En la cumbre de Ohanes está la ermita de la Virgen de Tices, construida durante los primeros años del siglo XIX, según otra leyenda, por un soldado que regresaba a casa tras luchar en una batalla. En su mochila llevaba una imagen de la Virgen, sentándose a descansar en los restos de la antigua ermita de San Marcos. Cuando quiso seguir su camino, la mochila pesaba tanto que no pudo levantarla. Aquello fue tomado como una señal inequívoca de que la Virgen quería seguir allí para siempre. Esta historia, con alguna variante, es la misma que se cuenta como origen de la construcción de muchas ermitas e iglesias. El carácter milagroso de esta Virgen hace que miles de peregrinos acudan a ella cada año en busca de su consuelo. Desde que este culto comenzase, las peticiones que se llevan la palma son las que tienen que ver con la salud, el amor no correspondido y el trabajo. Precisamente esto último se acentuó con la aparición de la industria minera en los pueblos almerienses. Y es entonces cuando entra en escena el protagonista de la leyenda que quiero contarles:

El auge económico que trajo consigo la aparición de un filón de plata en Cuevas de Almanzora en 1838, también atrajo a diversos bandoleros que hacían su agosto asaltando a los comerciantes, entre ellos el bandido “Pies de plata”. No había camino, cortijo o pueblo que se le resistiera, ni diligencia o pistolero que pudiera capturarle. El apodo le venía por la velocidad con la que corría cuando era perseguido. En una ocasión el bandolero acorraló a un vecino de Ohanes que estaba atravesando un barranco para subir a la ermita de la Virgen de Tices. Como no tenía otra escapatoria, el buen hombre se precipitó voluntariamente hacia el abismo no sin antes implorar «¡Sálvame, Virgen de Tices!». “Pies de plata” consideró que su objetivo había pasado a mejor vida y volvió por donde había venido sin saber que en ese mismo instante el ohanense había sido teletransportado a la ermita de forma milagrosa, logrando salvar su vida.

Se cuenta también que durante la epidemia de cólera que azotó la región en 1885, bajaron la Virgen al pueblo consiguiendo con esto que ningún vecino cayese enfermo. Y que el Arzobispo de Granada, Juan Manuel Moscoso y Peralta, gravemente enfermo, también fue sanado por la imagen.

Nota: La imagen que ilustra este artículo es un cuadro de la ermita de la Virgen de Tices realizado por Cristóbal Pardo, buen amigo y excelente escritor y pintor.

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