enigmas Almería Tag Archive

Sin categoría

Firma de ejemplares en Librería Picasso

Ayer me lo pasé en grande firmando ejemplares de mis títulos en Librería Picasso. Reencuentro con buenos amigos y comprobación de que la lectura está en su mejor momento! Las colas en la librería eran increíbles. Os dejo alguna foto.

Read more

Misterios de Almería

El mal llamado “Sol de Portocarrero”

Alguna vez he hecho rutas por las calles de Almería narrando a los asistentes las historias ocultas que se esconden en ellas, y todos me han mirado extrañados cuando les he dicho que el sol que aparece como emblema imponente en el muro absidal es el “Sol de Villalán”. La historia más o menos sería así: En 1969, el alcalde de Almería, Francisco Gómez, en su afán por promover el turismo almeriense (“Costa del Sol”), crea el galardón “Sol de Portocarrero” y se lo entrega al director de la compañía aérea Iberia en agradecimiento por inaugurar el avión “Ciudad de Almería”. Serían varias las personalidades agraciadas posteriormente con este honor, como Juan Antonio Samaranch. Esto se cortó en 1970[1]. Efectivamente, el obispo Portocarrero tenía un sol dentro de su escudo, pero muy distinto al de Villalán (que nada tiene que ver con la heráldica). Además, el de Portocarrero tiene solo 16 rayos (frente a los 36 del de Villalán), y estos están unidos a la línea de la cara (si nos fijamos en el de la catedral, veremos que un círculo los separa). ¿Entonces por qué Villalán puso este sol en la catedral? Algunos afirman que es llamativo ver un símbolo pagano en un lugar cristiano, pero nada tiene que ver con eso. Simplemente pretendía mostrar el renacer del Cristianismo representado con un sol mirando a oriente, cuyos rayos serían los que nos iluminasen en el nuevo camino de la fe. En la Biblia existen numerosas citas que aluden al sol como símbolo de Jesús. Misterio resuelto gracias a la multitud de historiadores como el Padre Tapia, Juan Oña, Juan López Martín o recientemente Emilio Esteban Hanza.

[1] “El Sol de la catedral es de Villalán”, Emilio Esteban Hanza (16/01/2014, Diario de Almería).

 

Read more

Misterios de Almería

Historia de aparecidos

Cuando se habla de apariciones, de sombras en la noche, de espectros en las carreteras, lo lógico en pensar en una figura. A lo sumo dos o tres. Como la que se muestra en Fiñana, en el camino de la estación, algunas noches de luna llena. Justamente en la “higuerilla loca” mucho se han topado con un hombre oculto bajo su levita de color oscuro, que hacía señas para que los caminantes se acercasen a la mesa que estaba a su lado, en la que había un candelabro con las velas encendidas, una pluma y un libro. Dicen que quien se acercaba a curiosear, moría a los pocos días ya que lo que el extraño individuo estaba escribiendo, no era otra cosa que el testamento del que por allí pasaba.

O como el espectro que se sigue apareciendo en los baños romanos de Velefique. Ya lo contaba siglos atrás el escritor Balafiquí, y aún hoy más de uno se ha llevado un buen susto cuando paseaba tranquilamente por esa zona. Los musulmanes creían que los “yinns” (duendes) aparecían en los molinos y en los baños. Según el testimonio que el propio Balafiquí inmortalizó en un documento, él estaba tomando un baño cuando se apagó la luz. Fue entonces cuando notó la presencia de alguien que poco a poco se le acercaba. Para ahuyentarlo, invocó al espíritu del célebre califa Al-Mamún, consiguiendo así que la luz de la velas se encendiese de nuevo.

Como ven, un solo personaje en cada una de las apariciones que les relato, por eso no deja sorprenderme la leyenda que tiene que ver con nada más y nada menos que los veinte fantasmas de otras tantas mujeres que dicen haber visto en el pueblo de Ohanes.

Como ya sabemos, poco tiempo después de la conquista de Almería por parte de Alfonso VII, nuestra provincia volvió a quedar en manos de la dinastía Nazarita. Algunos cristianos tuvieron que ocultarse en pueblos en forma de mozárabes o de renegados, como es el caso de las veinte familias de Ohanes que protagonizan la siguiente historia.

Un sucesor de Nassar, mujeriego y avaricioso a más no poder, quiso aumentar su harem particular con las jóvenes más bellas de esas tierras. Curiosamente, cada una de esas familias tenía una hija, a cual más preciosa, por lo que emisarios de Nassar acordaron con los padres de las chiquillas una compraventa. Ellas no estaban de acuerdo, primero por sus creencias cristianas y después por el recelo ante el futuro que les esperaba. Es por eso que se negaron. Cuando Nassar se enteró, mandó ejecutar a las veinte doncellas de la forma más cruel posible: Fueron empaladas con total salvajismo. Cuando caminaban hacia su martirio, la más pequeña se giró ante el rey y le lanzó una maldición. «La mayor riqueza de la cristiana es la virtud, y la mejor corona la del martirio. No acabarás con nosotras». La amenaza ha debido permanecer tantos siglos después cuando algunos vecinos afirman haberse encontrado en plena noche, cuando subían por la carretera que lleva al pueblo, con una procesión de veinte figuras ensotanadas que, cabizbajas, caminan lentamente.

 

En este caso no es uno, sino dos los humanoides que aparecen en una de las rotondas entrada al pueblo de Benahadux. La historia se cuenta desde hace muchos años, pero es muy difícil conseguir un testimonio directo. «Dicen que mucha gente los ha visto, sobre todo en las noches de verano», fue la máxima confesión que pude arrancar a uno de los vecinos en mi primera incursión en busca de la realidad de un fenómeno que cada vez es más conocido. A pesar de mi insistencia, seguía pinchando en hueso. Pero cuando estaba a punto de rendirme ante la posibilidad de que aquella historia fuese una leyenda, el destino hizo que, por otro motivo, conociese a Conchi y a Juan. Ellos, en julio o agosto de 1989, tuvieron la mala suerte de toparse con estas dos figuras que parecían salidas de una pesadilla. Siendo aproximadamente las dos de la madrugada, volvían a su casa de la capital, cuando divisaron a lo lejos algo extraño: «Eran dos personas muy altas, vestidas con unas sábanas blancas. Al principio pensé que eran unos chavales disfrazados que estaban haciendo el tonto para asustar a los coches», empezó relatando Juan. Él, inquieto, despertó a su mujer, que estaba recostada en el asiento del copiloto. «¡Conchi, Conchi! Mira qué tíos más raros se ven allí». Cuando pasaron cerca de ellos, comprobaron que aquello no podía ser de este mundo, principalmente por una característica: Se elevaron en el aire a varios metros de altura. Así lo recuerda Concepción: «No lo solemos contar porque la gente se ríe, pero te puedo asegurar que íbamos en perfectas condiciones. Mi marido no bebe ni estaba cansado. ¡Es que lo vimos los dos!». Podían tener dos metros o más de alto, y permanecían suspendidos, en vertical, a otros tres o cuatro metros sobre el suelo. «Lo que más nos extrañó fue que se contorneaban, como si estuvieran contorneándose. La cara era rara. Se le distinguía pero tenía aspecto de saco. Algo antinatural. Y las manos acababan en pico. Eso sí, iban totalmente cubiertos de blanco». La impresión que esos dos humanoides causaron en Conchi y Juan dura hasta el día de hoy. Por eso nunca se han atrevido a hacerlo público.

