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Rutas de misterio

Crónica de la ruta por la Almería Misteriosa (19/10/18)

De nuevo sin plazas, 52 personas recorrimos una parte de la ciudad de Almería intentando verla con otra mirada. En esta ocasión Sara no hizo acto de presencia, pero fue un paseo bastante ameno. Os dejo algunas de las fotos. Si deseas más información: 950801112 (EMOCIOM).

 

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Misterios de Almería

El encapuchado de la calle Restoy

La joven regresaba a casa con paso ligero. La noche estaba a punto de caer y la penumbra comenzaba a invadir algunas calles. Ella no quería que se hiciera más tarde ya que los rumores se estaban acentuando en los últimos días. Últimamente varias vecinas se habían encontrado con ese ser al que los niños bautizaron como “el fantasma encapuchado”. Cuando la muchacha se disponía a cruzar la última esquina antes de llegar a la calle Restoy, alzó la mirada y observó algo extraño a lo lejos. No podía distinguir muy bien lo que era, pero parecía una figura alta, ensotanada, que la miraba firmemente desde la otra punta de la calle. Una extraña sensación invadió el cuerpo de la joven, que no pudo hacer otra cosa que poner la vista en sus pasos y acelerar el ritmo. Aunque no podía ver con claridad de quién se trataba, ella sabía que no era alguien del barrio. ¿Qué vecino vestía con esos largos ropajes, además de taparse la cabeza con una capucha? Ninguno. A medida que avanzaba por aquella interminable calle, nuestra protagonista dudaba incluso de si esa extraña figura pudiera ser humana. Hasta el momento en el que la tuvo de frente, no había hecho mucho caso a las habladurías de sus sobrinos cuando, atemorizados, le contaron que habían visto a un hombre muy raro, parecido a un fantasma, que llevaba un saco al hombro y se vestía con una túnica negra. Pero ya era tarde. Lo tenía a unos cinco metros y ahora sí que lo distinguía claramente. Cuando intentó mirar su rostro, un extraño frío recorrió su cuerpo. No tenía cara. Bajo la capucha no se veía absolutamente nada. Además, parecía que flotara en el aire. Tampoco se le distinguían los pies a pesar de que ella lo había visto caminar tras de sí. La reacción de la chica fue la que habríamos tenido la mayoría de nosotros: gritó despavoridamente. Quizá esto fue lo que alertó al supuesto fantasma, que en décimas de segundo había desaparecido.

 

Este podría ser uno de los episodios que se vivieron a finales del s. XIX en una conocida calle de Almería, la calle Restoy. Al parecer, durante unos años el vecindario estuvo aterrorizado por la presencia del ser anteriormente descrito, que se mostraba sobre todo ante mujeres y niños. El lugar era propenso para este tipo de historias ya que alrededor de la calle había senderos y secanos prácticamente desiertos hasta llegar al cerro de las Cruces, por un lado, y a la zona de la Fuentecica, poco transitada, por otro.

 

La primera noticia de esta aparición me llega de la mano del reconocido historiador Eduardo del Pino, quien la publica en su libro Los años vividos. Según cuenta, era tal la obsesión y el miedo de quienes vivían entre la plaza del Quemadero y los alrededores de la Plaza de Toros, que incluso el concejal encargado del distrito hizo una propuesta a la corporación para que se reforzara la presencia de serenos por el lugar, especialmente en las noches más oscuras que era cuando más se había visto al famoso fantasma quien, además, había perpetrado algún que otro robo farol en mano y saco al hombro.

 

Los niños ya no querían salir a jugar por las noches, y las mozas evitaban caminar solas cuando la tarde empezaba a caer. Toda esta incertidumbre duró hasta que tuvo lugar la noticia que el diario La Crónica Meridional recoge en su edición del 28 de enero del año 1900: Un hombre había hecho frente al fantasma y había conseguido ahuyentarlo.

La noche del 26 de enero era más cerrada de la cuenta, por lo que todo indicaba que el misterioso encapuchado haría acto de presencia. Un vecino, harto de los constantes robos que se habían producido y que se achacaban al fantasma, decidió esperarle oculto en el huerto de Jaruga (el lugar donde más veces se le había visto), armado con un revólver de seis balas.

El momento llegó cuando varios niños se encontraron con la inquietante figura ensotanada y comenzaron a gritar. En estas apareció el valiente vecino que, pistola en mano, amenazó al fantasma. «Como vuelvas a molestar por aquí, te vacío el cargador en la cabeza». Y no tuvo que decírselo dos veces. Jamás se volvió a ver a un fantasma que tenía más de vulgar ladrón que de ser del más allá.

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Ruta por las casas encantadas de Almería capital

En todas las ciudades hay casas que, principalmente por su aspecto (deterioradas, abandonadas, deshabitadas…), son punto de partida a leyendas y rumores relacionados con fantasmas, apariciones espíritus. Muchas veces estas historias son fruto de la invención y de la desinformación, en parte debido a la transformación de unos hechos concretos a medida que se van contando de unos a otros; pero también es cierto que algunos de esos lugares encierran tras sus paredes terribles secretos. Quiero darles una vuelta por algunos de estos edificios que se esconden en la capital, disimulados a veces por el ritmo frenético de la vida que llevamos.

