaja, procedente de Benejí. Parecía un hombre formal y trabajador, que poco a poco se fue ganando el cariño de los vecinos y de la familia de su propio jefe.

Al poco tiempo, empiezan a correr rumores sobre los místicos poderes de Bernardo, cuyas capacidades le llevan a predecir quiénes iban a morir en el pueblo, o contactar con quienes estaban el Cielo o en el Infierno. Este personaje, en presencia de otros, entraba en un llamativo éxtasis que le provocaba cambios en el color de la piel, le agarrotaba las manos y le transformaba el color de los ojos. Sus paisanos, atemorizados por sus particulares facultades, le permitieron privilegios como el no trabajar o poder participar en jornadas de cacería.

Rumores
Bernardo aprovechó la popularidad que sus prodigios le habían concedido, para hacer sus pinitos en las artes amatorias con las mujeres del pueblo. Les prometía casamiento para llevárselas al río, desentendiéndose después de ellas tras haber consumado.

A pesar de la mala fama que consiguió por los rumores de sus escarceos amorosos, consiguió que su amo se empeñase en casarlo con una de sus hermanas, Gabriela Ramírez, veintiocho años mayor que él. Pero antes debía “curarse” de su don, siendo encarcelado para ello por los frailes del convento de Laujar durante una buena época en la que fue objeto de diversos exorcismos y palizas varias. Este calvario dura hasta que una voz de ultratumba le dice que la mujer del “señorico” está endemoniada, y que el único remedio es que Bernardo se acueste con ella. Tal fue el convencimiento en la realidad de esta afirmación, que sus propios familiares le prepararon un lecho más parecido al de la realeza, acompañándolo entre cantos y letanías para que pudiese desembrujar a doña Antonia con total impunidad. Este episodio, unido a diversos encuentros con mujeres del entorno, hace que el clero denuncie a Bernardo ante la Inquisición, acabándose aquí, que sepamos, las fechorías de este peculiar personaje que afirmaba estar en contacto con los muertos.

¿Acaso creían ustedes que siglos atrás no había estafadores ni gente que se aprovechaba de las creencias o de la incultura de los demás?

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Leyendas de Almería: Los mártires de La Alpujarra

La rebelión de las Alpujarras está en la mente de todos los almerienses. Seguramente fue uno de los episodios más sangrientos de la nuestra historia. Los testimonios que nos han quedado escritos de aquel acontecimiento son escalofriantes. Cualquier otro adjetivo se quedaría corto, especialmente si nos centramos en la navidad de 1568, fecha en la que la gente de los pueblos estaba en iglesias y casas, desprevenidos, algo que aprovecharon sus enemigos  para cogerlos por sorpresa.

Niños
Huyendo de este infierno, un grupo de 30 niños salen de Berja con destino a Laujar. Cuando les faltaba menos de un kilómetro para llegar, una cuadrilla de moros salió a su encuentro. Los chavales, que en su mayoría no rebasaban los diez años de edad, decidieron arrodillarse y rezar. No tenían otra salida. Sólo les quedaba esperar un milagro. El mayor de ellos pide a los demás que lo sigan hasta un aljibe cercano, donde se sube e implora a Jesucristo revivir su martirio. Pero ni lo humano ni lo divino pudieron evitar el trágico final: los 30 niños fueron degollados a sangre fría. Y, por si fuera poco, sus huesos fueron arrojados al propio aljibe.

Luminarias
Según los cronistas de antaño, de ese lugar surgían algunas noches extrañas luminarias que sobrevolaban los campos muy lentamente, como si fuese una procesión. Así lo testifica Vicente Cerdán, vecino de Laujar, que en 1668 afirmó que las luces se dirigían a la ermita de San Sebastián. Ese mismo año, el abad de la colegiata de Ugíjar, Luis Quijada de Salcedo, confiesa haber quedado paralizado cuando en un camino se topó con esta comitiva del más allá. El labrador Miguel López, estando con los bueyes en el campo, percibió a media noche la misma procesión de luces antes descrita. Él relacionó esto con las almas de los mártires y rezó por ellos. En ese momento, todas menos una se amortiguaron y fueron lentamente hasta la ermita, la rodearon, y volvieron al aljibe hasta que se apagaron. El mismo recorrido hicieron las luminarias en otra ocasión, ante los ojos de Catalina Ruiz y sus amigas, que volvían caminando desde Alcolea.Al parecer, el fenómeno cesó cuando se excavó en el barranco y los huesos de los niños fueron llevados a la iglesia de Berja. Lamentablemente, estas reliquias hoy no se conservan. En ese templo, por cierto, se obró otro hecho sobrenatural en la misma época. Según nos relata el historiador Justino Antolínez, unos cristianos estaban prisioneros allí, contando los minutos que quedaban para su fatal desenlace, cuando «entró por la ventana un tan gran resplandor y tanto tiempo, que juzgaron haber puesto los moros fuego a todo el pueblo». El sacerdote, Francisco Juez, pidió a sus compañeros cautivos que se mantuviesen firmes, pues aquel resplandor nada tenía que ver con las llamas, sino con una señal divina que les garantizaba el descanso eterno. Y así quisieron dejarlo escrito los testigos del prodigio.

