Misterios de Almería Category

Misterios de Almería

Los enanos de Vera – La Almería extraña

Sólo con el título, seguro que a más de uno se le ha esbozado una sonrisa. Y no es para menos, pero el gran investigador sevillano Juan de Mena, recoge a estos singulares seres. A pesar de que en Andalucía no son habituales las creencias sobre enanos y/o gnomos, al parecer en Vera existe un lugar, camino a Cuevas de Almanzora, conocido como “El Zorzo”. Comentan los vecinos más longevos que, en algunos atardeceres, aparecen unos extraños enanos que tienen como misión acompañar a las buenas personas que pasan por allí en dirección a una fuente cercana, para protegerlos de cualquier peligro. De igual modo, si alguna persona malvada camina por el lugar, estos personajillos les impiden el paso.

Read more

Misterios de Almería

El Dios de Castala

Un hombre bueno, sonriente, tranquilo y amante de la naturaleza que de buenas a primeras dejó a su familia en el pueblo y se enroló en un retiro espiritual en compañía de la fauna y la flora de Castala. Le apodaban ‘Dios’, seguramente por sus agradables consejos y su gran sabiduría, a pesar de no ser capaz de leer ni escribir una sola palabra. Su aspecto campechano se transformaba cuando alguien osaba maltratar a un ser vivo o fumar. En ese último caso, ‘Dios’ solía sacar una máscara y ponérsela en la cara para no respirar esa polución. Si se paran a pensarlo, quizá el bueno de José Marín Fernández (así se llamaba), pudo ser uno de esos dioses de la Antigüedad. No se inmutaba si algún zorro, jabalí o serpiente se atrevía a acercarse a él. Una simple mirada o un toque de su bastón bastaban para amansar a las fieras, las cuales parecían idolatrarle también. Y servirle. Fíjense si era conocido, que despertó el interés del periodista Tico Medina, quien hasta se desplazó a la cueva del ‘Dios’ para entrevistarle en los años sesenta. Su descripción me hace imaginar a un auténtico hombre prehistórico, aunque con albarcas y cayado. «Viene hacia nosotros vestido de pana, con profundo olor a jaramago en su vieja camisa remendada, y lleva puesto un pasamontañas. Pertenece a la más clásica fauna ibérica que sólo se encuentra en estas geografías nuestras en las que tanto abundan los genios y los locos»[1].

Lleva meses viviendo en la Sierra de Gádor, con la única compañía que le otorgan sus pensamientos y reflexiones, su comunión interior, viviendo en paz como un animal más, con permiso de su perro Bolero, fiel y protector amigo. Su mujer, a la que apodan ‘la Virgencita’ (sobran las explicaciones), sube de vez en cuando para llevarle un plato de comida caliente a pesar de que a él le sobra y le basta con su pequeño huerto donde cultiva patatas y fruta, siempre a estilo rústico. También tiene colmenas. Se refugia en la “Cueva del cerezo”, donde dicen que estuvo uno de los apóstoles evangélicos, San Tesifón, que hoy rivaliza con nuestro protagonista por ser la divinidad más importante que ha pisado esas tierras de mineros y parraleros. «Jamás enciendo lumbre. Nunca… Mis comidas son siempre frías… Y aun en las noches más heladas, sin manta que tengo siquiera, sin colchoneta, sobre el mismo suelo pelado, no enciendo la llama… Es un símbolo del infierno que no gusta a Dios», confesó al periodista granadino, a quien le reveló que le gustaría morir en esas sierras, donde había encontrado una paz que todos necesitamos. Y así fue.

A pesar de las inmejorables crónicas de Tico Medina, yo quería conocer de primera mano el testimonio de alguien que recordase haber visitado al ‘Dios’ cuando estaba en la cueva. Y lo logré gracias a otro sabio, José Miguel Callejón, persona que me contó infinidad de anécdotas de este hombre cuya leyenda se engrandecía a medida que recopilaba informaciones. «Claro que lo conozco, mi abuelo lo bautizó, ―afirma para abrir conversación―. Un día fui con mi abuelo hasta el lugar donde vivía ‘Dios’ y recuerdo que me cogió en brazos para subirme y que pudiera alcanzar las cerezas que cultivaba. Me quedé impresionado porque estaba entre colmenas, sin protección, y con los brazos cubiertos de abejas. Cuando le pregunté si no le picaban, me dijo “a Dios no le pican las abejas”».