 

No quiero cerrar este apartado dedicado a las apariciones sin mencionar, aunque sea de pasada, una de las más populares de la provincia: la mujer de la puerta azul. Tiene lugar en Sierra Cabrera, en el alto Cúcar (un tajo enorme desde donde se puede contemplar el mar). Allí hay una cueva que, gracias a su composición de granito, da un aspecto semejante al de una puerta azul. Cuentan que en época de batallas entre moros y cristianos, un rey de estos últimos fue acumulando grandes tesoros y joyas que dejó en herencia a su única hija. Esto despertó la envidia de las jóvenes lugareñas, que recurrieron a una hechicera que había adquirido mágicos conocimientos en Estambul y Atenas para que dejase a la cristiana rica encerrada para siempre entre esas rocas. Solo sale una vez al año, cual encantada, concretamente la mañana de San Juan, llevando el dedo sobre la boca ya que, si alguien se la encuentra y le habla, la cueva y los tesoros son para él.

Un rumor nos transmite que un apuesto mozo de Mojácar se la encontró y decidió hablarle, pero el miedo le paralizó. A su lado estaba la maligna hechicera que velaba para que nadie se acercase a la joven para liberarla de su encantamiento. El muchacho quedó petrificado para siempre y es uno de los peñones que también se puede admirar desde ese mágico lugar.

Read more

Misterios de Almería

Los enanos de Vera – La Almería extraña

Sólo con el título, seguro que a más de uno se le ha esbozado una sonrisa. Y no es para menos, pero el gran investigador sevillano Juan de Mena, recoge a estos singulares seres. A pesar de que en Andalucía no son habituales las creencias sobre enanos y/o gnomos, al parecer en Vera existe un lugar, camino a Cuevas de Almanzora, conocido como “El Zorzo”. Comentan los vecinos más longevos que, en algunos atardeceres, aparecen unos extraños enanos que tienen como misión acompañar a las buenas personas que pasan por allí en dirección a una fuente cercana, para protegerlos de cualquier peligro. De igual modo, si alguna persona malvada camina por el lugar, estos personajillos les impiden el paso.

Read more

Sin categoría

Ruta por las casas encantadas de Almería capital

En todas las ciudades hay casas que, principalmente por su aspecto (deterioradas, abandonadas, deshabitadas…), son punto de partida a leyendas y rumores relacionados con fantasmas, apariciones espíritus. Muchas veces estas historias son fruto de la invención y de la desinformación, en parte debido a la transformación de unos hechos concretos a medida que se van contando de unos a otros; pero también es cierto que algunos de esos lugares encierran tras sus paredes terribles secretos. Quiero darles una vuelta por algunos de estos edificios que se esconden en la capital, disimulados a veces por el ritmo frenético de la vida que llevamos.

No se me ocurre mejor lugar para empezar este singular recorrido, que la calle “Los Duendes”. Allí, haciendo esquina con la calle Hospital, encontramos un caserón de los que, por desgracia, cada vez van quedando menos en Almería. No sabemos si es por su situación (muy cerca de la Catedral) o por la soledad que se respira en esas callejuelas cuando cae la noche, pero es cierto que el edificio parece transmitirnos una sensación extraña. Entre el vecindario, y también por Internet[1], corren rumores referentes a que todo aquel que alquila la mansión, termina abandonándola debido a los fenómenos paranormales que ocurren dentro de ella. Desde movimiento de objetos hasta los habituales “raps”, pasando por puertas y cajones que se abren y cierran a su antojo, como si tuviesen vida propia. Tal fue la magnitud de estos sucesos, que hay quien afirma que la propia Iglesia envió a un exorcista para hacer un ritual de purificación en la vivienda. La verdad es que en los archivos eclesiásticos que he podido consultar no hay ni rastro de ello, lo que nos invita a pensar que los hechos han sido inventados o manipulados, aunque el paso del tiempo haya contribuido a su difusión. Como no quería quedarme con la duda, recurrí a Eduardo del Pino, la persona que más sabe sobre las calles de Almería, quien acabó por confirmar mis sospechas. La casa tiene poco o nada de encantada. «La vivienda estuvo habitada por familias de la burguesía local como Talaveras, Rodas y Spencer. La gente la llama “la casa de los Duendes”, y muchos piensan que es porque allí sucedieron cosas extrañas, pero no es así. Es porque la parte lateral daba a la calle de ese nombre. No hay nada de misterio en ella».

Al propio Eduardo del Pino le debemos también la siguiente historia. Él fue el primero en hablar de uno de tantos caserones olvidados que habitan el centro de Almería. Aún hoy, si nos situamos frente a él en la plaza Marín, podemos intuir el esplendor que atesoró tiempo atrás a pesar de que con su reciente restauración ha perdido parte de su magia. Como dice el historiador almeriense, no hay indicios que nos revelen por qué se bautizó a esta mansión construida en 1850 con el inquietante sobrenombre de “la casa de los fantasmas”. Siempre ha pertenecido a una familia que les sonará si leyeron mi anterior obra, La Almería Extraña, concretamente el capítulo dedicado a la casa de las dos torres de Benahadux. Les hablo de los Godoy y de los Ametis. En la posguerra sus propietarios fueron Alberto Ametis García y Dolores Godoy Massa, que vivían allí con sus hijos María Dolores, Alberto y Mari Carmen.

