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Misterios y leyendas de Laujar

Si hablamos de lugares donde están presentes las historias que tienen que ver con lo extraño, lo legendario y lo enigmático, seguramente Laujar merece una mención especial, ya que estaría en la parte alta de cualquier ranking de esa índole.

Historias de aparecidos, leyendas urbanas, un particular bestiario o inquietantes luminarias que sobrevuelan sus campos son las joyas de la corona de estos relatos que mezclan fantasía con realidad, y sugestión con vivencias reales. Pero hoy sólo nos vamos a detener en algunas de ellas, las que están más presentes en el imaginario popular de sus gentes.

Enterramientos
Inevitablemente debemos detenernos en todo lo relacionado con la muerte y su culto, y el cementerio es parada obligatoria en ese macabro viaje. No solo por la estética de algunas de sus tumbas, sino por las leyendas que fluyen de ellas. La situación geográfica de este camposanto hace aún más interesante la visita si nos atrevemos a caminar por él después de que el sol se haya escondido. Sobre todo, si conoces los rumores que tienen que ver con rituales de brujería llevados a cabo a principios del siglo XX. Al menos eso fue lo que describieron algunas mujeres que, en medio de sus rezos y oraciones, se encontraron con diversas personas vestidas con túnicas negras y prominentes capuchas, que estaban sentadas en el suelo del cementerio, cogidas de la mano, mientras cantaban en un idioma ininteligible.
Esa misma estampa la presenció un molinero del pueblo, junto al Nacimiento. El valeroso vecino se acercó a aquella reunión de brujas para ver si conocía a quienes la estaban llevando a cabo. Sus hijas cuentan que recibió tales amenazas que jamás quiso revelar la identidad de aquellos siniestros personajes.

Cortijo
Los comentarios se acrecentaban en el pueblo, por lo que muchos tenían miedo de salir a pasear por la noche. No querían encontrarse con una de esas reuniones satánicas. En una ocasión, el dueño de un cortijo denunció el robo de un choto, y algunos testigos comentaron que en una casona que hay en la carretera de Paterna, en Molero, vieron a varias personas en el tejado danzando y cantando, semidesnudos, haciendo un extraño ritual con el animal. Había hombres y mujeres, y cuentan las malas lenguas que muchos de ellos pertenecían a la alta sociedad de la época. Personas adineradas y de la política que aprovechaban la impunidad de la noche y el miedo de los vecinos para llevar a cabo sus macabros impulsos.

Gigantes
Sin alejarnos mucho de allí, quiero señalarles un lugar relacionado con los enterramientos: el conjunto de tumbas que hay en la cuesta del Calache, debajo de la Villa Turística. Están cortadas por el talud de la carretera y no se escapan a leyendas de tesoros y apariciones. Seguramente se trate del cementerio musulmán de la Alquería de Hormica. Tampoco quedan si su ración legendaria la llamada ‘tumba del gigante’, en este caso cerca de la sierra de Gádor, en la zona de Caparidán (al lado de la balsa, junto al camino). Rodeada de restos romanos, es una espectacular estructura formada por piedras de varias toneladas. La leyenda nos transmite que allí vivían dos gigantes, en tiempos inmemoriales, que luchaban tirándose esos grandes bloques de piedra. Actualmente, cuando nieva, los ancianos comentan a sus nietos que son los gigantes de antaño quienes se pelean tirándose bolas de hielo.

Luces
Es frecuente que los lugares en los que se encuentran restos arqueológicos se asocien también a la presencia de luces que sobrevuelan esos campos en plena noche. En esa zona de Laujar, algunos vecinos aseguran haberlas visto, principalmente el Día de Todos los Santos.