No se me ocurre mejor lugar para empezar este singular recorrido, que la calle “Los Duendes”. Allí, haciendo esquina con la calle Hospital, encontramos un caserón de los que, por desgracia, cada vez van quedando menos en Almería. No sabemos si es por su situación (muy cerca de la Catedral) o por la soledad que se respira en esas callejuelas cuando cae la noche, pero es cierto que el edificio parece transmitirnos una sensación extraña. Entre el vecindario, y también por Internet[1], corren rumores referentes a que todo aquel que alquila la mansión, termina abandonándola debido a los fenómenos paranormales que ocurren dentro de ella. Desde movimiento de objetos hasta los habituales “raps”, pasando por puertas y cajones que se abren y cierran a su antojo, como si tuviesen vida propia. Tal fue la magnitud de estos sucesos, que hay quien afirma que la propia Iglesia envió a un exorcista para hacer un ritual de purificación en la vivienda. La verdad es que en los archivos eclesiásticos que he podido consultar no hay ni rastro de ello, lo que nos invita a pensar que los hechos han sido inventados o manipulados, aunque el paso del tiempo haya contribuido a su difusión. Como no quería quedarme con la duda, recurrí a Eduardo del Pino, la persona que más sabe sobre las calles de Almería, quien acabó por confirmar mis sospechas. La casa tiene poco o nada de encantada. «La vivienda estuvo habitada por familias de la burguesía local como Talaveras, Rodas y Spencer. La gente la llama “la casa de los Duendes”, y muchos piensan que es porque allí sucedieron cosas extrañas, pero no es así. Es porque la parte lateral daba a la calle de ese nombre. No hay nada de misterio en ella».

Al propio Eduardo del Pino le debemos también la siguiente historia. Él fue el primero en hablar de uno de tantos caserones olvidados que habitan el centro de Almería. Aún hoy, si nos situamos frente a él en la plaza Marín, podemos intuir el esplendor que atesoró tiempo atrás a pesar de que con su reciente restauración ha perdido parte de su magia. Como dice el historiador almeriense, no hay indicios que nos revelen por qué se bautizó a esta mansión construida en 1850 con el inquietante sobrenombre de “la casa de los fantasmas”. Siempre ha pertenecido a una familia que les sonará si leyeron mi anterior obra, La Almería Extraña, concretamente el capítulo dedicado a la casa de las dos torres de Benahadux. Les hablo de los Godoy y de los Ametis. En la posguerra sus propietarios fueron Alberto Ametis García y Dolores Godoy Massa, que vivían allí con sus hijos María Dolores, Alberto y Mari Carmen.

La explicación a esta singular denominación seguramente la encontremos en las múltiples leyendas e historias de duendes y espíritus que envuelven esa parte de Almería. La cercanía a la Plaza Vieja y al Cerro de San Cristóbal induce a ello. A finales del s. XIX, esas calles eran testigo de amores prohibidos y de encuentros sexuales clandestinos (no hay que olvidar que había una importante zona de prostitución cerca de ahí), por lo que ni mucho menos hay que descartar que este tipo de rumores fueran propagados con la intención de alejar a los curiosos y así permitir que los conocidos escarceos sentimentales quedasen para siempre en el anonimato.

Hacemos ahora una breve parada en la plaza Julio Alfredo Egea para detenernos frente al Instituto de Estudios Almerienses. Este edificio historicista del s. XIX, hoy rehabilitado, está ubicado sobre un solar en el que la arqueóloga Rosa Morales Sánchez documentó fragmentos de utensilios cerámicos de época romana, una red de suministro de agua y baños públicos del S. XIII así como restos de construcciones privadas de los s. XIV y XV, y objetos pertenecientes a la familia de Diego Alarcón Moya, últimos propietarios (actualmente se conserva la fachada). Del IEA también se cuentan historietas relacionadas con la aparición de un extraño personaje vestido de negro que tuvo en vilo a algunas limpiadoras durante un tiempo. Cierto es que los actuales trabajadores han escuchado ese rumor, incluso hay quien no se atreve a quedarse solo en el edificio, pero todo parece formar parte de la rumorología. Aunque a José Simón, empleado de allí, le ocurrió algo inusual: «Un día, estando allí solo, escuché claramente la voz de alguien que me hablaba. No recuerdo lo que dijo, pero no me lo imaginé. Recorrí todas las habitaciones, subí a la planta de arriba… pero no vi a nadie. Fue muy raro. Y creo que las limpiadoras han tenido experiencias parecidas».