La explicación a esta singular denominación seguramente la encontremos en las múltiples leyendas e historias de duendes y espíritus que envuelven esa parte de Almería. La cercanía a la Plaza Vieja y al Cerro de San Cristóbal induce a ello. A finales del s. XIX, esas calles eran testigo de amores prohibidos y de encuentros sexuales clandestinos (no hay que olvidar que había una importante zona de prostitución cerca de ahí), por lo que ni mucho menos hay que descartar que este tipo de rumores fueran propagados con la intención de alejar a los curiosos y así permitir que los conocidos escarceos sentimentales quedasen para siempre en el anonimato.

Hacemos ahora una breve parada en la plaza Julio Alfredo Egea para detenernos frente al Instituto de Estudios Almerienses. Este edificio historicista del s. XIX, hoy rehabilitado, está ubicado sobre un solar en el que la arqueóloga Rosa Morales Sánchez documentó fragmentos de utensilios cerámicos de época romana, una red de suministro de agua y baños públicos del S. XIII así como restos de construcciones privadas de los s. XIV y XV, y objetos pertenecientes a la familia de Diego Alarcón Moya, últimos propietarios (actualmente se conserva la fachada). Del IEA también se cuentan historietas relacionadas con la aparición de un extraño personaje vestido de negro que tuvo en vilo a algunas limpiadoras durante un tiempo. Cierto es que los actuales trabajadores han escuchado ese rumor, incluso hay quien no se atreve a quedarse solo en el edificio, pero todo parece formar parte de la rumorología. Aunque a José Simón, empleado de allí, le ocurrió algo inusual: «Un día, estando allí solo, escuché claramente la voz de alguien que me hablaba. No recuerdo lo que dijo, pero no me lo imaginé. Recorrí todas las habitaciones, subí a la planta de arriba… pero no vi a nadie. Fue muy raro. Y creo que las limpiadoras han tenido experiencias parecidas».

Cerca de La Alcazaba, en el cruce de las calles Reina y Almanzor, existe un llamativo caserón sobre el que se ciernen algunas leyendas. La negativa del dueño actual a querer hablar impide que podamos arrojar luz sobre los hechos, aunque todo apunta a que de nuevo nos encontramos ante rumores sin fundamento. La verdad es que esa zona tiene magia. El ambiente de la Almedina, con la calle estrecha y la tetería de al lado parecen transportarte a otra época. Los primeros datos sobre la vivienda me llegan a través de Antonio Herrera, conocedor de la capital como si fuera la palma de su mano. «La casa se ve que era de un arquitecto de Alhama de Murcia que decían que estaba loco. Cuando decidieron venderla y los encargados de hacerlo entraron, encontraron una serie de pinturas con símbolos relacionados con la brujería y el satanismo. Pero no fue eso lo que más les llamó la atención. Había un buitre disecado que desprendía una energía negativa». El relato continúa con la presencia de una médium, que les confirmaría que las vibraciones del lugar no eran buenas, y les daría una serie de instrucciones para “purificar” el lugar. Estas tenían que ver con un ritual en el que se utilizaba un cactus y una botella de agua bendecida. Todo muy raro, ¿verdad? Como la historia me parecía increíble, me puse en contacto con Emilio Capilla, dueño de un estudio de arquitectura situado en uno de los lofts del caserón. Él me confirmó que había escuchado los rumores y que incluso algunos vecinos habían experimentado situaciones que se alejaban de lo normal. «A nosotros nunca nos ha pasado nada. Bueno… de vez en cuando salta la alarma. Como si detectase una presencia aquí cuando no hay nadie en el estudio. Una vez llegó a venir la policía». Emilio me instó a que contactase con José Cárdenas, encargado de las obras de rehabilitación, porque recordaba que algo les había pasado a los obreros. Y eso fue lo que hice: «No sé quién te ha comentado eso, pero a nosotros no nos ocurrió nada raro. Es verdad que algunos obreros hablaban de la historia de una persona que se suicidó ahorcándose, pero no sé si lo contaban para meter un poco de miedo o porque era cierta». De nuevo, y a riesgo de abusar de su confianza, volví a recurrir al maestro Eduardo del Pino para ver si sabía algo. «Precisamente he vivido al lado durante varios años y he escuchado los rumores, pero creo que lo único paranormal es que las obras de rehabilitación se demoraron en exceso. Por cierto, allí vivió el ilustre médico almeriense Miguel Tolosa».

El Paseo de Almería, con algunos de los edificios más bonitos y esplendorosos de la ciudad, tampoco escapa de las historias que tienen que ver con fantasmas. Además, sus dos vértices siempre han estado relacionados con lo extraño. Me refiero a la casa de Doña Paquita y al edificio de las Mariposas.[2] Y es curioso que algunos de los números que tenemos marcados en rojo en esta ruta del misterio tengan que ver con bancos. Por ejemplo, la antigua sede de Cajamar (esquina con Navarro Rodrigo) o el edificio central de Unicaja. En ambos lugares, tanto vigilantes de seguridad como parte del personal de limpieza aseguran que allí ocurren fenómenos extraños.

Desplacémonos ahora hasta la calle Hermanos Pinzón, epicentro de una tragedia ocurrida el 15 de septiembre de 1970 cuando se derrumbó el edificio Azorín. No quiero ni imaginar la situación tan dramática que se pudo vivir ese día. Quince personas murieron aplastadas por los escombros y otras seis resultaron heridas. La prensa de todo el país se hizo eco de las espeluznantes imágenes del rescate de los cadáveres. Sobre las 14 horas, un fuerte estruendo sobrecogió a los vecinos del barrio. El edificio de diez plantas que se estaba construyendo se desplomó. Fueron los propios viandantes que pasaban por allí quienes intentaron rescatar a los más de treinta albañiles y carpinteros que trabajaban en ese gigante que iba a albergar 72 viviendas. Durante más de 48 horas la ciudad estuvo en vilo. Todos querían cooperar, incluso diversos militares del campamento Álvarez de Sotoyamor (Viator) se desplazaron allí. Sevillana llegó a montar unos focos de gran potencia y una galería para poder acceder a los sótanos del edificio. Miles de personas se concentraban en las inmediaciones, corroborando una vez más el carácter solidario de la capital. El entierro, como no podía ser de otro modo, fue multitudinario (más de quince mil personas), y se decretaron varios días de luto. La Justicia condenó al director de la fábrica de cementos que había proporcionado el material, al comprobar que estaba adulterado; y al arquitecto Fernando Cassinello, por imprudencia temeraria al ser el director de las obras. No se puede frivolizar con estos temas, y menos con una tragedia de por medio, pero no sería justo obviar en este capítulos los testimonios que apuntan a que en determinados pisos de ese edificio se ha manifestado lo imposible. Vecinos que han abandonado sus domicilios repentinamente y sin mediar palabra con sus caseros; ruidos y golpes provenientes de pisos que aparentemente debían estar vacíos, demasiados fallos en el sistema eléctrico, y personas que aseguran haber visto en una de las escaleras a varios personajes vestidos de negro durante algunas madrugadas.