Situaciones rocambolescas se daban si alguien osaba encender un cigarrillo cerca de él. Bautizaba como apóstoles a los que trabajaban en las minas, quienes le invitaban a comer a cambio de leña, aunque si alguno de ellos fumaba, como ocurrió con un tal Daniel, ‘Dios’ le reprendía con su garrote o con amenazas. «A Daniel le dijo que si encendía más cigarros, iba a dejar de ser San Pedro».

Las gentes de Castala no olvidarán su peculiar pose y presencia cuando eran las fiestas y sacaban la procesión. «’Dios’ se asomaba desde uno de los peñones más altos para seguir los festejos desde la distancia, huyendo del humo y de los cohetes». ¿Saben por qué tenía tal animadversión al tabaco? Al parecer, de joven cuando era pastor y se dedicaba a la trashumancia por la zona del Poniente almeriense, se echó una novia en uno de los puestos. Esta, al enterarse de que José Marín tenía otra novia en Berja, le echó algo en un cigarro. Desde entonces empezó a comportarse de forma extraña.

Comentado fue el incidente que protagonizó con Jesús “el Catorce”[2], cuando el conocido bandolero decidió esconderse de la Guardia Civil en la cueva de ‘Dios’. La Benemérita estuvo preguntando por los alrededores, pero él no reveló a José Marín su verdadera identidad. Jesús, desconocedor de los problemas que podía causarle encender un cigarro en “Cueva del cerezo”, a punto estuvo de recibir un garrotazo en la cabeza, ataque al que contestó con un disparo en el brazo. «¡Venías a pegarme! ¿Acaso eres el diablo en vez de Dios?», le contestó el forajido.

Aunque la que es su anécdota más recordada tiene que ver con la máscara de gas que solía ponerse. El caso es que su hijo, José Marín Gándara, fue llamado a filas para hacer la mili, pero para evitar hacerla decidió alegar que su padre padecía algún tipo de enfermedad mental que le impedía trabajar, teniendo él la responsabilidad de traer el pan cada día a su familia. Imagínense la cantidad de intentos que tuvieron que hacer para convencer a ‘Dios’ de que fuera a Almería a que un tribunal médico certificase lo que su hijo había expuesto. Sólo pudo convencerlo Julio Acosta Gallardo, importante vecino, que lo llevó en su coche a la capital… ¡pero sin que ‘Dios’ quisiera quitarse la máscara antigás que usaba para protegerse de los humos! La estampa que protagonizaría en las calles almerienses caminando con el rostro escondido tras esa “careta” debió de ser impagable para los cientos de curiosos que le salían al paso. Genio y figura don José Marín Fernández, cuya singular vivienda aún hoy se puede visitar, siendo frecuente el paso de senderistas por allí.

[1] MEDINA, Tico: Almería al sol. Caja de Ahorros de Almería, 1963.

[2] Durante la entrevista que le hice a Jesús ‘el Catorce’ en la residencia de Dalías en la que vive, este aseguró no acordarse del “incidente” que tuvo con el ‘Dios’ de Castala. Existe también otra versión de la historia, y es que “Dios” iba a enseñarle una placa que le habían dado, pero “el catorce” pensó que se iba a sacar un arma, disparándole por temor. Al parecer la bala rebotaría en dicha placa y por eso el daño no fue tan grave.

[1] “Almería al sol” (1963), de Tico Medina.

Read more

Misterios de Almería

La iluminada de Cuevas del Almanzora

En el pueblo la tachaban de loca o de histérica, pero muchos la seguían. Decenas de personas acudían a ella en busca de remedios a sus problemas, intentando agarrarse a una cura divina para sus males, aunque las autoridades del momento la persiguieran. Pero ocurrió algo que se mantuvo en la retina de muchos durante bastantes décadas, mitificando a esta mujer que vivía en una de esas cuevas que da nombre a la población. Un hecho que abrió las ediciones de los periódicos más importantes de Almería: “Una iluminada en Cuevas” (La Crónica Meridional, trece de febrero de 1910). “Una iluminada” (El popular, doce de febrero de 1910”). ¿Qué fue lo que ocurrió? Les copio textualmente la noticia: “Ha sido detenida por las autoridades una iluminada que ha trastornado al vecindario con el pretexto de que se le aparece la Virgen, acudiendo al sitio de la aparición más de 3000 personas, en su mayoría mujeres. El alcalde propuso fuese reconocida por los médicos, logrando calmar con esa resolución la excitación del vecindario”.