Cerca de La Alcazaba, en el cruce de las calles Reina y Almanzor, existe un llamativo caserón sobre el que se ciernen algunas leyendas. La negativa del dueño actual a querer hablar impide que podamos arrojar luz sobre los hechos, aunque todo apunta a que de nuevo nos encontramos ante rumores sin fundamento. La verdad es que esa zona tiene magia. El ambiente de la Almedina, con la calle estrecha y la tetería de al lado parecen transportarte a otra época. Los primeros datos sobre la vivienda me llegan a través de Antonio Herrera, conocedor de la capital como si fuera la palma de su mano. «La casa se ve que era de un arquitecto de Alhama de Murcia que decían que estaba loco. Cuando decidieron venderla y los encargados de hacerlo entraron, encontraron una serie de pinturas con símbolos relacionados con la brujería y el satanismo. Pero no fue eso lo que más les llamó la atención. Había un buitre disecado que desprendía una energía negativa». El relato continúa con la presencia de una médium, que les confirmaría que las vibraciones del lugar no eran buenas, y les daría una serie de instrucciones para “purificar” el lugar. Estas tenían que ver con un ritual en el que se utilizaba un cactus y una botella de agua bendecida. Todo muy raro, ¿verdad? Como la historia me parecía increíble, me puse en contacto con Emilio Capilla, dueño de un estudio de arquitectura situado en uno de los lofts del caserón. Él me confirmó que había escuchado los rumores y que incluso algunos vecinos habían experimentado situaciones que se alejaban de lo normal. «A nosotros nunca nos ha pasado nada. Bueno… de vez en cuando salta la alarma. Como si detectase una presencia aquí cuando no hay nadie en el estudio. Una vez llegó a venir la policía». Emilio me instó a que contactase con José Cárdenas, encargado de las obras de rehabilitación, porque recordaba que algo les había pasado a los obreros. Y eso fue lo que hice: «No sé quién te ha comentado eso, pero a nosotros no nos ocurrió nada raro. Es verdad que algunos obreros hablaban de la historia de una persona que se suicidó ahorcándose, pero no sé si lo contaban para meter un poco de miedo o porque era cierta». De nuevo, y a riesgo de abusar de su confianza, volví a recurrir al maestro Eduardo del Pino para ver si sabía algo. «Precisamente he vivido al lado durante varios años y he escuchado los rumores, pero creo que lo único paranormal es que las obras de rehabilitación se demoraron en exceso. Por cierto, allí vivió el ilustre médico almeriense Miguel Tolosa».

El Paseo de Almería, con algunos de los edificios más bonitos y esplendorosos de la ciudad, tampoco escapa de las historias que tienen que ver con fantasmas. Además, sus dos vértices siempre han estado relacionados con lo extraño. Me refiero a la casa de Doña Paquita y al edificio de las Mariposas.[2] Y es curioso que algunos de los números que tenemos marcados en rojo en esta ruta del misterio tengan que ver con bancos. Por ejemplo, la antigua sede de Cajamar (esquina con Navarro Rodrigo) o el edificio central de Unicaja. En ambos lugares, tanto vigilantes de seguridad como parte del personal de limpieza aseguran que allí ocurren fenómenos extraños.

Desplacémonos ahora hasta la calle Hermanos Pinzón, epicentro de una tragedia ocurrida el 15 de septiembre de 1970 cuando se derrumbó el edificio Azorín. No quiero ni imaginar la situación tan dramática que se pudo vivir ese día. Quince personas murieron aplastadas por los escombros y otras seis resultaron heridas. La prensa de todo el país se hizo eco de las espeluznantes imágenes del rescate de los cadáveres. Sobre las 14 horas, un fuerte estruendo sobrecogió a los vecinos del barrio. El edificio de diez plantas que se estaba construyendo se desplomó. Fueron los propios viandantes que pasaban por allí quienes intentaron rescatar a los más de treinta albañiles y carpinteros que trabajaban en ese gigante que iba a albergar 72 viviendas. Durante más de 48 horas la ciudad estuvo en vilo. Todos querían cooperar, incluso diversos militares del campamento Álvarez de Sotoyamor (Viator) se desplazaron allí. Sevillana llegó a montar unos focos de gran potencia y una galería para poder acceder a los sótanos del edificio. Miles de personas se concentraban en las inmediaciones, corroborando una vez más el carácter solidario de la capital. El entierro, como no podía ser de otro modo, fue multitudinario (más de quince mil personas), y se decretaron varios días de luto. La Justicia condenó al director de la fábrica de cementos que había proporcionado el material, al comprobar que estaba adulterado; y al arquitecto Fernando Cassinello, por imprudencia temeraria al ser el director de las obras. No se puede frivolizar con estos temas, y menos con una tragedia de por medio, pero no sería justo obviar en este capítulos los testimonios que apuntan a que en determinados pisos de ese edificio se ha manifestado lo imposible. Vecinos que han abandonado sus domicilios repentinamente y sin mediar palabra con sus caseros; ruidos y golpes provenientes de pisos que aparentemente debían estar vacíos, demasiados fallos en el sistema eléctrico, y personas que aseguran haber visto en una de las escaleras a varios personajes vestidos de negro durante algunas madrugadas.

La última estación de este viaje nos lleva hasta la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en el cortijo Marín de Burgos se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable. Quizá el más importante sea el de una mujer que trabajó allí como sirvienta durante muchos años

 

[1] En la versión que corre por la red existen bastantes errores históricos, algunos muy graves, con lo que no merece la pena hace referencia a ella en este libro.
[2] En uno de los bajos del edificio, durante 76 años estuvo la zapatería “Calzados El Misterio”, cuyo nombre se relacionaba con fenómenos extraños. Nada que ver con eso. Al parecer, Jacinto Asensio Muñoz, su fundador, bautizó al local de esa forma en honor a la fiesta teatral representada cada año en la Basílica de Santa María de Elche. Durante su estancia en la localidad alicantina, Jacinto quedaría encandilado con el espectáculo y quiso brindarle su particular homenaje.