La última estación de este viaje nos lleva hasta la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en el cortijo Marín de Burgos se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable. Quizá el más importante sea el de una mujer que trabajó allí como sirvienta durante muchos años

 

[1] En la versión que corre por la red existen bastantes errores históricos, algunos muy graves, con lo que no merece la pena hace referencia a ella en este libro.
[2] En uno de los bajos del edificio, durante 76 años estuvo la zapatería “Calzados El Misterio”, cuyo nombre se relacionaba con fenómenos extraños. Nada que ver con eso. Al parecer, Jacinto Asensio Muñoz, su fundador, bautizó al local de esa forma en honor a la fiesta teatral representada cada año en la Basílica de Santa María de Elche. Durante su estancia en la localidad alicantina, Jacinto quedaría encandilado con el espectáculo y quiso brindarle su particular homenaje.

Read more

Misterios de Almería

Los esqueletos gigantes de Tonosa – Enigmas de Almería

En esta ocasión, además de exponer una historia, voy a recurrir a vosotros para ver si podemos conseguir algún dato más. Es una historia oscura y, cuanto menos, surrealista. Ocurrió en una pequeña pedanía de la provincia de Almería y no hay más datos que estos que voy a reproducir tal cual a continuación (reportaje en La Verdad de Murcia). Si tenéis algún dato más, me interesaría conocerlo: alberto@albertocerezuela.com

El texto es de Antonio Botías:

Gigantes que superaban los dos metros de altura, con descomunales dientes de hasta cuatro centímetros y enormes cabezas alargadas. Así era la quincena de esqueletos descubiertos, por casualidad y mientras se araba un campo, en Tonosa, una aldea situada a pocos kilómetros de Puerto Lumbreras. Hace medio siglo justo, la noticia del hallazgo de los restos de formidables seres humanos atrajo la atención sobre este olvidado caserío. Pero, de forma inexplicable, apenas unos días después, cuando los medios acudieron al lugar, los restos fueron enterrados a toda prisa. El enigma de los gigantes de Tonosa se mantiene intacto cincuenta años más tarde.

La primera noticia fue publicada en el diario ‘La Verdad’ en su edición del día 22 de septiembre de 1966. La información estaba datada en Puerto Lumbreras y era, según destacaba el periódico, un «servicio especial de nuestro corresponsal». Se trataba de Juan Romea Sánchez. El titular, que ocupaba más de media página, advertía de la aparición de «esqueletos humanos de más de dos metros» en la localidad almeriense de Tonosa. Al parecer, los huesos habían aparecido mientras un agricultor araba un campo.

«Al entrar un tractor en un terreno blando y arcilloso que jamás había sido arado -señalaba el rotativo-, se descubrieron losas de 25 centímetros cuadrados, debajo de las cuales fueron encontrados hasta quince esqueletos que han quedado a casi ras de tierra».

El corresponsal de Puerto Lumbreras añadía que el tamaño de aquellos huesos encontrados era bastante más largo y de mayor diámetro que los del hombre contemporáneo. Además, «los cráneos son mucho mayores y alargados. Con toda seguridad, su estatura sería superior a los dos metros».

El estado de conservación de los restos debía ser aceptable, al menos si tenemos en cuenta que conservaban aún los dientes, como destacaba el diario. Y, desde luego, sus dimensiones llamaron la atención del improvisado informador. «Algunas piezas dentales miden casi cuatro centímetros». Tras el descubrimiento, algunos recordaron que hacía algún tiempo otros labradores desenterraron un esqueleto de características similares.

Lo que no explicó ‘La Verdad’ es que los dueños del terreno habían dado parte a la Guardia Civil de Vélez Rubio, desde donde se trasladó un juez para inspeccionar el macabro hallazgo. La antigüedad de los esqueletos era evidente, por lo que la comitiva se retiró sin dar más explicaciones. Y, sobre todo, no ordenaron hacer nada con aquellos huesos.

Envían a dos periodistas

La noticia causó una gran expectación en Murcia, como lo prueba el envío inmediato de un redactor, Manuel Carles, y el gran fotógrafo Tomás, para cubrir a pie de campo la información. Carles describió Tonosa como un núcleo de población formado por «quince casas mal contadas. Muy rurales y con una ermita muy rústica, a la que va los domingos, desde uno de los Vélez [Vélez Rubio o Vélez Blanco], un cura a decir misa». La aldea era tan «insignificante» que apenas nadie salió a recibirlos y «solo unas gallinas cloqueadoras rompen silencios».

El redactor descubrió que las osamentas habían aparecido en unos terrenos propiedad de Los Ambrosios, vecinos de otro pueblo próximo. El lugar era «grande y plano, de tierra blanda y color ceniza, que está muy suelta porque hace muy poco que fue arada».

A su alrededor se alzaban unos almendros, aquel día un tanto húmedos por la lluvia. Pero lo curioso es que por todo el campo se repartían «hasta catorce montoncitos de piedras planas, colocadas de canto, unas apoyadas contra otras».

El redactor y su fotógrafo, a quienes acompañaba el corresponsal de Puerto Lumbreras, aguardaron la llegada del tal Ambrosio, «que andaba comiendo». Pero, entretanto, pidieron una azada a un lugareño y cavaron entre aquellas piedras.

Pronto encontraron lo que buscaban: «algunos huesos humanos: un trozo de fémur, otro de bóveda craneana, otro de sacro». El corresponsal Romea halló unas muelas, que guardó en su bolsillo y de las que se conservan fotografías. En una de ellas, descomunal, cabía una habichuela entera.

De la misma visita se conserva el testimonio de una lugareña, María Martínez López, quien aportó interesantes detalles sobre el paradero de los huesos. «Los volvieron a enterrar. Están a más de setenta centímetros de profundidad. Lo que ahonda el tractor». La misma María aclaró que era la primera vez que se araban aquellos campos con tractor. Hasta entonces solo se empleaban mulas, cuyos arados no penetraban tanto en el terreno. ¿Por qué los habían vuelto a enterrar? María también explicó ese extremo: «No sabían que hacer con ellos».

