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Eventos

Padrino en la graduación del Colegio Internacional SEK Alborán (2016)

Sigo recopilando cosas, y en este caso me he encontrado con un maravilloso recuerdo. Desde el Colegio Internacional SEK Alborán, en Almerimar, pensaron en mí como padrino para cerrar el curso de hace dos años. Coincidió con un momento duro para mí, y por eso estaré eternamente agradecido a Luis Carlos Jiménez, director del colegio, por hacer contado conmigo. GRACIAS.

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Misterios de Almería

Misterios de Almería – El culto a la Difunta Correa en Almerimar (El Ejido)

Provincia de San Juan (Argentina), año 1840. Pedro Correa, guerrero que luchaba por la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, huía de las autoridades. Fue apresado junto a su yerno para ser juzgado y encarcelado. La mujer de Pedro, Deolinda, fue a su rescate con su hijo de pocos meses en brazos. Caminaba sin pausa y con las pocas fuerzas que le quedaban. Murió de sed en el camino, desplomándose en un pequeño cerro. Días después, unos arrieros hallaron el cuerpo sin vida de Deolinda, pero con una sorpresa: el niño seguía vivo y estaba mamando de uno de los pechos de su madre. Los buenos hombres acogieron al pequeño y dieron sepultura a la heroína.

Cuando la historia se propagó entre la población, la gente comenzó a acudir a la tumba de Deolinda, llevándole flores y ofrendas, sobre todo agua. Botellas llenas para que, esté donde esté, pueda calmar la sed que la llevó a morir. A cambio, las personas le piden que vele por ellas desde el otro lado. Actualmente, allí hay un santuario en honor a la Difunta Correa donde se congregan cada año un millón de personas.

Almerimar
En la carretera de El Alcor, que va desde San Agustín hasta Almerimar, hay dos pequeñas grutas con forma de altar que llaman mucho la atención por la cantidad de botellas de agua que las rodean. La primera fue creada por dos argentinos que llegaron a San Agustín hace diez años. Leonardo di Lernia e Ivanna Haro construyeron en 2010 el santuario para pedir trabajo y salud a la Difunta Correa. Y funcionó, porque desde entonces todo les ha ido bien.

A partir de ahí, es raro el día en el que algún vecino de la comarca del Poniente no recurra a este lugar para intentar que esta mártir cumpla sus peticiones a cambio de botellas de agua, aunque también es frecuente ver otro tipo de objetos como chupetes de niños pequeños, casitas de madera, collares, bastones y  ositos de peluche. Esta estampa impacta mucho a quienes se la encuentran sin saber la historia. “Sentí escalofríos cuando lo vi. Desde el primer momento supe que aquello no era normal y tuve bastante miedo”, confiesa Toñi Fernández.

Sanaciones, curaciones imposibles, trabajo o bienestar sentimental son las peticiones que se hacen a la Difunta Correa. Por eso  es raro el día en el que no se acerquen a Almerimar varias personas a rendirle culto. “Es algo íntimo”, declara una mujer que espera su turno para dejar su ofrenda. Aunque, al igual que ocurre con las ánimas benditas de Adra, dicen que quien no lleva agua a la Difunta Correa recibe algunos ‘avisos’ para que cumpla lo adeudado. “Es muy  ‘cobradora’. Irá a buscarte para avisarte de lo que le debes”, afirma Ivanna. 

Testimonio
Maite y sus amigos iban en el coche camino de Almerimar. Reían y conversaban tranquilamente hasta que algo perturbó su ánimo. Los cuatro pudieron ver en la carretera una figura extraña. Parecía una mujer, pero no se la distinguía bien. Era como si estuviese difuminada. Caminaba muy lentamente dando sensación de cansada. «En cuanto la vimos, nos callamos todos. Y a los cuatro se nos puso el vello de punta. Como si en nuestro cuerpo hubiera saltado una alarma de peligro. Aquella figura no era de este mundo». Como nos hubiera pasado a casi todos, la primera reacción de los chicos fue la de no parar. Tenían miedo, pero cuando el shock se les pasó, decidieron dar la vuelta para socorrer a esa persona.

José, profesor de autoescuela, también vio algo extraño en esa carretera. Lo que él define como “un cuerpo sin cabeza” se le cruzó en plena noche. Y cerca de allí, Eduardo Carvelo y un amigo suyo fueron perseguidos por una extraña luminaria que fue tras ellos entre invernaderos.

Malestar
Más tangible es el descontento de quienes viven cerca, por ejemplo los vecinos de la urbanización que hay justo debajo, que se quejan de que muchos días el viento arrastra hasta allí las botellas vacías. También han mostrado su malestar los propietarios de los invernaderos cercanos, por el mismo motivo.

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