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Misterios de Almería

La tía Cachocha y otros curanderos de Mojácar

Tal y como vamos a comprobar a continuación, Mojácar es un lugar muy propenso a este tipo de prácticas. Los más ancianos del lugar aún recuerdan a Andrés “el de la ictericia”, un hombre con poderes para curar dicha enfermedad, que vivía a caballo entre Garrucha y Mojácar. Esta enfermedad que consiste en trastornos hepáticos que aumentan la bilis en la sangre provocando conjuntivitis y amarillento en la piel, era curada por Andrés simplemente con mirar fijamente al paciente mientras emitía desagradables sonidos y vomitaba saliva, extrayendo así la mortal enfermedad de sus “clientes”.

La tía “Cachocha” era especialista en curar el mal de amores. Todo el mundo acudía a ella cuando veían que sus enamorados se distanciaban. Ella no usaba secretos conjuros ni invocaba a espíritus, tan solo proporcionaba a los locos de amor unos polvos mágicos a los que denominaba “pichirichis”. Fíjense si este remedio era efectivo que hoy en día, más de cincuenta años después de su muerte, hay personas que acuden a Mojácar en busca de alguien que aún conserve una pizca de esos “pichirichis”. «Vendo polvos para querer, para aborrecer, para entontecer…» le confesó al genial periodista andaluz Tico Medina. «Y he recibido visitas tan importantes que ni se lo creería».

El 18 de julio de 1926, “Diario de Almería” abría la edición con un llamativo titular en portada: Lo que debe evitarse. El cuerpo de la noticia no tenía desperdicio. En esta pedanía que se encuentra a 5 km de Mojácar, muy cerca del famoso hotel “El Algarrobico”, un “curandero” estaba en boca de gran parte de la provincia debido a sus supuestas curaciones milagrosas. Dicha noticia habla de interminables caravanas de caballerías, de distintos pueblos, que cada día llegan a la humilde casa de este personaje en busca de un prodigio. Todo tipo de enfermos, ciegos de nacimiento, tuberculosos y mutilados desfilan por el lugar, ante la narración atónita de los periodistas de la época. Dicen que no cobra nada, pero algunos testigos apuntan a que una de sus hijas está permanentemente en la puerta de la achatada casa de adobes negros para recoger aquellos donativos que libremente dan los enfermos. Incluso un hombre ha abierto un negocio de transportes para llevar a la gente desde Mojácar hasta Agua En medio, tres veces al día.

El iluminado o santón, como así lo bautizó la prensa, usaba una verborrea más que convincente para lograr ese efecto placebo en los que acudían a él. «No he recuperado la vista, pero me siento mucho mejor», dijo un ciego tras el encuentro con este personaje, de larga barba blanca y alucinantes ojos, a quien muchos también temían en la zona, y que determinados días era capaz de congregar en sus inmediaciones a más de cuatro mil enfermos. ¡Incluso hacía visitas a domicilio cuando algún hombre pudiente de la capital requería de sus servicios!, como así atestigua otra información del mencionado periódico el 24 de junio de ese mismo año.

Realmente se llamaba Frasquito y los vecinos le apodaban “el Santón de la Sierra”. Algunos decían que era la reencarnación de un profeta del Antiguo Testamento, rumor que alimentaba su peculiar aspecto físico (tremendamente alto y espigado). Siempre cubría su cabeza con un pañuelo negro, y tenía un hablar cavernoso. Era normal que aquellas gentes, sugestionables y con arraigadas creencias, cayeran sugestionadas ante la presencia del “tío Frasquito”. Al igual que la tía “Cachocha”, tampoco usaba pócimas mágicas ni remedios caseros. Su método era la palabra, y siempre se despedía con una solemne frase: Sé bueno, busca en todo la paz de Dios, cree en él, ama a tus semejantes y haz siempre obras buenas. El historiador Carlos Almendros aporta la solución al enigma: Ambiente misterioso del lugar, gentes sencillas, primitivas e imaginativas, y psicología hábilmente manejada por una persona de cualidades extraordinarias[1].

[1] “Mojácar, rincón de embrujo”, Carlos Almendros.

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Eventos, Libros

I Jornadas sobre anomalías y misterios de Almería (marzo de 2018)

Durante el pasado mes de marzo, desde Editorial Círculo Rojo, a la par que Tempus Fugit, pudimos organizar un congreso del misterio en Almería con un cartel de lujo donde destacaba el último Premio Planeta, Javier Sierra. El Teatro Apolo se llenó para acompañarnos durante dos días en los que la recaudación fue para la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia. Quiero compartir con vosotros mi ponencia, grabada y editada por “Divulgadores del Misterio”. Además, aprovechamos este marco para presentar la colección de libros “El Círculo del Misterio”, dirigida brillantemente por el escritor Óscar Fábrega.