Más restos en una cueva

La joven relató que los esqueletos descubiertos eran muy grandes y que «encima de la cabeza tenían una de esas piedras y dos más, una a cada lado de la calavera». Similar opinión aportó el tal Ambrosio, quien añadió que apenas dos años antes, «en una cueva próxima se hallaron otros [restos] muy parecidos. Con las piedras planas en la cabeza». También recordaba el reportaje que en el paraje conocido Cueva de Ambrosio se habían hallado más esqueletos. Ese espacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998 por su espléndido arte rupestre. No muy lejos de allí existe la llamada Sierra del Gigante.

Sin embargo, medio siglo más tarde aún perdura el misterio de aquellos esqueletos que sorprendieron, aunque fuera por unas horas, a los parroquianos. ¿Qué fue de ellos? ¿Realmente existieron o fue un [improbable] montaje? ¿Se conserva el atestado de la Guardia Civil? Tantos interrogantes que, al menos hasta ahora, continúan siendo un enigma para los lectores murcianos.

 

Read more

Misterios de Almería

Almería, tierra de piratas

No seré yo quien descubra que Almería ha sido una tierra frecuentada por piratas, pero merece la pena señalar algunos de los casos más importantes y llamativos, protagonizados claro está por personajes que surcaban los mares causando terror en las playas en las que desembarcaban.

Almería estaba provista de atalayas defensivas para protegerse de los ataques, pero los corsarios tenían estrategias para pasar desapercibidos. La más frecuente era usar unos pequeños barcos, tipo fragatas, que sacaban en tierra y camuflaban bajo ramas para que fuese imposible divisarlas desde las galeras. Además, solían hacer sus incursiones costeras en la noche, cuando lógicamente se ve menos. Leyendo crónicas de la época y trabajos de historiadores y expertos en la materia como el Padre Tapia, he de decirles que en esta ocasión la realidad supera con creces a la fantasía. El maestro nos sitúa ya en 1505 la presencia en el Mar de Alborán del corsario Camali, que provoca movimiento de tropas en la capital; veinte años después documenta un asalto desbaratado por el capitán Alvar Gómez el Zagal; ya en 1529 es el mismísimo Barbarroja quien obliga a la defensa almeriense a aplicarse al máximo para detener un nuevo ataque; esto se repetiría en 1545 con el hijo del famoso pirata; una situación límite se vivió en 1561 ya que decenas de naves enemigas se aceraron a Cabo de Gata, teniendo las autoridades que cerrar las puertas de la ciudad de Almería durante varias jornadas hasta que el peligro hubo pasado, y es que en mayo de 1558 Agua Amarga había sido saqueada por los ocupantes de cinco navíos argelinos, con lo que toda precaución era poca; en octubre de 1565 el pirata Dalí partió de Argel con doce barcos y amarró en la playa de Los Genoveses, donde asaltó a dos naves francesas que terminaron ardiendo en las costas almerienses; un episodio sangriento tuvo lugar el 24 de septiembre de 1566 con la entrada de unos piratas hasta Tabernas, matando, robando y aprisionando a 48 hombres de bien; y quizá el suceso más terrible es el que aconteció el 20 de octubre de 1920 en Adra, cuando durante poco más de un día unos corsarios argelinos toman la ciudad, la destruyen y saquean, además de acabar con la vida de todo aquel que salía a su paso.

Cuesta pensar que lo que hoy son idílicos paraísos cargados de turismo, como las bonitas playas y calas almerienses, otrora fueron escenarios de terror. Adra, Balerma, Cabo de Gata, Los Escullos, Los Genoveses, Las Negras, Agua Amarga, Mojácar o Carboneras fueron testigos de auténticas luchas entre berberiscos que pretendían arrasar nuestras tierras, y almerienses defendiendo como podían desde torres, alcazabas y atalayas. También contra monfíes[1], como los que protagonizan el siguiente relato:

Dieciséis de estos moriscos se intentaron fugar de las Alpujarras el 14 de marzo de 1552. Días antes se reunieron en Órgiva para proveerse de ballestas, espadas y víveres, y fueron avanzando en la noche hasta llegar a Balerma la mañana del mencionado día. Aprovechando un despiste del vigilante de la torre, capturaron una barca y pusieron rumbo a Tetuán. Pero se alertó a la guarnición de Adra, que salió al alcance de los fugados comandada por el capitán Diego de Herrera. La lucha fue feroz en alta mar, hasta que el viento cortó la batalla. Los abderitanos volvieron sin haber acabado con la revuelta, y los enemigos pusieron rumbo a Cabo de Gata. Su jefe, que respondía al nombre de El Zavara, organizó la defensa de sus hombres mientras esperaban escondidos a que una nave pirata los recogiese en las costas del Levante almeriense. Pero los soldados almerienses los sorprendieron cerca de Níjar y terminaron apresándolos tras una lucha enfervorecida que finalizó en Lucainena. Aún hubo tiempo para un último sobresalto. El monfíe García Dogale, natural de Busquístar, escapó y huyó hasta Gérgal, donde el alcaide del castillo consiguió detenerlo. Curiosamente el contador Francisco Suárez había llegado a Gérgal esa misma tarde desde Madrid, y quiso ajusticiar al bandido, pero el alcaide se negó, bajándolo con una cuerda a una mazmorra subterránea hasta decidir qué hacer con él. Por increíble que parezca, la historia tiene más miga puesto que García Dogale consiguió escapar (no me pregunten cómo) y jamás fue capturado a pesar de que se ofreció una ingente suma de dinero por su cabeza[2].

Es interesante conocer también las triquiñuelas que los piratas usaban para librarse de la muerte cuando eran capturados. Llamativo es el caso de Francisco de Almaraz, vecino de Mojácar, que presenta ante el escribano Andrés de la Cadena a un hombre de barba cerrada y habla castellana, vestido con ropajes turcos, que había encontrado en la playa. Era el 22 de abril de 1563. Cuando fue interrogado, aseguró que era un cristiano de Nápoles que respondía al nombre de Juan Nicolao. A los ocho años de edad se había enrolado en una nave, y a los quince había sido capturado por unos piratas, que se lo llevaron a Argel. Desde entonces había estado trabajando como esclavo hasta que se embarcó en la nave del pirata Chuze, llegando a Almería la noche anterior en la que se escapó cuando el barco tomó la costa. Como la historia parecía demasiado sorprendente, las autoridades de Mojácar decidieron averiguar si había algún indicio que certificase el relato, y dieron con una curiosa prueba: Le miraron sus partes nobles para ver si estaba circuncidado o retajado, pero no hallaron corte alguno. Fue llevado a la cárcel de la Alhambra y puesto en libertad poco tiempo después.