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Los misterios de los cortijos de la carrera del Mamí

La búsqueda de lo paranormal nos lleva ahora hasta las afueras de la capital, concretamente a la carrera del Mamí. Siempre se ha dicho que en algunos cortijos de allí se han sucedido distintos episodios relacionados con lo inexplicable, como por ejemplo el llamado ‘Marín de Burgos’. La verdad es que el sitio nos transmite esa sensación. Aún hoy se puede ver sobre su puerta la fecha en la que se levantó la ermita, el 1900, aunque la casa date del 1864 (año en el que Dolores Careaga del Valle empezó a residirla); todavía quedan restos de su muralla y, si paseamos a su alrededor, quedamos hipnotizados pensando en todas las historias que ocurrirían allí (restos de una fuente, un par de avenidas que antaño estarían ajardinadas…). Casi nada queda de la gran mansión de principios del siglo pasado. Antes de la Guerra Civil vivieron allí Ricardo de Burgos Careaga y su mujer, Almudena Martel y Medina. Juntos dotaron al lugar de un frondoso vergel más digno de tierras escocesas que del paisaje almeriense. Tras el desastre de la guerra, una hija de los dueños, Luisa de Burgos Martel, se instaló allí con su marido, el médico José Martín Espinosa (conocido entre sus vecinos como ‘el caballo’, por la contundencia con la que curaba a sus pacientes), hasta 1988 (año en el que este último falleció). Luisa dejó en herencia la vivienda a sus dos hijos: José y Emilio Marín de Burgos.

Seguramente se deba a la majestuosidad del caserón, pero lo cierto es que desde hace muchos años se han escuchado rumores sobre fenómenos extraños allí. También es posible que en todo ello haya influido la ermita de San Miguel, situada a pocos metros dentro de la misma finca. A primera vista, no difiere mucho de las típicas capillas-mausoleos que construían las familias ricas de la capital. Pero guarda un importante secreto, una cripta a la que se accede por una trampilla situada al inicio del crucero. El aspecto es tétrico: nichos vacíos, lápidas rotas… Y es que allí reposaron, entre otros, Ricardo de Burgos Real, María Jesús del Valle (viuda del marqués de Torre Alta, Miguel Careaga, fallecida en 1875), o el niño José María Acosta Gallardo, que murió a los ocho años de edad a consecuencia de la epidemia de 1918. Hoy, una verja de color blanco impide su acceso, pero personas como Loli recuerda haber curioseado con sus amigos, de pequeña, y tener que salir corriendo al encontrar huesos humanos esparcidos por el suelo. Con todo esto no es de extrañar que los chiquillos de “la Vega” fantasearan con espectros y sombras que acechaban en la noche. El panorama no invita a otra cosa, y los más ancianos avivan la llama rememorando historias que tienen que ver con raptos de chicas guapas, llevadas por la Santa Inquisición para hacerlas desaparecer. Estas leyendas tienen su base en el siglo XIX, en un intento de desprestigiar el Antiguo Régimen, pero no hay documentos que revelen procesos inquisitoriales en esas tierras.

El ‘Cortijo Grande’
A tan solo unas decenas de metros del Cortijo ‘Marín de Burgos’ se situaba otra imponente vivienda conocida como ‘el Cortijo Grande del Mamí’. Hoy ya no existe pero las descripciones que podemos encontrar en algunos libros y en boca de los vecinos, nos hacen a la idea de la importancia que tuvo que tener a principios del siglo XX. De esta casa, por cierto, sí que se han contado historias que tienen que ver con fantasmas, ruidos en la noche y apariciones. La caja de Pandora la abrió una mujer que había estado trabajando media vida como sirvienta para los dueños. “Por ejemplo, yo colocaba los platos limpios en la cancela de la chimenea antes de irme cada noche, y cuando llegaba por la mañana, me los encontraba en el suelo. No estaban rotos pero alguien los había movido. Además, siempre se han escuchado ruidos raros a altas horas de la madrugada”.