Embaucadora o agraciada, lo que está claro es que sus vecinos la apoyaban, como demuestran las continuas manifestaciones de las gentes del lugar en la puerta del Ayuntamiento. “¡A lo que hemos llegado en el siglo XX!”, decía uno de los periodistas de La Crónica Meridional. Si yo le contara lo que ocurre en el XXI…

Read more

Misterios de Almería

Los primeros casos de fantasmas en Almería

Creo que no me equivoco si les digo que la primera vez que se habló abiertamente de un “fantasma” en Almería fue en 1895, concretamente en el mes de septiembre. Fue muy sorprendente para mí encontrar esa palabra como titular en una página del diario La Crónica Meridional. Y la escribían en cursiva, conscientes de su importancia, sabedores de que quizá estaban traspasando los límites de lo periodístico. «Hemos oído decir que desde hace días pasea por la noche las calles laterales a la de las Cruces un fantasma que trae atemorizados a algunos de aquellos vecinos». Valientes escribanos que se despojaban de sus tapujos para hablar abiertamente de algo que hoy, en pleno siglo XXI, parece que todavía sigue costando publicar. Además, acompañaban la noticia con una de las típicas coplillas de la época[1]:

 

Tan quiméricos temores

                                    en la calle de las Cruces,

                                    extrañar hacen, lectores,

                                    en… el siglo de las luces.

 

Esto me hizo recordar a otra leía al Padre Tapia en su libro Almería, piedra a piedra, en concreto para referirse a supuestas apariciones en el barrio de Los Molinos:

 

No pases por la Mezquita,

                                    ni atravieses por el Diezmo,

                                    mira que de noche salen

                                    las brujas y los engendros.

 

El 29 de noviembre de 1912 de nuevo ese fascinante titular en la prensa de Almería. En esta ocasión fue El Popular quien hablaba de «El fantasma». El Campo de Regocijos era el lugar donde varias personas habían detallado encuentros con un ser completamente cubierto por una túnica blanca. Un señor aseguraba habérselo encontrado el día 12 en una esquina de la calle de las Cruces (¿tendría algo que ver con el caso anteriormente relatado?), siendo perseguido por el espectro hasta que consiguió despistarlo en un soportal. Otro hombre afirmaba que el fantasma llevaba un revólver encima, lo que nos hace situarlo más en el mundo de los vivos que en el de los muertos ya que, de lo contrario, sería el primer caso conocido a nivel mundial en el que un espíritu porta un arma de fuego. Lo más curioso de todo es que el redactor de El Popular, a raíz del último testimonio, ponía nombre al fantasma: Manuel. Amigo de otro joven del mismo nombre y González de apellido. Este último rondaba a una chica que se había instalado en la calle de la Encantada, frente a la huerta de las pencas, mudándose desde Lorca con su familia unos meses antes. El otro Manuel, celoso del amor furtivo de su amigo con la joven, se escondía en una esquina, echándose sobre su cabeza una capa forrada de blanco y ayudándose con un bastón para proveerla de la altura suficiente para que pareciese, desde lejos, un alma en pena. Así espantaría a Manuel González y tendría vía libre para conquistar el corazón de la lorquina.

Sinceramente, desconozco el desenlace de esta historia, pero sirve de ejemplo para proponer lo que he intentado mostrar en mis investigaciones: No es oro todo lo que reluce, y la mayoría de estos fenómenos seguramente tengan una explicación racional. Quizá no hoy, quizá tengan que pasar varios siglos, pero no pierdan el horizonte con estos temas. De este en concreto extraigan lo más importante. Que ya en el siglo XIX la prensa almeriense se aventuraba a tratar algunos temas que hoy siguen escandalizando a más de uno. Es para hacérnoslo mirar.

 

[1] “La Crónica Meridional” (14/09/1885)

Read more

Misterios de Almería

Los esqueletos gigantes de Tonosa – Enigmas de Almería

En esta ocasión, además de exponer una historia, voy a recurrir a vosotros para ver si podemos conseguir algún dato más. Es una historia oscura y, cuanto menos, surrealista. Ocurrió en una pequeña pedanía de la provincia de Almería y no hay más datos que estos que voy a reproducir tal cual a continuación (reportaje en La Verdad de Murcia). Si tenéis algún dato más, me interesaría conocerlo: alberto@albertocerezuela.com

El texto es de Antonio Botías:

Gigantes que superaban los dos metros de altura, con descomunales dientes de hasta cuatro centímetros y enormes cabezas alargadas. Así era la quincena de esqueletos descubiertos, por casualidad y mientras se araba un campo, en Tonosa, una aldea situada a pocos kilómetros de Puerto Lumbreras. Hace medio siglo justo, la noticia del hallazgo de los restos de formidables seres humanos atrajo la atención sobre este olvidado caserío. Pero, de forma inexplicable, apenas unos días después, cuando los medios acudieron al lugar, los restos fueron enterrados a toda prisa. El enigma de los gigantes de Tonosa se mantiene intacto cincuenta años más tarde.