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Misterios de Almería

Ovnis sobre Aguadulce – Misterios de Almería

Aguadulce es una zona abundante en cuanto a registro de avistamientos ovni. Sus playas y acantilados son un punto de encuentro perfecto para la observar extraños objetos voladores o amenazantes luces que surcan el cielo. Prueba de ello es que varios grupos ufológicos almerienses solían establecerse en diversos puntos de la carretera de El Cañarete, camuflados en la noche, con sus modernos prismáticos y telescopios de largo alcance aguardando impacientes la visita de estos misteriosos viajeros con la esperanza de poder captarlos por medio de sus equipos fotográficos y audiovisuales que estratégicamente colocaban en diversos puntos, noche tras noche, esperando ser testigos de lo insólito. Las cercanías del Hostal “La Parra” eran muy frecuentadas por este motivo. Lamentablemente, hoy en día se han perdido la mayoría de estos grupos que salían al campo a llevar a cabo dichas sanas y enriquecedoras experiencias. Uno de esos grupos, la anteriormente citada Asociación Cultural AVANCE, haría una de las decenas de llamadas que La Voz de Almería registró en su redacción durante la noche del veintitrés de marzo de 1977 para avisar de la presencia de un punto luminoso en el firmamento almeriense. En concreto se situaba sobre Roquetas de Mar y Aguadulce, y producía una serie de destellos de diversas tonalidades.

Hacía tiempo que Almería no registraba un avistamiento similar. La frecuencia con la que este fenómeno se manifestaba había disminuido desde la gran oleada de 1974. A partir de esa fecha los casos más importantes habían sido el de un pequeño avistamiento en la capital el dieciocho de julio de 1975 y el singular avistamiento que tuvo por testigos a los vecinos del pueblo de Tahal durante el veintiuno de diciembre de 1976[i] y que fue recogido, incluso, por la revista “Stendek”.

Por aquellas fechas, un ilustre almeriense vivió algo inesperado. Paco Barrilado, el actor más internacional que hemos tenido (ha trabajado de especialista en decenas de películas, siendo una estrella en la época del spaghetti-western), con miles de tiros recibidos en sus distintos papeles, y uno de los boxeadores históricos de la provincia, tuvo un viaje en el tiempo una de esas noches en las que los ovnis se mostraron en el cielo almeriense. Según me relató este empresario de gimnasios, se montó en el coche con su mujer en Roquetas de Mar, y en menos de 3 minutos estaba a las afueras de Almería capital. Ninguno de los dos recordaba nada de ese viaje. Pero al día siguiente lo inexplicable se hizo más evidente. La Voz de Almería titulaba en portada: “Varios ovnis fueron vistos a la altura de Roquetas de Mar”. Sobran las palabras.

[i] “Stendek”, nº 32, página 4.

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Misterios de Almería

La rocambolesca historia del Principado de Sealand – Leyendas de Almería

Una serie de sucesos que mezclan a Adolf Hitler, un país inventado, hackers informáticos y, por supuesto, un almeriense. Es la historia del Principado de Sealand, un “país” de poco más de 500 metros cuadrados que se sitúa en una plataforma metalúrgica que recuerda a Blade Runner o a la serie española La fuga.

Todo comienza en los albores de la II Guerra Mundial, con un incipiente interés del Tercer Reich en el puerto de Londres. Para evitar un ataque, el arquitecto Guy Anson Maunsell propone construir plataformas marinas a lo largo del litoral costero inglés para que actuasen como fortalezas defensivas. Eran monstruos metálicos formados por una base de dos columnas de acero y hormigón, una estructura de siete pisos habitables por hasta 100 personas, y una cubierta de medio kilómetro cuadrado. La verdad es que la idea del arquitecto fue buena en principio, ya que desde estas plataformas se derribaron hasta veintidós aviones, se detuvo un ataque submarino e hicieron estallar veinticinco bombas aéreas. Pero al terminar la guerra aquellas estructuras fueron desalojadas y abandonadas… y una serie de personajes las usaron con diversos fines, en plan okupa, sobre todo para fundar radios clandestinas. Es así como el 2 de septiembre de 1967, un tal Roy Bates se instala en una de ellas, la conocida como Roughs Tower (a 10 kilómetros de la costa de Suffolk y 13 de la costa de Essex), autodeclarándola como un Estado soberano. Con un bote de pintura, escribió SEALAND en letras gigantescas. Roy era el Príncipe de aquella plataforma, y su mujer la Princesa. Creó una bandera con su escudo en el que se leía el lema: E mare libertas (desde el mar, libres). Lógicamente, con esta proclamación empiezan los problemas. Primero por el incidente que protagonizó Michael, el hijo de los Bates, que fue juzgado por disparar a un buque de la armada inglesa que se acercaba a Sealand para reparar una boya. Y después, por el escándalo de los pasaportes. Esto comienza cuando detienen en Miami a un tal Reisnik (dueño del barco donde asesinaron al diseñador Gianni Versace, también ciudadano del Principado) y éste reclama inmunidad diplomática sacando un pasaporte de Sealand. No era lo único que se emitía “oficialmente” allí. También tenían sus propios sellos y monedas, y hasta un equipo nacional de fútbol. Michael Bates manda una carta a Christian Olsen, entrenador del Vestbjerg Vintage Idraetsforening (club de la segunda división de Dinamarca), para pedirle que su equipo fuese la selección nacional de Sealand. Para ello nacionalizó a su entrenador y a los jugadores, debutando en un partido amistoso en 2003 contra un combinado de la República Checa, y uno oficial contra las Islas de Aland que, por cierto, acabó 2-2. Otra historia rocambolesca acaecida allí tiene lugar cuando Roy Bates autoriza a su hijo Michael para que ponga a la venta la plataforma, y la página de descargas digitales The Pirate Bay está a punto de comprarla para hacer del país un paraíso de intercambio de archivos. Finalmente las negociaciones no llegaron a buen puerto.