Gracias a José Manuel Lermos y a Juanjo Membrives, enamorados de la historia de Almería, tuve la suerte de conocer a Antonio Céspedes y Dolores Sánchez. Han vivido allí toda la vida, y sus padres y algunos familiares han trabajado para los dueños de la casa. Por eso son conocedores de los posibles fenómenos extraños que allí se producían. “Había una habitación, conocida como ‘la del obispo’, a la que nadie quería entrar. Los señores de la casa la tenían vacía, y por las noches se escuchaban ruidos de cadenas y de arrastrar muebles, pero estaba cerrada con llave”, comenta Dolores. Antonio es aún más explícito: “Unos mozuelos decidieron pasar una noche en esa habitación, y tuvieron que salir de allí cuando notaron cómo algo les oprimía el pecho. Eran cuatro y todos vivieron esa sensación de presión. Decían que les faltaba el aire”. Su suegro nació allí, y recuerda que les contaba que, si encendían una vela dentro de la habitación, la llama se apagaba rápidamente. La pena es que el lugar ya no existe. Hoy hay invernaderos y secanos que parecen ajenos a las historias que allí debieron suceder. Historias que, por cierto, tampoco se libran de asombrosos relatos sobre tesoros escondidos y sanguinarias batallas entre moros y cristianos.

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Misterios de Almería: La presencia del diablo

Ocurrió durante el año 1990. La prensa provincial, seguramente por primera vez, empezó a mencionar palabras como “misa negra”, “secta satánica” o “profanación de cementerios”. En las poblaciones cundió el pánico debido a los rumores sobre rituales con niños y secuestros. En septiembre aparece en un paraje de Benahadux una cabra decapitada sobre un altar rodeado de vasos de colores, trozos de vela y dos utensilios de barro, conteniendo uno de ellos una pata de cabra. Días después, en el cementerio de Carboneras, se descubren varios pollos degollados, rodeados de velas y otros elementos utilizados en las llamadas “misas negras”.

El lunes diecisiete de septiembre los vecinos del pueblo de Alhama se despiertan con una extraña noticia. En la puerta del cementerio se encontrados los restos de una presunta ceremonia satánica como pueden ser una sábana blanca, sangre de animal, vasos con velones, cruces invertidas, dos muñecos de trapo y quizá lo más sorprendente, dos cabritos decapitados. En una pared habían escrito “Heavy satánico”. También había restos de alimentos como lentejas, salchichas, fruta y carne. Eso coincidió con una inusual tormenta que azotó la población esa noche y, algo curioso, con la fiesta de despedida del párroco local.

La población estaba aterrada, siendo muchos los que no se atrevían a visitar el camposanto de Alhama, a pesar del llamamiento a la tranquilidad del alcalde cuando corren los rumores de que el propio Ayuntamiento ha recibido un mensaje anónimo que anunciaba un próximo rito satánico, esta vez con un niño y una niña pequeños. Juan Rodríguez, vecino de allí, fue uno de los primeros que se percató de algo extraño “Fue el lunes muy temprano. Iba en coche hacia Huécija por lo que tenía que pasar junto al cementerio y me paré al ver una sábana blanca y dos chotos decapitados en la puerta. Tememos que se lleven a niños del pueblo”.

Tras las primeras investigaciones, la Guardia Civil indicó que los culpables de esos tres casos podían ser los mismos individuos, y no podía faltar el comunicado oficial del Obispado condenando estos actos. Se empezó a hablar de varias mujeres de Sudamérica que habían sido contratadas por personas de Almería para hacer “trabajos” o “encargos”, asociándose a ritos con animales frecuentes en Brasil, Argentina, Perú, Cuba o Marruecos. Los alimentos y el vino encontrados podían hacer referencia a ofrendas al maligno, a cambio de que éste hiciera el mal a alguien, en el caso de Carboneras. Los sucesos de Benahadux eran más parecidos a una “fiesta negra” o “aquelarre”. Además, en Alhama, se interrogó al propietario de una tienda, quien declaró haber vendido utensilios de metal y barro a unas personas ajenas al pueblo en esos días.