La primera noticia fue publicada en el diario ‘La Verdad’ en su edición del día 22 de septiembre de 1966. La información estaba datada en Puerto Lumbreras y era, según destacaba el periódico, un «servicio especial de nuestro corresponsal». Se trataba de Juan Romea Sánchez. El titular, que ocupaba más de media página, advertía de la aparición de «esqueletos humanos de más de dos metros» en la localidad almeriense de Tonosa. Al parecer, los huesos habían aparecido mientras un agricultor araba un campo.

«Al entrar un tractor en un terreno blando y arcilloso que jamás había sido arado -señalaba el rotativo-, se descubrieron losas de 25 centímetros cuadrados, debajo de las cuales fueron encontrados hasta quince esqueletos que han quedado a casi ras de tierra».

El corresponsal de Puerto Lumbreras añadía que el tamaño de aquellos huesos encontrados era bastante más largo y de mayor diámetro que los del hombre contemporáneo. Además, «los cráneos son mucho mayores y alargados. Con toda seguridad, su estatura sería superior a los dos metros».

El estado de conservación de los restos debía ser aceptable, al menos si tenemos en cuenta que conservaban aún los dientes, como destacaba el diario. Y, desde luego, sus dimensiones llamaron la atención del improvisado informador. «Algunas piezas dentales miden casi cuatro centímetros». Tras el descubrimiento, algunos recordaron que hacía algún tiempo otros labradores desenterraron un esqueleto de características similares.

Lo que no explicó ‘La Verdad’ es que los dueños del terreno habían dado parte a la Guardia Civil de Vélez Rubio, desde donde se trasladó un juez para inspeccionar el macabro hallazgo. La antigüedad de los esqueletos era evidente, por lo que la comitiva se retiró sin dar más explicaciones. Y, sobre todo, no ordenaron hacer nada con aquellos huesos.

Envían a dos periodistas

La noticia causó una gran expectación en Murcia, como lo prueba el envío inmediato de un redactor, Manuel Carles, y el gran fotógrafo Tomás, para cubrir a pie de campo la información. Carles describió Tonosa como un núcleo de población formado por «quince casas mal contadas. Muy rurales y con una ermita muy rústica, a la que va los domingos, desde uno de los Vélez [Vélez Rubio o Vélez Blanco], un cura a decir misa». La aldea era tan «insignificante» que apenas nadie salió a recibirlos y «solo unas gallinas cloqueadoras rompen silencios».

El redactor descubrió que las osamentas habían aparecido en unos terrenos propiedad de Los Ambrosios, vecinos de otro pueblo próximo. El lugar era «grande y plano, de tierra blanda y color ceniza, que está muy suelta porque hace muy poco que fue arada».

A su alrededor se alzaban unos almendros, aquel día un tanto húmedos por la lluvia. Pero lo curioso es que por todo el campo se repartían «hasta catorce montoncitos de piedras planas, colocadas de canto, unas apoyadas contra otras».

El redactor y su fotógrafo, a quienes acompañaba el corresponsal de Puerto Lumbreras, aguardaron la llegada del tal Ambrosio, «que andaba comiendo». Pero, entretanto, pidieron una azada a un lugareño y cavaron entre aquellas piedras.

Pronto encontraron lo que buscaban: «algunos huesos humanos: un trozo de fémur, otro de bóveda craneana, otro de sacro». El corresponsal Romea halló unas muelas, que guardó en su bolsillo y de las que se conservan fotografías. En una de ellas, descomunal, cabía una habichuela entera.

De la misma visita se conserva el testimonio de una lugareña, María Martínez López, quien aportó interesantes detalles sobre el paradero de los huesos. «Los volvieron a enterrar. Están a más de setenta centímetros de profundidad. Lo que ahonda el tractor». La misma María aclaró que era la primera vez que se araban aquellos campos con tractor. Hasta entonces solo se empleaban mulas, cuyos arados no penetraban tanto en el terreno. ¿Por qué los habían vuelto a enterrar? María también explicó ese extremo: «No sabían que hacer con ellos».

