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Firma de ejemplares en Librería Picasso

Ayer me lo pasé en grande firmando ejemplares de mis títulos en Librería Picasso. Reencuentro con buenos amigos y comprobación de que la lectura está en su mejor momento! Las colas en la librería eran increíbles. Os dejo alguna foto.

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Misterios de Almería

El encapuchado de la calle Restoy

La joven regresaba a casa con paso ligero. La noche estaba a punto de caer y la penumbra comenzaba a invadir algunas calles. Ella no quería que se hiciera más tarde ya que los rumores se estaban acentuando en los últimos días. Últimamente varias vecinas se habían encontrado con ese ser al que los niños bautizaron como “el fantasma encapuchado”. Cuando la muchacha se disponía a cruzar la última esquina antes de llegar a la calle Restoy, alzó la mirada y observó algo extraño a lo lejos. No podía distinguir muy bien lo que era, pero parecía una figura alta, ensotanada, que la miraba firmemente desde la otra punta de la calle. Una extraña sensación invadió el cuerpo de la joven, que no pudo hacer otra cosa que poner la vista en sus pasos y acelerar el ritmo. Aunque no podía ver con claridad de quién se trataba, ella sabía que no era alguien del barrio. ¿Qué vecino vestía con esos largos ropajes, además de taparse la cabeza con una capucha? Ninguno. A medida que avanzaba por aquella interminable calle, nuestra protagonista dudaba incluso de si esa extraña figura pudiera ser humana. Hasta el momento en el que la tuvo de frente, no había hecho mucho caso a las habladurías de sus sobrinos cuando, atemorizados, le contaron que habían visto a un hombre muy raro, parecido a un fantasma, que llevaba un saco al hombro y se vestía con una túnica negra. Pero ya era tarde. Lo tenía a unos cinco metros y ahora sí que lo distinguía claramente. Cuando intentó mirar su rostro, un extraño frío recorrió su cuerpo. No tenía cara. Bajo la capucha no se veía absolutamente nada. Además, parecía que flotara en el aire. Tampoco se le distinguían los pies a pesar de que ella lo había visto caminar tras de sí. La reacción de la chica fue la que habríamos tenido la mayoría de nosotros: gritó despavoridamente. Quizá esto fue lo que alertó al supuesto fantasma, que en décimas de segundo había desaparecido.

 

Este podría ser uno de los episodios que se vivieron a finales del s. XIX en una conocida calle de Almería, la calle Restoy. Al parecer, durante unos años el vecindario estuvo aterrorizado por la presencia del ser anteriormente descrito, que se mostraba sobre todo ante mujeres y niños. El lugar era propenso para este tipo de historias ya que alrededor de la calle había senderos y secanos prácticamente desiertos hasta llegar al cerro de las Cruces, por un lado, y a la zona de la Fuentecica, poco transitada, por otro.

 

La primera noticia de esta aparición me llega de la mano del reconocido historiador Eduardo del Pino, quien la publica en su libro Los años vividos. Según cuenta, era tal la obsesión y el miedo de quienes vivían entre la plaza del Quemadero y los alrededores de la Plaza de Toros, que incluso el concejal encargado del distrito hizo una propuesta a la corporación para que se reforzara la presencia de serenos por el lugar, especialmente en las noches más oscuras que era cuando más se había visto al famoso fantasma quien, además, había perpetrado algún que otro robo farol en mano y saco al hombro.

 

Los niños ya no querían salir a jugar por las noches, y las mozas evitaban caminar solas cuando la tarde empezaba a caer. Toda esta incertidumbre duró hasta que tuvo lugar la noticia que el diario La Crónica Meridional recoge en su edición del 28 de enero del año 1900: Un hombre había hecho frente al fantasma y había conseguido ahuyentarlo.

La noche del 26 de enero era más cerrada de la cuenta, por lo que todo indicaba que el misterioso encapuchado haría acto de presencia. Un vecino, harto de los constantes robos que se habían producido y que se achacaban al fantasma, decidió esperarle oculto en el huerto de Jaruga (el lugar donde más veces se le había visto), armado con un revólver de seis balas.

El momento llegó cuando varios niños se encontraron con la inquietante figura ensotanada y comenzaron a gritar. En estas apareció el valiente vecino que, pistola en mano, amenazó al fantasma. «Como vuelvas a molestar por aquí, te vacío el cargador en la cabeza». Y no tuvo que decírselo dos veces. Jamás se volvió a ver a un fantasma que tenía más de vulgar ladrón que de ser del más allá.

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Misterios de Almería

Los primeros casos de fantasmas en Almería

Creo que no me equivoco si les digo que la primera vez que se habló abiertamente de un “fantasma” en Almería fue en 1895, concretamente en el mes de septiembre. Fue muy sorprendente para mí encontrar esa palabra como titular en una página del diario La Crónica Meridional. Y la escribían en cursiva, conscientes de su importancia, sabedores de que quizá estaban traspasando los límites de lo periodístico. «Hemos oído decir que desde hace días pasea por la noche las calles laterales a la de las Cruces un fantasma que trae atemorizados a algunos de aquellos vecinos». Valientes escribanos que se despojaban de sus tapujos para hablar abiertamente de algo que hoy, en pleno siglo XXI, parece que todavía sigue costando publicar. Además, acompañaban la noticia con una de las típicas coplillas de la época[1]:

 

Tan quiméricos temores

                                    en la calle de las Cruces,

                                    extrañar hacen, lectores,

                                    en… el siglo de las luces.