Cordero degollado
Cuando parecía que los ánimos se habían apaciguado, la noche del veintidós de septiembre, en la Cañada de San Urbano, aparecen los restos de un cordero degollado y cuencos de barro muy parecidos a los hallados en los casos anteriores. Otro vez el “ritual satánico” en boca de todos. Y por si fuera poco, la Guardia Civil encuentra un extraño manuscrito mientras recorría el paraje de “La Parlata” en Benahadux en busca de indicios para la investigación. En uno de los hoyos donde los malhechores montaron los improvisados altares, se produjo el inquietante hallazgo de varias hojas de papel ensangrentadas en las que figuraban varios nombres que bien podían ser los destinatarios del acto satánico. “Felipe”, “Juan” o “José Escots” son algunas de las palabras que se podían apreciar en el manuscrito.

Exorcismo de 40 niñas
Pero sin duda alguna el caso más llamativo fue el ocurrido en Vícar el 13 de febrero de ese mismo año, cuando el sargento Rafael Montoya irrumpió en un almacén abandonado donde se estaba celebrando un exorcismo a unas 40 niñas a la vez.

Manuel Aracil, pastor de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, y su secuaces habían inducido a las niñas a experimentar convulsiones y náuseas a través de una extraña bebida que les habían dado tras dejarlas varios días sin comer, todo con el consentimiento de sus familias. Este evangelista se creía un enviado de Dios y había convencido a esas familias de que las jóvenes tenían el diablo dentro del cuerpo.

La intervención de Rafael Montoya fue imprescindible para que hoy no estemos hablando de una desgracia, a pesar de que el caso se emborronó ya que Rafael fue expulsado de la policía al extralimitarse geográficamente, y Manuel Aracil quedó libre ya que la jueza decretó libertad religiosa y consentimiento paterno para que las niñas estuvieran allí.

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Tras las huellas de San Tesifón – Leyendas de Almería

Según las Actas de los Varones Apostólicos, San Pedro y San Pablo ordenaron a siete obispos con la misión de viajar a Hispania para evangelizarla. Uno de ellos, Tesifón, sería el encargado de fundar Virgi (Berja). Sus primeras referencias las encontramos en varios documentos del s. X, pero existe otra versión, según la tradición medieval, recogida en manuscritos del s. IX, que cambia un poco la historia, siendo el motivo de la visita de estos siete Varones Apostólicos a Hispania el traslado del cuerpo del Apóstol Santiago desde Jerusalén a Galicia, lugar donde había predicado tiempo atrás.

Milagros
Gran parte de los historiadores no dudan de la presencia aquí de San Tesifón. Así, en el memorial de la visita pastoral que realizó el arzobispo Pedro de Castro a la Alpujarra en 1591, se recoge lo siguiente: «…junto a Verja dicen que fue obispo San Tesifón de los siete discípulos que los Apóstoles imbiaron a Hespaña y que se hallará en la leyenda de Tesifón» (sic).

En la época en la que supuestamente San Tisifón fijó una breve residencia en Castala, aparecen datos de sus prodigios, como el de los pájaros. Esta historia fue recogida por Luis del Marmól en el año 1600, y por Francisco Fernández Navarrete en 1997: «En el paraje donde estuvo San Thesiphón, retirado en una cueva, los gorriones ni paran, ni pican ni pernoctan… Dicen que habiéndose quedado un día solo a guardar las mieses, por retirarse a la Oración, encerró a todos los gorriones en un aposento, dándoles después libertad con precepto de no hacer daño ni detenerse allí. Lo cierto es que si pasan por allí es muy de ligero y no paran ni comen, y si acaso pican algo, caen amortecidos».

Al parecer, es vox populi que en esa zona las cebadas que se plantan no se las comen los gorriones. Cuentan que jamás se ha visto a esta avecilla por allí, pero en las fincas cercanas sí que actúan y diezman las cosechas. De hecho, existe el testimonio de José Gándara Parrón, de 78 años, que afirma haber visto cómo en Castala los pájaros mueren con el grano de trigo en la garganta.