Más restos en una cueva

La joven relató que los esqueletos descubiertos eran muy grandes y que «encima de la cabeza tenían una de esas piedras y dos más, una a cada lado de la calavera». Similar opinión aportó el tal Ambrosio, quien añadió que apenas dos años antes, «en una cueva próxima se hallaron otros [restos] muy parecidos. Con las piedras planas en la cabeza». También recordaba el reportaje que en el paraje conocido Cueva de Ambrosio se habían hallado más esqueletos. Ese espacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998 por su espléndido arte rupestre. No muy lejos de allí existe la llamada Sierra del Gigante.

Sin embargo, medio siglo más tarde aún perdura el misterio de aquellos esqueletos que sorprendieron, aunque fuera por unas horas, a los parroquianos. ¿Qué fue de ellos? ¿Realmente existieron o fue un [improbable] montaje? ¿Se conserva el atestado de la Guardia Civil? Tantos interrogantes que, al menos hasta ahora, continúan siendo un enigma para los lectores murcianos.

 

Read more

Misterios de Almería

La tía Cachocha y otros curanderos de Mojácar

Tal y como vamos a comprobar a continuación, Mojácar es un lugar muy propenso a este tipo de prácticas. Los más ancianos del lugar aún recuerdan a Andrés “el de la ictericia”, un hombre con poderes para curar dicha enfermedad, que vivía a caballo entre Garrucha y Mojácar. Esta enfermedad que consiste en trastornos hepáticos que aumentan la bilis en la sangre provocando conjuntivitis y amarillento en la piel, era curada por Andrés simplemente con mirar fijamente al paciente mientras emitía desagradables sonidos y vomitaba saliva, extrayendo así la mortal enfermedad de sus “clientes”.

La tía “Cachocha” era especialista en curar el mal de amores. Todo el mundo acudía a ella cuando veían que sus enamorados se distanciaban. Ella no usaba secretos conjuros ni invocaba a espíritus, tan solo proporcionaba a los locos de amor unos polvos mágicos a los que denominaba “pichirichis”. Fíjense si este remedio era efectivo que hoy en día, más de cincuenta años después de su muerte, hay personas que acuden a Mojácar en busca de alguien que aún conserve una pizca de esos “pichirichis”. «Vendo polvos para querer, para aborrecer, para entontecer…» le confesó al genial periodista andaluz Tico Medina. «Y he recibido visitas tan importantes que ni se lo creería».

El 18 de julio de 1926, “Diario de Almería” abría la edición con un llamativo titular en portada: Lo que debe evitarse. El cuerpo de la noticia no tenía desperdicio. En esta pedanía que se encuentra a 5 km de Mojácar, muy cerca del famoso hotel “El Algarrobico”, un “curandero” estaba en boca de gran parte de la provincia debido a sus supuestas curaciones milagrosas. Dicha noticia habla de interminables caravanas de caballerías, de distintos pueblos, que cada día llegan a la humilde casa de este personaje en busca de un prodigio. Todo tipo de enfermos, ciegos de nacimiento, tuberculosos y mutilados desfilan por el lugar, ante la narración atónita de los periodistas de la época. Dicen que no cobra nada, pero algunos testigos apuntan a que una de sus hijas está permanentemente en la puerta de la achatada casa de adobes negros para recoger aquellos donativos que libremente dan los enfermos. Incluso un hombre ha abierto un negocio de transportes para llevar a la gente desde Mojácar hasta Agua En medio, tres veces al día.

El iluminado o santón, como así lo bautizó la prensa, usaba una verborrea más que convincente para lograr ese efecto placebo en los que acudían a él. «No he recuperado la vista, pero me siento mucho mejor», dijo un ciego tras el encuentro con este personaje, de larga barba blanca y alucinantes ojos, a quien muchos también temían en la zona, y que determinados días era capaz de congregar en sus inmediaciones a más de cuatro mil enfermos. ¡Incluso hacía visitas a domicilio cuando algún hombre pudiente de la capital requería de sus servicios!, como así atestigua otra información del mencionado periódico el 24 de junio de ese mismo año.

Realmente se llamaba Frasquito y los vecinos le apodaban “el Santón de la Sierra”. Algunos decían que era la reencarnación de un profeta del Antiguo Testamento, rumor que alimentaba su peculiar aspecto físico (tremendamente alto y espigado). Siempre cubría su cabeza con un pañuelo negro, y tenía un hablar cavernoso. Era normal que aquellas gentes, sugestionables y con arraigadas creencias, cayeran sugestionadas ante la presencia del “tío Frasquito”. Al igual que la tía “Cachocha”, tampoco usaba pócimas mágicas ni remedios caseros. Su método era la palabra, y siempre se despedía con una solemne frase: Sé bueno, busca en todo la paz de Dios, cree en él, ama a tus semejantes y haz siempre obras buenas. El historiador Carlos Almendros aporta la solución al enigma: Ambiente misterioso del lugar, gentes sencillas, primitivas e imaginativas, y psicología hábilmente manejada por una persona de cualidades extraordinarias[1].