Eran frecuentes también los secuestros, como el que tuvo lugar en abril de 1552 cuando un grupo de piratas, comandado por un personaje llamado Alí Amate, desembarca en Balerma y llega hasta Dalías, donde saquean la parroquia Santa María de Ambrox y toman como rehenes a veinte cristianos entre hombres, mujeres y niños. Piden 5555 ducados por sus cabezas y hasta el propio rey de España, Carlos I, contribuyó con dos mil ducados para que los almerienses fuesen liberados, eso sí, catorce años después de su secuestro. Ese mismo mes también fue saqueada la población de Lucainena de las Torres, y justo diez años después le tocó el turno a Níjar. Tabernas, Huebro y de nuevo Lucainena también sufrieron a los piratas en los siguientes años.

Quiero poner fin a esta recopilación, en la que lógicamente faltan más casos, con lo ocurrido el Jueves Santo del 27 de marzo de 1567. A 15 km de Almería, en un lugar llamado Quiciliana (hoy inexistente), llegan trece monfíes que apresan a otros tantos vecinos de allí. Por la mañana fueron detenidos la mayoría de ellos cuando se disponían a huir por las calas del Cañarete. El Viernes Santo se ahorcó a dos de los capturados, que además eran renegados, poniendo sus cabezas [3]en dos de las puertas de entrada a la ciudad (la del Mar y la de Purchena) para regocijo y humillación. Los testigos presenciales de aquello dejaron escrita una espectacular aventura que comprendía luchas entre cuadrillas de soldados en las playas de la Garrofa y el Palmer. Los héroes fueron Domingo Martín, guarda de la atalaya; Francisco Guerrero, valeroso vecino; Diego Dávila, cristiano viejo; y Martín Ramón Alhaziz, morisco de Gádor.

“Preguntado si durante el tienpo e las vezes que allegaron e días que estovieron en la sierra del Cabo de Gata, si vieron guardas o hizieron algunas ahumadas en tierra, pues estavan de día claro e descubiertos e públicos en las calas e puertos, dixo que no vido guardas ni ahumadas de día ni de noche, y que de día estavan descubiertos, e desenvarcavan de día, e de noche estavan surtos en las calas con sus lunbres e linternas en cruxía sin ningún reçelo ni miedo de nadie…”[4].

[1] Moriscos refugiados en la sierra después de la reconquista cristiana a manos de los Reyes Católicos. Se organizaban en cuadrillas para robar y matar por tal de sobrevivir. Eran muy similares a los bandoleros. En la rebelión morisca de Abén Humeya en 1568 jugaron un papel muy importante.
[2] Concretamente diez ducados, según el Archivo de la Alhambra (Palacio de Carlos V). Leg 55, p. 7; leg. 121, p.12; y leg. 112, p 22.
[3] Eran Andrés de Toledo y Vicente Macaluz.
[4] Tapia Garrido, José Ángel. “La costa de los piratas” (Revista de Historia Militar, nº 32, 1972), pág 103. Ejemplo de un testimonio referente al ataque de los piratas.

Read more

Misterios de Almería

La rocambolesca historia del Principado de Sealand – Leyendas de Almería

Una serie de sucesos que mezclan a Adolf Hitler, un país inventado, hackers informáticos y, por supuesto, un almeriense. Es la historia del Principado de Sealand, un “país” de poco más de 500 metros cuadrados que se sitúa en una plataforma metalúrgica que recuerda a Blade Runner o a la serie española La fuga.

Todo comienza en los albores de la II Guerra Mundial, con un incipiente interés del Tercer Reich en el puerto de Londres. Para evitar un ataque, el arquitecto Guy Anson Maunsell propone construir plataformas marinas a lo largo del litoral costero inglés para que actuasen como fortalezas defensivas. Eran monstruos metálicos formados por una base de dos columnas de acero y hormigón, una estructura de siete pisos habitables por hasta 100 personas, y una cubierta de medio kilómetro cuadrado. La verdad es que la idea del arquitecto fue buena en principio, ya que desde estas plataformas se derribaron hasta veintidós aviones, se detuvo un ataque submarino e hicieron estallar veinticinco bombas aéreas. Pero al terminar la guerra aquellas estructuras fueron desalojadas y abandonadas… y una serie de personajes las usaron con diversos fines, en plan okupa, sobre todo para fundar radios clandestinas. Es así como el 2 de septiembre de 1967, un tal Roy Bates se instala en una de ellas, la conocida como Roughs Tower (a 10 kilómetros de la costa de Suffolk y 13 de la costa de Essex), autodeclarándola como un Estado soberano. Con un bote de pintura, escribió SEALAND en letras gigantescas. Roy era el Príncipe de aquella plataforma, y su mujer la Princesa. Creó una bandera con su escudo en el que se leía el lema: E mare libertas (desde el mar, libres). Lógicamente, con esta proclamación empiezan los problemas. Primero por el incidente que protagonizó Michael, el hijo de los Bates, que fue juzgado por disparar a un buque de la armada inglesa que se acercaba a Sealand para reparar una boya. Y después, por el escándalo de los pasaportes. Esto comienza cuando detienen en Miami a un tal Reisnik (dueño del barco donde asesinaron al diseñador Gianni Versace, también ciudadano del Principado) y éste reclama inmunidad diplomática sacando un pasaporte de Sealand. No era lo único que se emitía “oficialmente” allí. También tenían sus propios sellos y monedas, y hasta un equipo nacional de fútbol. Michael Bates manda una carta a Christian Olsen, entrenador del Vestbjerg Vintage Idraetsforening (club de la segunda división de Dinamarca), para pedirle que su equipo fuese la selección nacional de Sealand. Para ello nacionalizó a su entrenador y a los jugadores, debutando en un partido amistoso en 2003 contra un combinado de la República Checa, y uno oficial contra las Islas de Aland que, por cierto, acabó 2-2. Otra historia rocambolesca acaecida allí tiene lugar cuando Roy Bates autoriza a su hijo Michael para que ponga a la venta la plataforma, y la página de descargas digitales The Pirate Bay está a punto de comprarla para hacer del país un paraíso de intercambio de archivos. Finalmente las negociaciones no llegaron a buen puerto.