 

Esto me hizo recordar a otra leía al Padre Tapia en su libro Almería, piedra a piedra, en concreto para referirse a supuestas apariciones en el barrio de Los Molinos:

 

No pases por la Mezquita,

                                    ni atravieses por el Diezmo,

                                    mira que de noche salen

                                    las brujas y los engendros.

 

El 29 de noviembre de 1912 de nuevo ese fascinante titular en la prensa de Almería. En esta ocasión fue El Popular quien hablaba de «El fantasma». El Campo de Regocijos era el lugar donde varias personas habían detallado encuentros con un ser completamente cubierto por una túnica blanca. Un señor aseguraba habérselo encontrado el día 12 en una esquina de la calle de las Cruces (¿tendría algo que ver con el caso anteriormente relatado?), siendo perseguido por el espectro hasta que consiguió despistarlo en un soportal. Otro hombre afirmaba que el fantasma llevaba un revólver encima, lo que nos hace situarlo más en el mundo de los vivos que en el de los muertos ya que, de lo contrario, sería el primer caso conocido a nivel mundial en el que un espíritu porta un arma de fuego. Lo más curioso de todo es que el redactor de El Popular, a raíz del último testimonio, ponía nombre al fantasma: Manuel. Amigo de otro joven del mismo nombre y González de apellido. Este último rondaba a una chica que se había instalado en la calle de la Encantada, frente a la huerta de las pencas, mudándose desde Lorca con su familia unos meses antes. El otro Manuel, celoso del amor furtivo de su amigo con la joven, se escondía en una esquina, echándose sobre su cabeza una capa forrada de blanco y ayudándose con un bastón para proveerla de la altura suficiente para que pareciese, desde lejos, un alma en pena. Así espantaría a Manuel González y tendría vía libre para conquistar el corazón de la lorquina.

Sinceramente, desconozco el desenlace de esta historia, pero sirve de ejemplo para proponer lo que he intentado mostrar en mis investigaciones: No es oro todo lo que reluce, y la mayoría de estos fenómenos seguramente tengan una explicación racional. Quizá no hoy, quizá tengan que pasar varios siglos, pero no pierdan el horizonte con estos temas. De este en concreto extraigan lo más importante. Que ya en el siglo XIX la prensa almeriense se aventuraba a tratar algunos temas que hoy siguen escandalizando a más de uno. Es para hacérnoslo mirar.

 

[1] “La Crónica Meridional” (14/09/1885)

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Misterios de Almería

La reina mora de Pechina – Leyendas de Almería

Existía en Pechina una finca llamada Alcora, en una elevación cercana a la estación de ferrocarril de Sierra Alhamilla. El padre del cronista almeriense Joaquín Santisteban compró el terreno dispuesto a edificar un cortijo. Cuando estaban con los cimientos, encontraron un ataúd de metal que contenía restos humanos envueltos en unas telas tejidas con hilo de plata. También había diversas joyas entre las que destacaba un pequeño anillo de oro. Es lógico pensar que aquellos huesos pertenecían a alguna mora rica, pero los vecinos comenzaron a fantasear con ánforas llenas de oro y alhajas, y con el espectro de una reina mora que había aparecido incorrupta. Nada más lejos de la realidad, pero así funcionan las leyendas. La familia Santisteban decidió volver a enterrar el féretro y seguir con las obras, olvidando completamente el asunto. Solo ellos, porque la historia ya se había propagado. Años después, los más viejos del lugar hablaban de los gritos que se escuchaban en plena noche por la zona de la cañada de Palenzuela, y de una sombra que aparecía de entre los escombros del Cortijo del Maestro. Algunos decían que iba vestida como la Virgen, pero todos coinciden en que hacía un lento recorrido que terminaba en la ermita de San Ildefonso, a la puerta del cementerio cristiano. El punto álgido de la leyenda tiene lugar la noche del 25 de diciembre de 1879, cuando muchos vecinos que celebraban la Navidad en la calle, pudieron ver gracias al reflejo de la luna, la silueta de esa reina mora coronada con flores de azahar mientras resplandecía su traje de plata. Un hombre corrió con su perro y una escopeta para intentar detener a la aparición, pero no fue capaz. El miedo se apoderó de él y de su fiel amigo, testigos de cómo se desmaterializó a las puertas del cementerio. Joaquín Santisteban apunta que esa misteriosa mujer volvió a presentarse en, al menos, otras dos ocasiones: en 1885 y en 1893, originándose una coplilla que ha perdurado hasta hoy:

 

Dichosa Alcora

que tienes encantada

a la reina mora.

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