Sealand, incluso, tuvo su propia Guerra Civil. En 1978, aprovechando un viaje de Bates, su primer ministro Alexander G. Achenbach tomó por la fuerza la torre tras secuestrar a Michael Bates con ayuda de unos ciudadanos alemanes y holandeses. El Príncipe asaltó la fortaleza con un helicóptero y rescató a su hijo, manteniendo cautivos a los rebeldes a menos que los gobiernos de sus naciones de origen pagasen 7500 marcos alemanes. Este país tuvo que mandar a un diplomático para limar asperezas y lograr la liberación de los rehenes.

La relación con Almería viene de la mano de Francisco Trujillo, un ex guardia civil almeriense que fue detenido el 12 de abril del año 200 por tener una red de venta de pasaportes diplomáticos de Sealand. Desde la sede de su “embajada” en Madrid, instalada en las oficinas de un bingo en la calle Serrano, nuestro paisano figuraba como regente del país. Las alertas saltaron cuando un hombre intentó irse de una gasolinera sin pagar y, al ser detenido, mostró un pasaporte expedido bajo los nombres de “Principality of Sealand” y “Sovereign Military Orden of St. John of Jerusalem”. Exigía inmunidad política. La policía tiró de la manta a raíz de esto y acabó deteniendo a una treintena de españoles, capitaneados por Trujillo, que además de pasaportes (costaban entre 9 y 55 mil euros) vendían pisos, títulos universitarios, carnets de socio de un selecto club (cuota mensual de seis mil euros) y plazas de garaje en un supuesto parking situado en la plataforma militar. Surrealista es poco adjetivo para calificar todo esto. Por cierto, el almeriense ostentaba el título de “Excelentísimo Regente del Principado de Sealand” y en su proyecto de gobierno pensaba construir un complejo deportivo, varios centros médicos, una catedral y ocho helipuertos, así como lujosos bloques de pisos para gente VIP. Ocupó su lugar en el trono de Sealand apoyándose en el “derecho del mar”. Fue detenido, y con él en prisión las cosas se han calmado, aunque también ha ayudado el fallecimiento del Príncipe Roy en octubre de 2012 a los 91 años de edad. Hoy, el país sigue en venta, así que si alguien se anima a invertir, les dejo la dirección donde deben acudir: Sealand 1001, Sealand Post Bag, IP11 9SZ, UK.

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Misterios de Almería

Las ánimas benditas de Adra – Leyendas de Almería

En la Rambla de las Cruces de Adra hay un rincón especial. Sea la hora que sea, esté lloviendo o haga viento, seguramente encuentres una fila de personas esperando junto a un pequeño santuario. Quieren rendir culto a las ánimas benditas mediante oraciones y ofrendas. Estas últimas van desde las típicas flores o garrafas de aceite para mantener viva la llama “de las mariposas”, hasta velos de novia, botellas de champán o incluso cruces de ataúdes.

Las personas piden cosas y las ánimas las conceden. A cambio, se debe cumplir lo prometido. Como si fuera un sobrenatural acuerdo entre un vivo que tiene un problema y un alma difunta que está en el purgatorio y necesita llegar al Cielo por medio de la luz que le puedan proporcionar.

Tradición
Este culto proviene de la Edad Moderna, tras la Reconquista cristiana, y se acentúa a partir de los dictámenes de Felipe I y Felipe II. En Adra, el historiador José Albarracín establece que a finales del siglo XIX había una hermandad en la población que se dedicaba a pedir dinero, puerta a puerta, para las ánimas benditas. Iban totalmente vestidos de negro y algunos vecinos les tenían miedo, sobre todo porque si alguien rehusaba dar la limosna requerida, eran agraviados con amenazas e invocaciones al más allá. En la actualidad existen tres ermitas: la de La Alquería, edificada por los dueños de la fábrica de azúcar que había allí, de finales del s. XIX; la que regenta Manuel Fernández, un conocido vecino, y la de la Rambla de las Cruces, cuya historia también tiene que ver con lo extraño.

Las ánimas
Una abderitana, Ana Espinosa, encuentra las ruinas de lo que parece ser una ermita mientras caminaba sollozando durante la Guerra Civil española. Ante el hallazgo imploró al cielo y pidió que si su hermano y su padre volvían de la contienda sanos y salvos, levantaría allí una ermita. Así empezó todo.

Las peticiones que se realizan pueden ser de cualquier tipo. Las más curiosas tienen que ver con el despertar de las personas, pues dicen que en Adra no hace falta reloj. Basta con rezar a las ánimas antes de acostarse, y ellas te despertarán a la hora deseada. Así nunca olvidarás una cita importante. Manuel Fernández, ‘el de las ánimas’, siente un profundo fervor hacia el fenómeno. “De pequeño recuerdo cómo mi madre, que era sorda, escuchaba el sonido de los golpes en la puerta de nuestra casa, como si alguien la llamase. Cuando abría, no había nadie, pero se encontraba las mariposas apagadas. Era un aviso de que tenía que encenderlas. Las ánimas no pueden quedarse sin luz”.