Huellas
Desde el día 2 de marzo de 1798, San Tesifón es el patrón oficial de Berja, aunque se sabe que su culto ya se venía celebrando desde finales del s. XVI. De Berja pasó a Adra, donde siguió envuelto en historias sobre maravillosos prodigios a la par que iba evangelizando. Uno de estos hechos tuvo lugar en la ermita de San Sebastián, en la ladera sur del Cerro de Montecristo. La ermita data del año 1680 y, durante las obras llevadas a cabo en el s. XVIII, se descubrieron una serie de restos del subsuelo que tenían que ver con una fábrica de salazones del s. I, así como varias lápidas funerarias romanas con inscripciones latinas. Esto nos hace sospechar que posiblemente ahí estaría el antiguo cementerio y quién sabe si la auténtica tumba de San Tesifón (aunque sus restos se localizan en el Sacromonte granadino). Ciñéndonos al hecho sobrenatural, la leyenda nos dice que San Tesifón dejó grabadas allí, en un bloque de alabastro, las huellas de sus pies así como la marca del báculo con el que golpeó la piedra antes de partir de Adra. Las huellas se conservan a modo de reliquia en la fachada principal de la ermita.

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Juan Mesa, el guardia civil almeriense que vio un OVNI

Pocas veces he investigado un caso tan impresionante como el de Juan Mesa, un sargento de la Guardia Civil ya jubilado, que reside en Almería.

Juan, tan amable y campechano como me habían indicado, no tuvo reparos en abrirme las puertas de su casa, en plena playa de El Zapillo, y contarme la experiencia que vivió, junto a dos compañeros, en el mes de agosto de 1978. Él se fue como voluntario al País Vasco, intentando labrarse un futuro dentro el cuerpo de la Guardia Civil. Concretamente estaban en Marquina-Jeméin, en el cuartel de Iruzubieta. Lo que podía haber sido una jornada como cualquier otra, con los nervios propios de la juventud y el temor ante cualquier acto terrorista derivado de la tensión política del momento, se convirtió en un episodio que no olvidarán jamás. “Hicimos un pacto de silencio para no contárselo a nadie mientras estuviésemos en activo”. Hoy, ya jubilado, ha tenido el valor y la honestidad de compartir su vivencia con nosotros.

Serían aproximadamente las dos de la madrugada cuando los tres guardias se percataron de que algo no iba bien. “Llevábamos un buen rato escuchando los ladridos de los perros de los vecinos. Estaban muy inquietos, como alterados por algo. Como teníamos puestos los chalecos antibalas, decidimos salir a ver qué ocurría, por si había que defender el cuartel ante cualquier ataque”. Situados en la tercera planta, y en posición de alerta, Juan y sus compañeros quedaron paralizados. Un gigantesco foco de luz los iluminó completamente. “Era una luz color calabaza intenso. Casi roja. Nos enchufó durante casi dos minutos”. Ese periodo de tiempo se hizo eterno para Juan Mesa y sus amigos, que vivieron momentos de auténtica tensión. “Monté el cetme dispuesto a disparar, pero mi compañero me gritó para que no lo hiciera. ¡Espera, Mesa! ¡Tranquilo! Y por suerte no lo hice. De lo contrario, seguramente me hubieran llevado preso”.

Lo que tenían sobre sus cabezas no era de este mundo. Al menos no un aparato que se conociese en ese momento (ni ahora). “Estaba sobre la Iglesia y sobre el cuartel. Era inmenso, podía tener unos 50 metros de diámetro. Y tenía forma redonda, como un disco”. Juan Mesa está convencido de ello porque podía ver uno de los laterales del platillo. “Casi rozaba los tejados de las casas, así que no podía ser un helicóptero o un avión. ¡No hacía ruido!”. Los guardias civiles tuvieron tiempo para ver que el aparato o lo que fuese tenía un color gris tirando a acero, y en su parte inferior se veían lo que parecían ser compuertas con tornillos. “La luz que nos irradiaba venía de un círculo que tenía en la base. Permanecía estático, sin girar”. Pasado ese tiempo de desconcierto, la luz se apagó y el aparato arrancó desde cero. Los tres guardias atravesaron corriendo el cuartel para situarse en la habitación del otro extremo y ver hacia dónde se dirigía la nave.