[1] “Mojácar, rincón de embrujo”, Carlos Almendros.

Read more

Misterios de Almería

Leyendas de la Alcazaba de Almería

Ayer vi en internet que desde La Alcazaba de Almería habían programado una ruta por lo “oculto” del recinto. Es una pena que no me haya enterado antes, pues habría ido sin pensarlo dos veces. Seguro que los visitantes disfrutaron recorriendo esos recintos que no están abiertos al público, y alguna que otra galería subterránea. Esta iniciativa me ha hecho recordar algunas de las historias de misterio y leyenda que envuelven a esta fortaleza mágica. Os las dejo:

Nada más leer la palabra “Alcazaba”, alguno ha pensado en la manida y requeterrepetida historia de la princesa mora. Lamento decirles que no se la voy a contar puesto que la conocen sobradamente. Les he traído a la Alcazaba, o más bien a sus alrededores, para hablar de tesoros. Pero antes no debo dejar de mencionar de nuevo a Joaquín Santisteban, historiador injustamente ninguneado que bien merece algún homenaje más allá de la reciente placa que se la otorgado, hombre que hizo mucho por recopilar las historias de Almería y que murió en soledad inmerso en la más profunda pobreza, en su casa situada a los pies de la fortaleza. Contaba Santisteban que si entrábamos en la Alcazaba la Noche de San Juan, a las doce en punto se abrirá ante nosotros un túnel que nos conducirá hasta un palacio encantado dentro de uno de los montes cercanos. Allí veremos infinidad de tesoros pero aquel que ose coger algo, como un moro que en 1485 se llevó un pergamino, los duendecillos que habitan allí lo condenarán a vagar eternamente, cual espectro errante, hasta que no devuelva lo que no es suyo. Se entiende que esta leyenda es una versión modificada de la anterior. Son muchas las coincidencias, así que quédense con la que más les guste.

Recurro a otro de los grandes, Florentino Castro Guisasola, para hablar del barrio de La Chanca, siempre envuelto en cierta fama de atesorar grandes riquezas. Así lo certificaba en 1884 la Revista de Almería. De hecho, los árabes llamaban Cuades-al-Kassubah («lugar donde el rey guardaba tesoros y riquezas»[1]) a su rambla, así que los historiadores almerienses no debían ir muy desencaminados. Ya en esos barrancos cuentan que el rey moro de turno vigilaba las labores que allí hacían los prisioneros cristianos, cuando el caballo que montaba se volvió muy rebelde. Uno de los cautivos corrió en ayuda del rey, consiguiendo salvarlo de un golpe seguramente mortal. Como regalo, este obsequió al cristiano con un anillo de oro y le dio ciertos galones. Pero no pudo evitar que se enamorara de su hija, a quien veía cada día asomada a la torre mientras se peinaba frente a su espejo de mano. Su padre, enfurecido, retiene al enamorado e intenta cortarle las manos de un hachazo. Pero el anillo que meses antes le había regalado impide la casquería, salvándose milagrosamente.

Como ven, las historias fantásticas que rodean a la Alcazaba siempre tienen como protagonista alguna disputa entre cristianos y moros. Quizá el inicio de todas ellas tenga que ver también con otra leyenda, la de su aparición. El padre Tapia contaba que la Alcazaba se hizo realidad porque el califa Abderramán III soñó durante una siesta que había una niña perdida en el bosque a la que unos duendecillos intentaban ayudar para que encontrase su camino. Cuando llegó a un monte, fue ahuyentada a pedradas por parte de su madrastra, que temía que la pequeña encontrase un tesoro escondido. Abderramán III tomó este sueño como una señal de que algo malo iba a pasar y que tenía que defender Almería rodeándola de murallas y construyendo una fortaleza. Si se fijan, ya en esta narración se habla de tesoros ocultos.