En otra ocasión, un vecino de la familia de Manuel vio en su casa a una mujer, vestida de negro, sentada en una butaca; mujer que se desvaneció en la nada cuando este vecino intentó mediar palabra con ella. Y es que si la persona no cumple su cometido, las ánimas benditas pueden emprender represalias. La más conocida, a la vez que temida, es la del llamado “Santo Entierro”. Esta comitiva de mujeres está comandada por una anciana. Van vestidas de negro y llevan largos velones. Si te las encuentras, no las puedes mirar a la cara. Debes arrodillarte y rezar.

Testimonios
En una ocasión, un joven del pueblo injurió sobre la ermita y las propias ánimas. Desde ese día, en su casa notaba bajadas de temperatura, “como un frío extraño que iba y venía”. Los fenómenos se agravaron hasta el punto de que las ventanas se abrían y cerraban solas, con excesiva virulencia. A instancia de un amigo, el joven fue a pedir perdón a la ermita, y los sucesos extraños cesaron.

Como vemos, muchas de estas historias rozan lo imposible. Usted no tiene por qué creerlas, es posible que algunas no sean ciertas, pero no podemos obviar que forman parte de la vida y la sociedad de Adra. Debemos rendirnos ante un fenómeno que no entiende de países ni religiones. Es frecuente ver a musulmanes llevando ofrendas, y también a ortodoxos. Si siente curiosidad, acérquese a la Rambla de las Cruces y descubra lo mágico de un lugar que traspasa fronteras.

 

Si tenéis más curiosidad sobre el tema, hicimos un reportaje para Cuarto Milenio que podéis ver en este enlace:

https://www.mitele.es/programas-tv/cuarto-milenio/57b0cbadc915dac0728b46b6/player

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Misterios de Almería

Leyendas de Almería: Los mártires de La Alpujarra

La rebelión de las Alpujarras está en la mente de todos los almerienses. Seguramente fue uno de los episodios más sangrientos de la nuestra historia. Los testimonios que nos han quedado escritos de aquel acontecimiento son escalofriantes. Cualquier otro adjetivo se quedaría corto, especialmente si nos centramos en la navidad de 1568, fecha en la que la gente de los pueblos estaba en iglesias y casas, desprevenidos, algo que aprovecharon sus enemigos  para cogerlos por sorpresa.

Niños
Huyendo de este infierno, un grupo de 30 niños salen de Berja con destino a Laujar. Cuando les faltaba menos de un kilómetro para llegar, una cuadrilla de moros salió a su encuentro. Los chavales, que en su mayoría no rebasaban los diez años de edad, decidieron arrodillarse y rezar. No tenían otra salida. Sólo les quedaba esperar un milagro. El mayor de ellos pide a los demás que lo sigan hasta un aljibe cercano, donde se sube e implora a Jesucristo revivir su martirio. Pero ni lo humano ni lo divino pudieron evitar el trágico final: los 30 niños fueron degollados a sangre fría. Y, por si fuera poco, sus huesos fueron arrojados al propio aljibe.

Luminarias
Según los cronistas de antaño, de ese lugar surgían algunas noches extrañas luminarias que sobrevolaban los campos muy lentamente, como si fuese una procesión. Así lo testifica Vicente Cerdán, vecino de Laujar, que en 1668 afirmó que las luces se dirigían a la ermita de San Sebastián. Ese mismo año, el abad de la colegiata de Ugíjar, Luis Quijada de Salcedo, confiesa haber quedado paralizado cuando en un camino se topó con esta comitiva del más allá. El labrador Miguel López, estando con los bueyes en el campo, percibió a media noche la misma procesión de luces antes descrita. Él relacionó esto con las almas de los mártires y rezó por ellos. En ese momento, todas menos una se amortiguaron y fueron lentamente hasta la ermita, la rodearon, y volvieron al aljibe hasta que se apagaron. El mismo recorrido hicieron las luminarias en otra ocasión, ante los ojos de Catalina Ruiz y sus amigas, que volvían caminando desde Alcolea.Al parecer, el fenómeno cesó cuando se excavó en el barranco y los huesos de los niños fueron llevados a la iglesia de Berja. Lamentablemente, estas reliquias hoy no se conservan. En ese templo, por cierto, se obró otro hecho sobrenatural en la misma época. Según nos relata el historiador Justino Antolínez, unos cristianos estaban prisioneros allí, contando los minutos que quedaban para su fatal desenlace, cuando «entró por la ventana un tan gran resplandor y tanto tiempo, que juzgaron haber puesto los moros fuego a todo el pueblo». El sacerdote, Francisco Juez, pidió a sus compañeros cautivos que se mantuviesen firmes, pues aquel resplandor nada tenía que ver con las llamas, sino con una señal divina que les garantizaba el descanso eterno. Y así quisieron dejarlo escrito los testigos del prodigio.

Bayárcal
Años después de la contienda, en 1667, un vecino de nombre Juan Muñoz, venido de tierras cántabras para ejercer el oficio de sastre en busca de una vida mejor, juraría sobre la Biblia que el día 24 de diciembre a la medianoche vio «una cruz, detrás de la cruz un pendón, y detrás le seguían cuatro luces que se apagaban y se encendían». En un primer momento pensó en el cura del pueblo, quien solía aprovechar las noches para visitar a los enfermos, pero cuando estuvo a solo quince pasos de ellas, pudo comprobar que nadie las portaba. Juan Muñoz corrió a su casa mientras que las luces se elevaron, dirigiéndose hacia la torre de la iglesia. El licenciado Salvador Dorador también pudo verlas en otra ocasión, revelando este que en ese mismo lugar habían asesinado a varios cristianos inocentes.