Bayárcal
Años después de la contienda, en 1667, un vecino de nombre Juan Muñoz, venido de tierras cántabras para ejercer el oficio de sastre en busca de una vida mejor, juraría sobre la Biblia que el día 24 de diciembre a la medianoche vio «una cruz, detrás de la cruz un pendón, y detrás le seguían cuatro luces que se apagaban y se encendían». En un primer momento pensó en el cura del pueblo, quien solía aprovechar las noches para visitar a los enfermos, pero cuando estuvo a solo quince pasos de ellas, pudo comprobar que nadie las portaba. Juan Muñoz corrió a su casa mientras que las luces se elevaron, dirigiéndose hacia la torre de la iglesia. El licenciado Salvador Dorador también pudo verlas en otra ocasión, revelando este que en ese mismo lugar habían asesinado a varios cristianos inocentes.

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Misterios y leyendas de Laujar

Si hablamos de lugares donde están presentes las historias que tienen que ver con lo extraño, lo legendario y lo enigmático, seguramente Laujar merece una mención especial, ya que estaría en la parte alta de cualquier ranking de esa índole.

Historias de aparecidos, leyendas urbanas, un particular bestiario o inquietantes luminarias que sobrevuelan sus campos son las joyas de la corona de estos relatos que mezclan fantasía con realidad, y sugestión con vivencias reales. Pero hoy sólo nos vamos a detener en algunas de ellas, las que están más presentes en el imaginario popular de sus gentes.

Enterramientos
Inevitablemente debemos detenernos en todo lo relacionado con la muerte y su culto, y el cementerio es parada obligatoria en ese macabro viaje. No solo por la estética de algunas de sus tumbas, sino por las leyendas que fluyen de ellas. La situación geográfica de este camposanto hace aún más interesante la visita si nos atrevemos a caminar por él después de que el sol se haya escondido. Sobre todo, si conoces los rumores que tienen que ver con rituales de brujería llevados a cabo a principios del siglo XX. Al menos eso fue lo que describieron algunas mujeres que, en medio de sus rezos y oraciones, se encontraron con diversas personas vestidas con túnicas negras y prominentes capuchas, que estaban sentadas en el suelo del cementerio, cogidas de la mano, mientras cantaban en un idioma ininteligible.
Esa misma estampa la presenció un molinero del pueblo, junto al Nacimiento. El valeroso vecino se acercó a aquella reunión de brujas para ver si conocía a quienes la estaban llevando a cabo. Sus hijas cuentan que recibió tales amenazas que jamás quiso revelar la identidad de aquellos siniestros personajes.

Cortijo
Los comentarios se acrecentaban en el pueblo, por lo que muchos tenían miedo de salir a pasear por la noche. No querían encontrarse con una de esas reuniones satánicas. En una ocasión, el dueño de un cortijo denunció el robo de un choto, y algunos testigos comentaron que en una casona que hay en la carretera de Paterna, en Molero, vieron a varias personas en el tejado danzando y cantando, semidesnudos, haciendo un extraño ritual con el animal. Había hombres y mujeres, y cuentan las malas lenguas que muchos de ellos pertenecían a la alta sociedad de la época. Personas adineradas y de la política que aprovechaban la impunidad de la noche y el miedo de los vecinos para llevar a cabo sus macabros impulsos.

Gigantes
Sin alejarnos mucho de allí, quiero señalarles un lugar relacionado con los enterramientos: el conjunto de tumbas que hay en la cuesta del Calache, debajo de la Villa Turística. Están cortadas por el talud de la carretera y no se escapan a leyendas de tesoros y apariciones. Seguramente se trate del cementerio musulmán de la Alquería de Hormica. Tampoco quedan si su ración legendaria la llamada ‘tumba del gigante’, en este caso cerca de la sierra de Gádor, en la zona de Caparidán (al lado de la balsa, junto al camino). Rodeada de restos romanos, es una espectacular estructura formada por piedras de varias toneladas. La leyenda nos transmite que allí vivían dos gigantes, en tiempos inmemoriales, que luchaban tirándose esos grandes bloques de piedra. Actualmente, cuando nieva, los ancianos comentan a sus nietos que son los gigantes de antaño quienes se pelean tirándose bolas de hielo.

Luces
Es frecuente que los lugares en los que se encuentran restos arqueológicos se asocien también a la presencia de luces que sobrevuelan esos campos en plena noche. En esa zona de Laujar, algunos vecinos aseguran haberlas visto, principalmente el Día de Todos los Santos.

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