Cerca de la Alcazaba tenía un caserón la familia alemana de Scheidnagel, venidos a nuestra ciudad en busca de una vida mejor a mediados del siglo XIX. Ellos necesitaban dotar a su vivienda de un pozo negro, por lo que comenzaron las obras. Un día, estas tuvieron que pararse ya que dieron con una galería bastante tenebrosa que ni los propios albañiles se atrevían a inspeccionar. Pero el cabeza de familia decidió un buen día entrar a ver lo que allí había, encontrando, según la leyenda, bastantes pepitas de oro. De la noche a la mañana se hicieron ricos, hecho que los vecinos atribuían, no sin cierta dosis de fantasía, a los tesoros que había bajo la casa. Las confabulaciones aumentaron cuando llegó a la ciudad la obra “El conde de Montecristo”, de Alejandro Dumas, que causó una gran expectación entre los almerienses y en la que se contaba una historia parecida. Desde entonces, a los Scheidnagel se les conoció coloquialmente como “los Montecristos”. Por cierto, el protagonista, Santiago Scheidnagel, llegó a ser segundo alcalde de Almería.

Si hay un historiador actual comparable a los que vengo mencionando en este libro, ese es sin lugar a dudas Eduardo Del Pino Vicente, cronista de La Voz de Almería y rescatador de recuerdos que inmortaliza en las contraportadas de ese diario. Él corrobora la creencia de tesoros escondidos bajo las ruinas de las viejas murallas musulmanas, aportando la historia de Dolores González Pérez, vecina de las Cuevas de las Mellizas, que en 1922 tuvo una alucinación. Durante varias noches soñó con el espíritu de un rey moro que se le aparecía para indicarle el camino hacia un tesoro que él mismo había ocultado. El alma de este hombre no podría descansar hasta que alguien encontrase el tesoro. Y un día se le presentó a los pies de la cama. Este fue el detonante para que Dolores convenciese a su marido y a un vecino que era albañil, José Vicente Padilla, para que juntos desenterrasen el botín. El lugar señalado por el espíritu era la huerta de don Guillermo Bobel. Las dos primeras noches de búsqueda fueron infructuosas, pero a la tercera encontraron una galería a cinco metros de profundidad. Allí encontraron algunos utensilios antiguos que alimentaron sus esperanzas y su obsesión, por lo que día tras día dedicaban horas a escarbar… hasta que una noche una enorme piedra se desprendió del techo de la galería aplastando al albañil hasta darle muerte e hiriendo a Dolores. Ella desistió en su cometido, pero se estuvo acordando durante el resto de su vida de lo cerca que había estado de ser rica.

 

[1] “Historia de la Alcazaba”, Joaquín Santisteban.

Read more

Misterios de Almería

La reina mora de Pechina – Leyendas de Almería

Existía en Pechina una finca llamada Alcora, en una elevación cercana a la estación de ferrocarril de Sierra Alhamilla. El padre del cronista almeriense Joaquín Santisteban compró el terreno dispuesto a edificar un cortijo. Cuando estaban con los cimientos, encontraron un ataúd de metal que contenía restos humanos envueltos en unas telas tejidas con hilo de plata. También había diversas joyas entre las que destacaba un pequeño anillo de oro. Es lógico pensar que aquellos huesos pertenecían a alguna mora rica, pero los vecinos comenzaron a fantasear con ánforas llenas de oro y alhajas, y con el espectro de una reina mora que había aparecido incorrupta. Nada más lejos de la realidad, pero así funcionan las leyendas. La familia Santisteban decidió volver a enterrar el féretro y seguir con las obras, olvidando completamente el asunto. Solo ellos, porque la historia ya se había propagado. Años después, los más viejos del lugar hablaban de los gritos que se escuchaban en plena noche por la zona de la cañada de Palenzuela, y de una sombra que aparecía de entre los escombros del Cortijo del Maestro. Algunos decían que iba vestida como la Virgen, pero todos coinciden en que hacía un lento recorrido que terminaba en la ermita de San Ildefonso, a la puerta del cementerio cristiano. El punto álgido de la leyenda tiene lugar la noche del 25 de diciembre de 1879, cuando muchos vecinos que celebraban la Navidad en la calle, pudieron ver gracias al reflejo de la luna, la silueta de esa reina mora coronada con flores de azahar mientras resplandecía su traje de plata. Un hombre corrió con su perro y una escopeta para intentar detener a la aparición, pero no fue capaz. El miedo se apoderó de él y de su fiel amigo, testigos de cómo se desmaterializó a las puertas del cementerio. Joaquín Santisteban apunta que esa misteriosa mujer volvió a presentarse en, al menos, otras dos ocasiones: en 1885 y en 1893, originándose una coplilla que ha perdurado hasta hoy:

 

Dichosa Alcora

que tienes encantada

a la reina mora.