Dos naves
Cuando llegaron a la ventana comprobaron que no era una, sino dos. “Había otro disco más, y se habían desplazado muchísimos metros. ¡Iban a una velocidad increíble!”. Además, los dos aparatos hacían movimientos en zigzag, se intercambiaban de posición e incluso parecía como si estuvieran jugando entre ellos. “Fue algo asombroso. Nunca lo olvidaremos”. Nuestros protagonistas tardaron bastantes minutos en reaccionar. ¿Qué podían hacer? Si daban parte a sus superiores abrirían una investigación, les harían preguntas y se podían jugar su carrera. Eran jóvenes y buscaban un futuro para sus familias, así que decidieron callar. Desde mi posición entendí perfectamente la postura que Juan Mesa adoptó hace más de treinta años, pero una pregunta me vino a la mente: ¿Cuántos casos y testimonios se habrán perdido por el miedo al qué dirán o a la reacción de la gente? Nunca lo sabremos.

Juan Mesa no sintió miedo alguno, pero tiene clara una cosa: “Quienes estuvieran dentro de esa cosa nos estaban observando. Estoy seguro. Creo que llevaban bastante tiempo sobre el cuartel y solo los vimos cuando abrieron la compuerta para alumbrarnos”. Aquella experiencia cambió su forma de ser y su modo de ver la vida. Y, a buen seguro, será un buen golpe para los detractores del fenómeno ovni, aquellos que dicen, muchas veces con ánimo de ofender y desprestigiar, que este fenómeno solo se aparece ante personas de bajo nivel cultural y de poblaciones rurales. Por eso me rindo a los pies de este testigo, un guardia civil, con nombres y apellidos. Su generosidad no conoce límites.

La historia completa está recogida en el libro “Almería: Secretos y misterios”.

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Los milagros de la Virgen del Socorro (Tíjola)

Otra Virgen venerada en Almería, y a la que se atribuyen multitud de milagros, es la del Socorro, en Tíjola. La leyenda comienza con su procedencia, y es que según los versos que aún hoy siguen recitando algunas ancianas, llegó desde Nápoles. En el año 1498 los Reyes Católicos auxiliaron al reino italiano tras la invasión de las tropas de Carlos VIII de Francia y, en agradecimiento por ese “socorro”, la imagen, con algún que otro contratiempo, llegó a nuestras tierras. No se sabe dónde anduvo la imagen durante un periodo de 70 años, pero el caso es que Don Juan de Austria la coronó en Tíjola cuando terminó la sublevación de las Alpujarras. No fue hasta el 7 de abril de 1575 cuando, según la página 468 del Libro de Apeos y Repartimientos de Suertes, decidieron llamarla “del Socorro” y edificarle una ermita para que protegiese a la población de morir exterminada por una plaga de langostas que azotaba el lugar en esas fechas. Desde entonces, la imagen ha seguido obrando prodigios, como el de unos valientes soldados tijoleños que se vieron rodeados por las huestes mahometanas en las playas de África. Ellos se encomendaron a su patrona porque su destino se ceía de oscuridad (morirían ahogados o acribillados a balazos). Cuenta la tradición que la Virgen arrancó en vuelo, como si de un pájaro se tratase, y surcó el cielo desde Tíjola hasta donde aquellos hombres la necesitaban, atravesando el Mar Mediterráneo, y posándose delante de los malhechores que pretendían disparar sobre los almerienses. Todas y cada una de las balas enemigas rebotaron en el manto de la Virgen del Socoro, provocando la huída de aquellos guerreros africanos.

La imagen actual no es la original ya que, como viene siendo tristemente habitual, la Guerra Civil Española se la llevó.