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Misterios de Almería

Los misterios de los cortijos de la carrera del Mamí

La búsqueda de lo paranormal nos lleva ahora hasta las afueras de la capital, concretamente a la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en algunos cortijos de allí se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable, como por ejemplo el llamado ‘Marín de Burgos’. La verdad es que el sitio nos transmite esa sensación. Aún hoy se puede ver sobre su puerta la fecha en la que se levantó la ermita, el 1900, aunque la casa date del 1864 (año en el que Dolores Careaga del Valle empezó a residirla); todavía quedan restos de su muralla y, si paseamos a su alrededor, quedamos hipnotizados pensando en todas las historias que ocurrirían allí (restos de una fuente, un par de avenidas que antaño estarían ajardinadas…). Casi nada queda de la gran mansión de principios del siglo pasado. Antes de la Guerra Civil vivieron allí Ricardo de Burgos Careaga y su mujer, Almudena Martel y Medina. Juntos dotaron al lugar de un frondoso vergel más digno de tierras escocesas que del paisaje almeriense. Tras el desastre de la guerra, una hija de los dueños, Luisa de Burgos Martel, se instaló allí con su marido, el médico José Martín Espinosa (conocido entre sus vecinos como ‘el caballo’, por la contundencia con la que curaba a sus pacientes), hasta 1988 (año en el que este último falleció). Luisa dejó en herencia la vivienda a sus dos hijos: José y Emilio Marín de Burgos.

Seguramente se deba a la majestuosidad del caserón, pero lo cierto es que desde hace muchos años se han escuchado rumores sobre fenómenos extraños allí. También es posible que en todo ello haya influido la ermita de San Miguel, situada a pocos metros dentro de la misma finca. A primera vista, no difiere mucho de las típicas capillas-mausoleos que construían las familias ricas de la capital. Pero guarda un importante secreto, una cripta a la que se accede por una trampilla situada al inicio del crucero. El aspecto es tétrico: nichos vacíos, lápidas rotas… Y es que allí reposaron, entre otros, Ricardo de Burgos Real, María Jesús del Valle (viuda del marqués de Torre Alta, Miguel Careaga, fallecida en 1875), o el niño José María Acosta Gallardo, que murió a los ocho años de edad a consecuencia de la epidemia de 1918. Hoy, una verja de color blanco impide su acceso, pero personas como Loli recuerda haber curioseado con sus amigos, de pequeña, y tener que salir corriendo al encontrar huesos humanos esparcidos por el suelo. Con todo esto no es de extrañar que los chiquillos de “la Vega” fantasearan con espectros y sombras que acechaban en la noche. El panorama no invita a otra cosa, y los más ancianos avivan la llama rememorando historias que tienen que ver con raptos de chicas guapas, llevadas por la Santa Inquisición para hacerlas desaparecer. Estas leyendas tienen su base en el siglo XIX, en un intento de desprestigiar el Antiguo Régimen, pero no hay documentos que revelen procesos inquisitoriales en esas tierras.

El ‘Cortijo Grande’
A tan solo unas decenas de metros del Cortijo ‘Marín de Burgos’ se situaba otra imponente vivienda conocida como ‘el Cortijo Grande del Mamí’. Hoy ya no existe pero las descripciones que podemos encontrar en algunos libros y en boca de los vecinos, nos hacen a la idea de la importancia que tuvo que tener a principios del siglo XX. De esta casa, por cierto, sí que se han contado historias que tienen que ver con fantasmas, ruidos en la noche y apariciones. La caja de Pandora la abrió una mujer que había estado trabajando media vida como sirvienta para los dueños. “Por ejemplo, yo colocaba los platos limpios en la cancela de la chimenea antes de irme cada noche, y cuando llegaba por la mañana, me los encontraba en el suelo. No estaban rotos pero alguien los había movido. Además, siempre se han escuchado ruidos raros a altas horas de la madrugada”.

Gracias a José Manuel Lermos y a Juanjo Membrives, enamorados de la historia de Almería, tuve la suerte de conocer a Antonio Céspedes y Dolores Sánchez. Han vivido allí toda la vida, y sus padres y algunos familiares han trabajado para los dueños de la casa. Por eso son conocedores de los posibles fenómenos extraños que allí se producían. “Había una habitación, conocida como ‘la del obispo’, a la que nadie quería entrar. Los señores de la casa la tenían vacía, y por las noches se escuchaban ruidos de cadenas y de arrastrar muebles, pero estaba cerrada con llave”, comenta Dolores. Antonio es aún más explícito: “Unos mozuelos decidieron pasar una noche en esa habitación, y tuvieron que salir de allí cuando notaron cómo algo les oprimía el pecho. Eran cuatro y todos vivieron esa sensación de presión. Decían que les faltaba el aire”. Su suegro nació allí, y recuerda que les contaba que, si encendían una vela dentro de la habitación, la llama se apagaba rápidamente. La pena es que el lugar ya no existe. Hoy hay invernaderos y secanos que parecen ajenos a las historias que allí debieron suceder. Historias que, por cierto, tampoco se libran de asombrosos relatos sobre tesoros escondidos y sanguinarias batallas entre moros y cristianos.

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