Read more

Misterios de Almería

Ovnis sobre Aguadulce – Misterios de Almería

Aguadulce es una zona abundante en cuanto a registro de avistamientos ovni. Sus playas y acantilados son un punto de encuentro perfecto para la observar extraños objetos voladores o amenazantes luces que surcan el cielo. Prueba de ello es que varios grupos ufológicos almerienses solían establecerse en diversos puntos de la carretera de El Cañarete, camuflados en la noche, con sus modernos prismáticos y telescopios de largo alcance aguardando impacientes la visita de estos misteriosos viajeros con la esperanza de poder captarlos por medio de sus equipos fotográficos y audiovisuales que estratégicamente colocaban en diversos puntos, noche tras noche, esperando ser testigos de lo insólito. Las cercanías del Hostal “La Parra” eran muy frecuentadas por este motivo. Lamentablemente, hoy en día se han perdido la mayoría de estos grupos que salían al campo a llevar a cabo dichas sanas y enriquecedoras experiencias. Uno de esos grupos, la anteriormente citada Asociación Cultural AVANCE, haría una de las decenas de llamadas que La Voz de Almería registró en su redacción durante la noche del veintitrés de marzo de 1977 para avisar de la presencia de un punto luminoso en el firmamento almeriense. En concreto se situaba sobre Roquetas de Mar y Aguadulce, y producía una serie de destellos de diversas tonalidades.

Hacía tiempo que Almería no registraba un avistamiento similar. La frecuencia con la que este fenómeno se manifestaba había disminuido desde la gran oleada de 1974. A partir de esa fecha los casos más importantes habían sido el de un pequeño avistamiento en la capital el dieciocho de julio de 1975 y el singular avistamiento que tuvo por testigos a los vecinos del pueblo de Tahal durante el veintiuno de diciembre de 1976[i] y que fue recogido, incluso, por la revista “Stendek”.

Por aquellas fechas, un ilustre almeriense vivió algo inesperado. Paco Barrilado, el actor más internacional que hemos tenido (ha trabajado de especialista en decenas de películas, siendo una estrella en la época del spaghetti-western), con miles de tiros recibidos en sus distintos papeles, y uno de los boxeadores históricos de la provincia, tuvo un viaje en el tiempo una de esas noches en las que los ovnis se mostraron en el cielo almeriense. Según me relató este empresario de gimnasios, se montó en el coche con su mujer en Roquetas de Mar, y en menos de 3 minutos estaba a las afueras de Almería capital. Ninguno de los dos recordaba nada de ese viaje. Pero al día siguiente lo inexplicable se hizo más evidente. La Voz de Almería titulaba en portada: “Varios ovnis fueron vistos a la altura de Roquetas de Mar”. Sobran las palabras.

[i] “Stendek”, nº 32, página 4.

Read more

Misterios de Almería

El dragón de Adra (Abdera) – Leyendas de Almería

Esta historia está recogida en el libro “Las leyendas de Abdera”, de Francisco Fernández, y dice así:

Unos exploradores estaban excavando en la Sima de las Palomas (una cueva de Adra), cuando se encontraron con la gigantesca cabeza de un batracio de ojos rojos, que reposaba bajo tierra. Describe la leyenda que el animal tenía una gran cresta que iba desde su lomo hasta su cola, y que los dientes que contenían su boca eran tremendos. Los exploradores se asustaron tanto que tropezaron y despertaron a la bestia, que emitió un sonido más parecido al del mismísimo infierno, levantándose y corriendo tras los sorprendidos exploradores, que tuvieron que “salir por patas” del lugar.

Miguel Hernández, que así se llamaba uno de estos jóvenes, contó su vivencia en el pueblo, despertando la curiosidad del juez, que decidió inspeccionar el lugar acompañado de su ayudante, de un cabo de la guardia civil, y del propio Marqués de la Vega, todos ellos armados hasta los dientes. Lo que encontraron los horrorizó. Eran restos de huesos humanos, con cráneos desencajados y triturados. También había una escopeta antigua y diversos utensilios de cacería. En ese momento, un escalofrío recorrió la piel de los allí presentes. El dragón estaba situado tras ellos y los miraba con sus enrojecidos ojos. Ante su descomunal bramido, el juez disparó su escopeta e hirió al ser en un ojo, haciendo que el animal se retirase lentamente al interior de su guarida. Los valientes hombres de Adra aprovecharon el desconcierto para salir de la cueva, no sin antes escuchar los terribles lamentos de lo que parecían ser varias bestias. Desde ese día, nadie se ha atrevido a acercarse al lugar.

Read more