 

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Pies de plata y los milagros de la Virgen de Tices (Ohanes)

En la cumbre de Ohanes está la ermita de la Virgen de Tices, construida durante los primeros años del siglo XIX, según otra leyenda, por un soldado que regresaba a casa tras luchar en una batalla. En su mochila llevaba una imagen de la Virgen, sentándose a descansar en los restos de la antigua ermita de San Marcos. Cuando quiso seguir su camino, la mochila pesaba tanto que no pudo levantarla. Aquello fue tomado como una señal inequívoca de que la Virgen quería seguir allí para siempre. Esta historia, con alguna variante, es la misma que se cuenta como origen de la construcción de muchas ermitas e iglesias. El carácter milagroso de esta Virgen hace que miles de peregrinos acudan a ella cada año en busca de su consuelo. Desde que este culto comenzase, las peticiones que se llevan la palma son las que tienen que ver con la salud, el amor no correspondido y el trabajo. Precisamente esto último se acentuó con la aparición de la industria minera en los pueblos almerienses. Y es entonces cuando entra en escena el protagonista de la leyenda que quiero contarles:

El auge económico que trajo consigo la aparición de un filón de plata en Cuevas de Almanzora en 1838, también atrajo a diversos bandoleros que hacían su agosto asaltando a los comerciantes, entre ellos el bandido “Pies de plata”. No había camino, cortijo o pueblo que se le resistiera, ni diligencia o pistolero que pudiera capturarle. El apodo le venía por la velocidad con la que corría cuando era perseguido. En una ocasión el bandolero acorraló a un vecino de Ohanes que estaba atravesando un barranco para subir a la ermita de la Virgen de Tices. Como no tenía otra escapatoria, el buen hombre se precipitó voluntariamente hacia el abismo no sin antes implorar «¡Sálvame, Virgen de Tices!». “Pies de plata” consideró que su objetivo había pasado a mejor vida y volvió por donde había venido sin saber que en ese mismo instante el ohanense había sido teletransportado a la ermita de forma milagrosa, logrando salvar su vida.

Se cuenta también que durante la epidemia de cólera que azotó la región en 1885, bajaron la Virgen al pueblo consiguiendo con esto que ningún vecino cayese enfermo. Y que el Arzobispo de Granada, Juan Manuel Moscoso y Peralta, gravemente enfermo, también fue sanado por la imagen.

Nota: La imagen que ilustra este artículo es un cuadro de la ermita de la Virgen de Tices realizado por Cristóbal Pardo, buen amigo y excelente escritor y pintor.

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Leyendas de Almería: El cristo del Portal o el cristo carbonero

Inexplicablemente, a pesar de estar situado en pleno casco histórico (calle Jovellanos), pasa desapercibido, incluso, para los que viven en esa zona. La próxima vez que caminen por allí, fíjense en el caserón que hay al lado de Casa Puga. Asómense por las rejillas y descubran al llamado Cristo del Portal, también conocido con el nombre de Cristo Carbonero.

La historia, como no podría ser de otro modo, tiene varias versiones. Yo me quedo con la que reflejó el gran Joaquín Santisteban y Delgado en las páginas de La Crónica Meridional (20 de agosto de 1924). Según él, un carbonero dibujó a capricho, en un éxtasis de fe, un Cristo con carbón que después fue objeto de reverencia y respeto hasta día de hoy. Santisteban nos refiere la tradición de que en un portal de la calle de Santo Cristo existía un depósito de carbón. La persona encargada de su venta tenía una serie de dotes artísticas que demostraba a sus clientes al trazar dibujos con el material que ofertaba. Un buen día, alguien le lanzó un reto: «Sabes hacer dibujos toscos pero jamás pintarás un Cristo». Él lo tomó como una ofensa y procedió a dibujar a Jesús de forma tan clara que hasta se detallaban sus facciones. Esa historia se fue transmitiendo de boca en boca, atribuyéndose el hecho a un milagro, con lo que el Cristo dibujado comenzó a ser objeto de adoración… y de donativos.