Sealand, incluso, tuvo su propia Guerra Civil. En 1978, aprovechando un viaje de Bates, su primer ministro Alexander G. Achenbach tomó por la fuerza la torre tras secuestrar a Michael Bates con ayuda de unos ciudadanos alemanes y holandeses. El Príncipe asaltó la fortaleza con un helicóptero y rescató a su hijo, manteniendo cautivos a los rebeldes a menos que los gobiernos de sus naciones de origen pagasen 7500 marcos alemanes. Este país tuvo que mandar a un diplomático para limar asperezas y lograr la liberación de los rehenes.

La relación con Almería viene de la mano de Francisco Trujillo, un ex guardia civil almeriense que fue detenido el 12 de abril del año 200 por tener una red de venta de pasaportes diplomáticos de Sealand. Desde la sede de su “embajada” en Madrid, instalada en las oficinas de un bingo en la calle Serrano, nuestro paisano figuraba como regente del país. Las alertas saltaron cuando un hombre intentó irse de una gasolinera sin pagar y, al ser detenido, mostró un pasaporte expedido bajo los nombres de “Principality of Sealand” y “Sovereign Military Orden of St. John of Jerusalem”. Exigía inmunidad política. La policía tiró de la manta a raíz de esto y acabó deteniendo a una treintena de españoles, capitaneados por Trujillo, que además de pasaportes (costaban entre 9 y 55 mil euros) vendían pisos, títulos universitarios, carnets de socio de un selecto club (cuota mensual de seis mil euros) y plazas de garaje en un supuesto parking situado en la plataforma militar. Surrealista es poco adjetivo para calificar todo esto. Por cierto, el almeriense ostentaba el título de “Excelentísimo Regente del Principado de Sealand” y en su proyecto de gobierno pensaba construir un complejo deportivo, varios centros médicos, una catedral y ocho helipuertos, así como lujosos bloques de pisos para gente VIP. Ocupó su lugar en el trono de Sealand apoyándose en el “derecho del mar”. Fue detenido, y con él en prisión las cosas se han calmado, aunque también ha ayudado el fallecimiento del Príncipe Roy en octubre de 2012 a los 91 años de edad. Hoy, el país sigue en venta, así que si alguien se anima a invertir, les dejo la dirección donde deben acudir: Sealand 1001, Sealand Post Bag, IP11 9SZ, UK.

Read more

Misterios de Almería

La leyenda de los hombres lobo en Almería

En el paraje de El Zocá (Sorbas) vivía un joven campesino de 26 años que respondía al nombre de Pepe. En unas fiestas del pueblo conoció a María, una chica bien parecida de 22 años que residía en el Barranco de los Lobos. Ese lugar era muy conocido para los ancianos del lugar ya que desde tiempos inmemoriales se habían escuchado historias de alaridos humanos, aullidos infernales y la presencia de un extraño ser, sobre todo en las noches de luna llena. Pepe hacía caso omiso a estas advertencias ya que, además de ser un joven valeroso, su única motivación en la vida era que llegase la noche para poder ir a ver a su amada. Ella calló enferma durante un invierno y Pepe estuvo sin hablar con ella casi dos meses, pero un día decidió desoír las indicaciones que sus padres le habían dado y tras la jornada laboral cogió su mula rumbo al Barranco de los Lobos. La madre de la chica salió a recibirlo, le dieron de cenar al cobijo de la lumbre y estuvo departiendo casi en familia con María y sus padres. A media noche se despidió de ellos y, provisto de un farol que le iluminase el camino, emprendió el regreso a casa.

Cuando cruzaba un lugar llamado el Puente de los Guapos, vio en la carretera un pequeño perro que parecía gemir de dolor. Pepe, amante de los animales, bajó de la mula, lo tomó en sus brazos y lo colocó en una de las alforjas de la mula. Al pasar por el centro del puente, una ráfaga de frío apagó de sopetón el farol. En ese momento escuchó a lo lejos el aullido de un lobo y la mula parecía no querer continuar. Temblaba como si estuviera presa del miedo y no respondía a las indicaciones del muchacho a pesar de las muestras de cariño que este le profesaba. Parecía como si la mula llevase encima un peso muy superior al real. El animal se detuvo cuando del fondo del barranco se escucharon varios gritos y llantos de personas. ¿Qué estaba ocurriendo? Para más inri, las nubes ocultaron la luna y ya no se venía ni a dos palmos de distancia. Pepe giró la cabeza, inquieto porque los aullidos de lobo se escuchaban cada vez más cerca, y quedó paralizado por el horror. El perrillo que llevaba con él se había convertido en un ser enorme, de apariencia humana, pero con una enorme cabeza de lobo. Tenía las patas delanteras apoyadas sobre la nula y por eso esta no podía avanzar. Además, las patas traseras estaban agarradas de una de las barandas del puente, atravesándolo con su cuerpo. Unos ojos amarillentos se iluminaron en la cara de la bestia y sus fauces se abrieron hasta dejar paso a una larga lengua. Tras un alarido ensordecedor y varios escupitajos de espuma, desapareció en la noche. El joven, a pesar de estar aturdido, consiguió que la mula recobrase el trote y huyó hasta su casa. Al día siguiente seguía teniendo temblores en las piernas, bajó a desayunar. Su madre no podía creer lo que veía. El pelo de Pepe, negro como el tizón desde siempre, se había convertido a color blanco. Y así lo tuvo toda la vida. Desde ese día no volvió a cruzar por aquel puente por temor a encontrarse con el hombre lobo de Sorbas. Al menos, en las noches de luna llena.

 

En Alcolea

La siguiente historia tiene que ver que les vengo a contar es muy popular en Alcolea. Nos transporta a un cortijo del paraje de ‘Los Llanillos’ a principios del s. XX. Allí vivía el joven Pepe Rivas, un muchacho valiente y fornido que alardeaba de no respetar la vida cristiana tan propia de la época en la que se encontraba. En un alarde de osadía y atrevimiento, Pepe decidió asar un cordero en la noche del Viernes Santo, y además invitar a sus amigos para que formasen parte de ese provocador festín. La pandilla estuvo bebiendo y devorando la carne hasta altas horas de la madrugada, momento en el que los jóvenes, orgullosos de la fechoría que acaban de cometer, decidieron regresar a sus hogares. Más tarde, el anfitrión despidió a sus amigos y volvió al lugar del banquete para recoger los platos sucios, comprobando que no estaba solo. Un siniestro perro negro hizo acto de presencia en la cocina del cortijo, con actitud amenazadora y posición de ataque. La primera reacción de Pepe fue coger uno de los cuchillos que había sobre la mesa, y asestarle una puñalada al perro. En ese mismo instante, el can aumentó su forma hasta tener un aspecto más propio de un humano, distinguiéndose en sus ojos una especie de llama rojiza. Con temblor en las piernas, el dueño de la casa apuñaló en repetidas ocasiones al siniestro animal hasta que le dio muerte.