Cuando pasó el tiempo y la casa cambió de manos, los nuevos inquilinos decidieron borrar la imagen picando en la pared, pero el Cristo surgió nuevamente como si de una cara de Bélmez se tratase. Toda tentativa de hacer desaparecer el Cristo resultó inútil. A partir de entonces, el pueblo le imploró y siguió haciéndole partícipe de sus promesas a cambio de rezos y monedas. Unas épocas con más afluencia y otras con menos, pero su culto siempre ha estado activo desde entonces (exceptuando, por lógica, los periodos de guerra). En mayo de 1842, la Diputación Provincial pide al Ayuntamiento que se cumpla la siguiente ordenanza: Deben desaparecer de las calles de Almería las efigies existentes, trasladándose estas a las parroquias correspondientes para evitar su profanación o deterioro. Por aquel entonces, la casa del Cristo del Portal era propiedad de Francisco Vázquez Capilla, quien, por imposibilidad de cumplir la normativa (no se puede trasladar un dibujo hecho en una pared), decide colocar un lienzo blanqueado para ocultar el prodigio. Tiempo después habitan la casa López de Sagredo y Magdalena Escolano, que colgaron un óleo de Jesús en su muerte. Cuadro, que, por cierto, quiso comprar el obispo D. Alfonso Ródenas para llevar al Palacio Episcopal, tras bendecirlo. Por otro lado, el propio Jesús de Perceval se encargó de retocar la imagen actual (en el dorso del cuadro está el sello de la Escuela Indaliana), que es obra del pintor almeriense Francisco Capulino-Lanuza Pérez (más conocido como “Capuleto”).

Les decía al principio que había más versiones de esta historia. Últimamente se ha popularizado una de ellas al ser recogida en Diario de Almería por uno de sus articulistas (hasta en cuatro ocasiones), del que sorprenden tales afirmaciones ya que es conocida su animadversión a los temas relacionados con la leyenda y lo sobrenatural y, como nos relataba Joaquín Santisteban, la historia tiene base real. Aun así, es interesante a modo de anécdota lo que en el mencionado diario se nos cuenta a pesar de la poca fiabilidad de su firmante:

Después de ser expulsados los moriscos tras las revueltas de 1490, se procede a repartir sus bienes entre los nuevos repobladores. Entre ellos se encontraba la susodicha casa, que va a parar a manos de Álvaro de Solís (mayordomo, escudero y diputado de Fernando de Cárdenas, alcaide de La Alcazaba), decidiendo este montar una hospedería en el lugar para que fuese regentada por su esposa, Guiomar de Sanabria.

Un fría noche, a principios del siglo XVI, se personó en el lugar un hombre de aspecto desaliñado y andrajoso, más parecido a un mendigo, pidiendo un techo donde dormir. La dueña no vio procedente dejarle una habitación pero se apiadó de él permitiéndole pernoctar en una pequeña dependencia bajo la escalera, recostado sobre un montón de paja sin preguntarle nombre ni lugar de procedencia. A la mañana siguiente, del hueco de la escalera emanaba una luz cegadora y no había rastro del misterioso viajero. En su lugar había un Cristo dibujado con carboncillo en la pared. Esa noticia, como es lógico, se tomó como un milagro. El resto de la historia ya la conocen.

Actualmente la casa pertenece a Ricardo Molina. Su suegra, María Berenguel Andújar se la dejó en herencia a su mujer, Antonia de la Paloma Navarro. Si me permiten una recomendación, caminen por esa calle una noche de verano, época en la que el Cristo del Portal está iluminado y se puede admirar en su máximo esplendor. Si tenéis curiosidad, por hacer una de las rutas del misterio donde podréis descubrir este y otros encantos ocultos de la ciudad de Almería, contactad con EMOCIOM: 950801112

 
Nota: Las dos fotografías del artículo están realizadas durante una ruta por la Almería misteriosa, de Alberto Cerezuela, justo en el lugar donde se sitúa esta historia.

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