Cuando los ánimos del joven alcoleano se hubieron calmado, Pepe decidió acostarse y dejar la limpieza de la habitación, que quedó manchada de sangre, para el día siguiente. Por la mañana enterraría al animal en el camino de entrada al pueblo e intentaría seguir con su vida como si nada hubiera pasado… Nada más lejos de la realidad. A la mañana siguiente, cuando Pepe se levantó, vio que la cocina seguía manchada de sangre, pero no había rastro del perro. Había desaparecido. Desde entonces, y hasta el día de su muerte, este osado muchacho no volvió a incumplir ninguna de las costumbres propias del ritual católico.

Nota: La imagen es de Reino Animalia.

Read more

Misterios de Almería

Los misterios de los cortijos de la carrera del Mamí

La búsqueda de lo paranormal nos lleva ahora hasta las afueras de la capital, concretamente a la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en algunos cortijos de allí se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable, como por ejemplo el llamado ‘Marín de Burgos’. La verdad es que el sitio nos transmite esa sensación. Aún hoy se puede ver sobre su puerta la fecha en la que se levantó la ermita, el 1900, aunque la casa date del 1864 (año en el que Dolores Careaga del Valle empezó a residirla); todavía quedan restos de su muralla y, si paseamos a su alrededor, quedamos hipnotizados pensando en todas las historias que ocurrirían allí (restos de una fuente, un par de avenidas que antaño estarían ajardinadas…). Casi nada queda de la gran mansión de principios del siglo pasado. Antes de la Guerra Civil vivieron allí Ricardo de Burgos Careaga y su mujer, Almudena Martel y Medina. Juntos dotaron al lugar de un frondoso vergel más digno de tierras escocesas que del paisaje almeriense. Tras el desastre de la guerra, una hija de los dueños, Luisa de Burgos Martel, se instaló allí con su marido, el médico José Martín Espinosa (conocido entre sus vecinos como ‘el caballo’, por la contundencia con la que curaba a sus pacientes), hasta 1988 (año en el que este último falleció). Luisa dejó en herencia la vivienda a sus dos hijos: José y Emilio Marín de Burgos.

Seguramente se deba a la majestuosidad del caserón, pero lo cierto es que desde hace muchos años se han escuchado rumores sobre fenómenos extraños allí. También es posible que en todo ello haya influido la ermita de San Miguel, situada a pocos metros dentro de la misma finca. A primera vista, no difiere mucho de las típicas capillas-mausoleos que construían las familias ricas de la capital. Pero guarda un importante secreto, una cripta a la que se accede por una trampilla situada al inicio del crucero. El aspecto es tétrico: nichos vacíos, lápidas rotas… Y es que allí reposaron, entre otros, Ricardo de Burgos Real, María Jesús del Valle (viuda del marqués de Torre Alta, Miguel Careaga, fallecida en 1875), o el niño José María Acosta Gallardo, que murió a los ocho años de edad a consecuencia de la epidemia de 1918. Hoy, una verja de color blanco impide su acceso, pero personas como Loli recuerda haber curioseado con sus amigos, de pequeña, y tener que salir corriendo al encontrar huesos humanos esparcidos por el suelo. Con todo esto no es de extrañar que los chiquillos de “la Vega” fantasearan con espectros y sombras que acechaban en la noche. El panorama no invita a otra cosa, y los más ancianos avivan la llama rememorando historias que tienen que ver con raptos de chicas guapas, llevadas por la Santa Inquisición para hacerlas desaparecer. Estas leyendas tienen su base en el siglo XIX, en un intento de desprestigiar el Antiguo Régimen, pero no hay documentos que revelen procesos inquisitoriales en esas tierras.

El ‘Cortijo Grande’
A tan solo unas decenas de metros del Cortijo ‘Marín de Burgos’ se situaba otra imponente vivienda conocida como ‘el Cortijo Grande del Mamí’. Hoy ya no existe pero las descripciones que podemos encontrar en algunos libros y en boca de los vecinos, nos hacen a la idea de la importancia que tuvo que tener a principios del siglo XX. De esta casa, por cierto, sí que se han contado historias que tienen que ver con fantasmas, ruidos en la noche y apariciones. La caja de Pandora la abrió una mujer que había estado trabajando media vida como sirvienta para los dueños. “Por ejemplo, yo colocaba los platos limpios en la cancela de la chimenea antes de irme cada noche, y cuando llegaba por la mañana, me los encontraba en el suelo. No estaban rotos pero alguien los había movido. Además, siempre se han escuchado ruidos raros a altas horas de la madrugada”.

Gracias a José Manuel Lermos y a Juanjo Membrives, enamorados de la historia de Almería, tuve la suerte de conocer a Antonio Céspedes y Dolores Sánchez. Han vivido allí toda la vida, y sus padres y algunos familiares han trabajado para los dueños de la casa. Por eso son conocedores de los posibles fenómenos extraños que allí se producían. “Había una habitación, conocida como ‘la del obispo’, a la que nadie quería entrar. Los señores de la casa la tenían vacía, y por las noches se escuchaban ruidos de cadenas y de arrastrar muebles, pero estaba cerrada con llave”, comenta Dolores. Antonio es aún más explícito: “Unos mozuelos decidieron pasar una noche en esa habitación, y tuvieron que salir de allí cuando notaron cómo algo les oprimía el pecho. Eran cuatro y todos vivieron esa sensación de presión. Decían que les faltaba el aire”. Su suegro nació allí, y recuerda que les contaba que, si encendían una vela dentro de la habitación, la llama se apagaba rápidamente. La pena es que el lugar ya no existe. Hoy hay invernaderos y secanos que parecen ajenos a las historias que allí debieron suceder. Historias que, por cierto, tampoco se libran de asombrosos relatos sobre tesoros escondidos y sanguinarias batallas entre moros y cristianos.

Read more